CRÍTICA
Alejandro
G. Calvo
Violencia doméstica
Calif.: *****
Por más que me estrujo el cerebro
no consigo recordar ningún film cuya trama
principal sean los malos tratos que padece una
mujer de manos de su marido. Siempre el tema,
evidentemente espinoso y de una tremenda
sensibilidad, lo recuerdo llevado al cine en
tramas colaterales o secundarias, en ocasiones
muy bien aprovechados como en Los
golpes de la vida o Toro
salvaje, y en otras de manera bastante
zafia como en Dolores Clairbourne (Eclipse
total) o Durmiendo
con su enemigo. Si acoto esta referencia
al cine español, a la memoria me viene el brutal
corto de Icíar Bollaín, Amores
que matan, de obligada
visión para todo aquel que no haya tenido la
oportunidad de verlo (algo que no me
sorprendería, pues la distribución comercial de
cortometrajes en nuestro país es nula); y las
referencias argumentales en films como Carne
trémula, Solas o
Flores de otro mundo. Entendiendo
esto es de alabar el paso dado por el novel Javier
Balaguer, cineasta que, no en vano, ha
trabajado con gente tan dispar como Terry
Gilliam (Las aventuras del Baron
Munchausen) y Manuel
Gómez-Pereira (Entre
las piernas), al centrarse en
su primera película en un tema tan complicado
como el de los malos tratos en el seno del
matrimonio. Sólo mía, de alguna manera,
se asemeja también al film más galardonado del
cine español el año pasado, El bola (con el
que comparte al actor Alberto
Jiménez), éste centrado en los malos
tratos que recibía el hijo por parte del padre.
El film de
Balaguer, sin embargo y a diferencia de El
bola, acaba padeciendo lo que en principio ya
se intuía de la idea, y es que, centrar un film
únicamente en la destrucción de una pareja, a
priori tan normal y corriente como
cualquiera, hace que éste corra el peligro de
agotar el principio activo de la historia (dicha
corrupción de la estabilidad matrimonial en base
a los abusos del marido) demasiado pronto
como acaba sucediendo. Y es que, una vez
se ha consumido la trama inicial, justo en el
momento en que ella decide plantar cara a su
marido, el enfoque realista de la historia, muy
bien logrado hasta entonces, se desvanece en un
final bastante improbable (happy
ending incluido), e incluso risible, que por
lo menos el realizador tiene la astucia de
retratarlo de manera diferente, con tonos más
oscuros y con una fotografía granulada,
simbolizando el cambio rítmico y coherente de la
cinta. Balaguer resulta muy acertado en su
tratamiento visual de la historia, usando planos
secuencia (a veces desviados, a veces enfocados)
en las escenas de violencia o humillación
explícita, pero no tanto en el flujo dramático
de la cinta, narrado en forma de flash-back, con
incómodas elipsis que enlazan escenas con un
escueto "
pero al final consiguió
que le perdonara". De esta manera,
Balaguer acaba consiguiendo rodar buenos
momentos, tanto en las escenas violentas, en las
que desvía la cámara por los pasillos y las
habitaciones, simbolizando la quebrantabilidad y
dureza de la situación filmada, como en las
escenas de acoso -y en ocasiones derribo- de
Joaquín (Sergi López) sobre
Ángela (Paz Vega). Observar si no la -para
mí- mejor secuencia del film, aquélla en la que
él va a buscarla enloquecido a casa de su
hermano, mientras ella suplica a su cuñada en la
cocina de este último que por favor no le deje
entrar.
Sin duda
alguna, si hay algo que brilla con luz propia del
film, son las perfectas interpretaciones
de sus intérpretes. Tanto López
(léase la escena en que un compañero de trabajo
le ofrece irse "de putas") como Vega
(léase cuando le llora al abogado) resultan
espléndidos, y si en esto López ya es habitual:
Una relación privada, Harry, un amigo que os
quiere, El cielo
abierto
(la lista
empieza a volverse inacabable); a mí me ha
gustado especialmente la frialdad y buen encaje
que tiene Vega con su personaje, bastante
superior a su "Lucía" en el último Medem. El film
gana muchísimo con estos intérpretes, que
acaban consiguiendo transmitir a la perfección
al espectador lo horrible, depravado e ilógico
de estas situaciones, que nunca se deberían de
producir y, tomen como dato, que en lo que
llevamos del año se han producido ya más de
14,000 (y hablo sólo de las denunciadas).
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