CRÍTICA
Manuel
Martínez March
Presentada
en la sesión inaugural de la Mostra de Valencia,
la primera película del músico Fito Páez narra la
completa historia de una superviviente de las
torturas de la dictadura militar argentina que
reside en España. Carmen (bien Cecilia
Roth, como casi siempre) vuelve a
Argentina por la enfermedad de su padre. El
pasado se le viene encima cuando ve de nuevo a un
compañero de celda en una de aquellas infames
prisiones, y la película quiere narrar eso
precisamente: la revisión del pasado y de los
traumas personales de índole sexual de la
protagonista.
Hasta aquí
parece una película interesante. Pero el caso es
que para valorar una película hay que verla. Y,
después de ver Vidas privadas, este
atractivo punto de partida se cae al suelo como
un castillo de naipes. Si el guión no es del
todo malo y los actores son buenos, no hace falta
ser un genio para saber qué es lo que falla: la
dirección. En su primer intento de hacer cine
Páez falla una y otra vez al no saber adecuarse
a un lenguaje como el cinematográfico. Desde
el primer momento el espectador se da cuenta de
que algo falla en lo que ve. La puesta en escena
es regular, cuando no mala. Sin embargo, el ritmo
de la película es malo de principio a fin.
Tomando
como punto de partida una argumento dramático,
casi trágico, y con indudables tintes
freudianos, una buena dirección debería llenar
la cinta de silencios y no de una estridente
música de piano consistente en la repetición de
una sola tecla que de vez en cuando tapa el
diálogo. Y los personajes no se callan, pero
porque la realización no les deja con una
sucesión implacable de plano/contraplano que no
facilita el asimilar una historia como la
contada. Historia que, de este modo, pierde
verosimilitud, autenticidad, y se convierte en
algo sin pies ni cabeza rodado de mala manera.
Un consejo,
que es una opinión: quien vea anunciada Vidas
privadas en los carteles del cine, mejor que
entre a ver otra cosa.
Imágenes
de Vidas privadas - Copyright © 2001 Circo Beat.
Fotos por Alicia Schemper. Todos los derechos
reservados.
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