CRÍTICA
Leandro
Marques
Argentina
Las
rubias no tienen nada de tontas
Así como
una vieja teoría de la información asegura que
la noticia más impactante es aquélla
relacionada con el acontecimiento que menos
probabilidades tiene de producirse, también las
decepciones y tristezas que suelen padecer los
seres humanos son más grandes mientras mayores
sean las expectativas que ellos se habían
generado previamente. De antemano, es factible
presumir que "Legalmente Rubia" (título
en Argentina de "Legally blonde")*, la
película que marca el debut cinematográfico del
director Robert Luketic, no
estará nominada al mayor premio en ningún
festival. Por esa razón no sorprende, a la hora
del balance, encontrarse con que no es mucho lo
que hay para rescatar.
Sin
embargo, a pesar de la redundancia de los
clichés, de la previsibilidad del guión, de
varios pasajes de monotonía, la ley de las
expectativas la termina salvando. Porque la
sensación (al menos la de este cronista) es que
todavía podía esperarse menos de lo que en
definitiva la cinta protagonizada por la
simpática Reese Witherspoon (The Man
on the Moon) termina regalando.
No un momento inolvidable, tampoco un encuentro
con un registro innovador para la historia del
cine, pero sí una hora y media sin
demasiadas pretensiones y con algunos pasajes
entretenidos.
De la misma
manera que la película debe acarrear con
sospechas y desconfianza (al menos por parte,
repito, de este humilde comentarista), Elle Woods
(Witherspoon) tiene que hacerse cargo de cómo
es, dónde está y las consecuencias de eso:
rubia, con curvas, fashion; estudiando leyes en
el elitista e intelectual ambiente de Harvard,
una de las facultades más prestigiosas del
mundo. El motivo que hace que su destino sea ése
y no el glamoroso mundo de la moda, que tanto la
apasiona, y que mejor le cabe de acuerdo a su
destellante apariencia, no podía ser otro que el
amor. Warner, su encantador hombre, dispuesto a
seguir la tradición de su aristocrática
familia, se traslada hacia la Costa Este de los
Estados Unidos para continuar sus estudios y
poder cumplir su sueño de convertirse en senador
antes de los 30 años. Claro, la rubia no forma
parte de semejante proyecto, ella no es lo
necesariamente inteligente para él.
Dispuesta a
todo para volver a interesarle a su ex novio,
Elle se desplaza en su convertible último
modelo, llevando consigo a toda su colección de
ropa y su coqueto perrito chihuahua, y decidida a
demostrar que ella también, además de linda,
puede ser una brillante abogada. Lo que sigue, su
marginación por parte de los prejuiciosos
intelectuales, su torpeza inicial, y su
aceptación final, no es difícil de prever. No
obstante, en el camino hacia ese final lógico y
repetido, pueden rescatarse algunos momentos
divertidos, y el constante tono satírico que usa
Luketic para pintar la frivolidad y el absurdo.
Ante
un género tan trillado y estereotipado como
éste -al fin y al cabo no es más que otra
típica comedia norteamericana para
adolescentes-, es difícil exigir mucho más. Y
en verdad, el resultado final no es peor que el
que podía imaginarse. Por eso, para
poder encontrar algún disfrute a la hora y media
que dura el filme, el consejo es rebajar a cero
las exigencias y las expectativas previas. La
otra opción es ver otra película.
*Nota
del editor.
Imágenes
de Una rubia muy legal - Copyright © 2001 Metro
Goldwyn Mayer y Marc Platt Productions. Fotos por
Tracy Bennett. Todos los derechos reservados.
<<
Página
principal de Una rubia muy legal
|