CRÍTICA
por Mateo
Sancho Cardiel
Tras
hacerse cierto hueco en la industria
hollywoodiense con "Grandes
Esperanzas", postmoderna versión del
clásico de Dickens, con resultados muy
discutibles, Alfonso Cuarón ha
regresado a su patria, Méjico, para realizar una
road movie que explora con acierto los caminos de
la amistad, el amor y, en general, la vida que
uno elige. Como él mismo ha afirmado,
es "su película menos mala", y no una
obra maestra como algunos se han empeñado en
decir. No hay duda de que tiene calidad, pero no
es más que un entretenimiento menor muy
conseguido, que se ve con simpatía y que tiene
ciertas argucias en el guión. Pero,
desde luego, le falta mucha categoría para
llegar a ser una película memorable, tan sólo
favorecida por el bajísimo nivel competitivo en
la Biennale.
De nuevo
necesitando un cuarto de hora para acostumbrarse
al acento mejicano, "Y tu mamá
también" nos muestra un viaje alocado, de
escapatoria, en el que se embarcan dos chicos
bien y una mujer que acaba de abandonar a su
marido. La idea de los jóvenes es, como siempre,
"coger" hasta la extenuación, un culto
al sexo que pronto Luisa, su compañera de viaje,
aplacará como la voz de la experiencia. Y éste
es el papel por el que Maribel
Verdú ha recibido tantas
alabanzas, hasta el punto de considerarla
candidata a la Copa Volpi en el pasado Festival
de Venecia. Pues siento contradecir a la
mayoría, pero sigo pensando que es una actriz
empalagosa, afectada, que entona como para
recitar poemas, pero no imprime naturalidad en
sus diálogos. Con mucho componente arrabalero y
una dicción chulesca y petulante, carece de
versatilidad. Por muchos géneros que aborde,
siempre es el mismo trabajo, y, lo que es peor,
nunca deja de ser Maribel Verdú para fundirse
con el personaje. En "Y tu mamá
también" confirma que además tiene
tendencias exhibicionistas, y esta vez, además,
pederastas. Y es que, durante el viaje, no
perderá el tiempo en cepillarse a los dos
adolescentes que le llevan a la playa. Me quedo,
sin ninguna duda, con Gael
García Bernal y Diego
Luna, que realmente olvidan sus
nombres para ser esos dos amigos que, uña y
carne, acabarán dejando que su amistad se
deteriore por miedo a enfrentarse a su propia
naturaleza. Su frescura ante la cámara es tal
que llega a parecer improvisación, y la mención
especial a sus trabajos en Venecia sí que fue
otorgada con toda justicia. Porque ambos
consiguen llegar al público como esos dos
inseparables "charolastras", vividores
y bromistas, fantasmas y sensibles, que realmente
hacen de "Y tu mamá también" una
película entrañable, bonita y muy divertida.
El guión,
también premiado en Venecia, tiene mucha
vitalidad y nunca cae en el mal gusto, pese a que
centra sus disertaciones en las experiencias
sexuales. Son escenas muy reales las que se nos
exponen en esta película, y nos convierten en un
viajero más en esta odisea en busca de la
libertad. Un trayecto que nos llevará, sin
embargo, hacia cierta amargura, a una entrada en
el mundo adulto en el que atrás quedaron los
juegos, los chistes y la irresponsabilidad. Un
cambio radical que derrumba toda la alegría que
hemos disfrutado durante la película. Una
despreocupación que nos hace pensar en lo
valioso del presente, en lo importante de
aprovechar el momento porque, por suerte o por
desgracia, todo cambia en esta vida.
Imágenes
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