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Estrenos 2 - 8 Nov 2001

Clara y Elena
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Sólo mía
Vidas privadas

 

SÓLO MÍA


cartel Dirección: Javier Balaguer.
País:
España.
Año: 2001.
Interpretación: Sergi López (Joaquín), Paz Vega (Ángela), Elvira Mínguez (Andrea), Alberto Jiménez (Alejandro), María José Alfonso (madre de Ángela), Beatriz Bergamín (cuñada de Ángela), Asunción Balaguer (tía de Ángela).
Guión: Álvaro García Mohedano y Javier Balaguer.
Producción: Juan Alexander.
Fotografía: Juan Molina.
Montaje: Guillermo Represa.
Dirección de producción: Juan Carlos Caro.
Dirección artística: Cristina Mampaso.

 

CRÍTICA

Alejandro G. Calvo

Violencia doméstica

Calif.: *****

Por más que me estrujo el cerebro no consigo recordar ningún film cuya trama principal sean los malos tratos que padece una mujer de manos de su marido. Siempre el tema, evidentemente espinoso y de una tremenda sensibilidad, lo recuerdo llevado al cine en tramas colaterales o secundarias, en ocasiones muy bien aprovechados como en Los golpes de la vida o Toro salvaje, y en otras de manera bastante zafia como en Dolores Clairbourne (Eclipse total) o Durmiendo con su enemigo. Si acoto esta referencia al cine español, a la memoria me viene el brutal corto de Icíar Bollaín, Amores que matan, de obligada visión para todo aquel que no haya tenido la oportunidad de verlo (algo que no me sorprendería, pues la distribución comercial de cortometrajes en nuestro país es nula); y las referencias argumentales en films como Carne trémula, Solas o Flores de otro mundo. Entendiendo esto es de alabar el paso dado por el novel Javier Balaguer, cineasta que, no en vano, ha trabajado con gente tan dispar como Terry Gilliam (Las aventuras del Baron Munchausen) y Manuel Gómez-Pereira (Entre las piernas), al centrarse en su primera película en un tema tan complicado como el de los malos tratos en el seno del matrimonio. Sólo mía, de alguna manera, se asemeja también al film más galardonado del cine español el año pasado, El bola (con el que comparte al actor Alberto Jiménez), éste centrado en los malos tratos que recibía el hijo por parte del padre.

El film de Balaguer, sin embargo y a diferencia de El bola, acaba padeciendo lo que en principio ya se intuía de la idea, y es que, centrar un film únicamente en la destrucción de una pareja, a priori tan normal y corriente como cualquiera, hace que éste corra el peligro de agotar el principio activo de la historia (dicha corrupción de la estabilidad matrimonial en base a los abusos del marido) demasiado pronto… como acaba sucediendo. Y es que, una vez se ha consumido la trama inicial, justo en el momento en que ella decide plantar cara a su marido, el enfoque realista de la historia, muy bien logrado hasta entonces, se desvanece en un final bastante improbable (happy ending incluido), e incluso risible, que por lo menos el realizador tiene la astucia de retratarlo de manera diferente, con tonos más oscuros y con una fotografía granulada, simbolizando el cambio rítmico y coherente de la cinta. Balaguer resulta muy acertado en su tratamiento visual de la historia, usando planos secuencia (a veces desviados, a veces enfocados) en las escenas de violencia o humillación explícita, pero no tanto en el flujo dramático de la cinta, narrado en forma de flash-back, con incómodas elipsis que enlazan escenas con un escueto "… pero al final consiguió que le perdonara". De esta manera, Balaguer acaba consiguiendo rodar buenos momentos, tanto en las escenas violentas, en las que desvía la cámara por los pasillos y las habitaciones, simbolizando la quebrantabilidad y dureza de la situación filmada, como en las escenas de acoso -y en ocasiones derribo- de Joaquín (Sergi López) sobre Ángela (Paz Vega). Observar si no la -para mí- mejor secuencia del film, aquélla en la que él va a buscarla enloquecido a casa de su hermano, mientras ella suplica a su cuñada en la cocina de este último que por favor no le deje entrar.

Sin duda alguna, si hay algo que brilla con luz propia del film, son las perfectas interpretaciones de sus intérpretes. Tanto López (léase la escena en que un compañero de trabajo le ofrece irse "de putas") como Vega (léase cuando le llora al abogado) resultan espléndidos, y si en esto López ya es habitual: Una relación privada, Harry, un amigo que os quiere, El cielo abierto (la lista empieza a volverse inacabable); a mí me ha gustado especialmente la frialdad y buen encaje que tiene Vega con su personaje, bastante superior a su "Lucía" en el último Medem. El film gana muchísimo con estos intérpretes, que acaban consiguiendo transmitir a la perfección al espectador lo horrible, depravado e ilógico de estas situaciones, que nunca se deberían de producir y, tomen como dato, que en lo que llevamos del año se han producido ya más de 14,000 (y hablo sólo de las denunciadas).


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