CRÍTICA
por
José Arce
Kevin Costner lleva ya
bastante tiempo vagando en un limbo profesional del que no
parece que vaya a salir, al menos a corto plazo. De trabajar con
un puñado de grandes directores y protagonizar no pocas
producciones estimables ha pasado a ser una estrella oscilante,
que de vez en cuando despunta con alguna participación estimable
pero que no acaba de convencer a nadie. "Open
range"
(2003) fue su última gran aportación al séptimo arte, mientras
que la olvidable "The guardian"
(2006) supuso un postrero paso más en su dudosa trayectoria de
los últimos años. Ahora regresa enfrascado también en las
labores de producción de este mediocre thriller bipolar,
acompañado de
Demi Moore, decadente
astro que vive del recuerdo de tiempos mejores.
Earl Brooks (Costner) tiene
todo lo que un hombre de mediana edad puede desear. Ha triunfado
en el mundo de los negocios, tiene una hermosa mujer que le
quiere (Marg Helgenberger),
y una hija un tanto díscola (Danielle Panabaker)
que le adora. Pero también tiene una adicción: matar. Sus
impulsos sicóticos vienen dictados por su lado oscuro, a quien
percibe como un ente físico y real, hasta el punto de que tiene
su propio nombre, Marshall (William Hurt),
y de cuya mano sacia sus necesidades homicidas, que le alivian
sobremanera. No asesina por placer —de hecho es frío y mecánico
en sus ejecuciones, y goza más contemplando las fotografías de
sus crímenes que del propio hecho en sí—, sino porque está
enfermo, lo necesita. Lleva dos años limpio, acudiendo a
reuniones de adictos anónimos para desahogarse. Pero Marshall le
convence de que satisfaga su hambre una última vez… “Mr. Brooks”
tiene un arranque ejemplar, una presentación del personaje
central que le viene a las mil maravillas a un Costner ya
entrado en la madurez, a quien su atractivo natural le ayuda a
meterse en la piel del triunfador que da título al film.
Acompañarle durante el primer asesinato es escalofriante por la
naturalidad con la que el actor se hace con su rol, anticipando
una trama emocionante y tensa, pero, por desgracia, la narración
empieza a tambalearse cuando Thorton Meeks (Matt
Schulze) entra en
escena. Y lo hace a los diez minutos de proyección.
La película da la impresión
de querer contarnos un montón de cosas en un metraje de dos
horas. Los acontecimientos se suceden sin parar, y el trabajo
realizado para presentarnos al protagonista se diluye ante el
aluvión de secundarios que surgen por doquier, cada uno de ellos
con una historia propia aún más esquizofrénica que la del
torturado eje de la trama. Así, Demi Moore (la obstinada Tracy
Atwood) tiene su propio asesino en serie que la atormenta sin
cesar, a lo que hay que unir su duro pasado, su divorcio
presente y sus roces con el resto de compañeros del cuerpo de
policía; la hija de Brooks está en plena crisis adolescente,
abandona los estudios y quiere la empresa, por no hablar de que
es posible que esté heredando la “enfermedad” de su padre —¿a
quién se le ocurrió esa idea?—; Marg Helgenberger es una esposa
querida pero ninguneada, paseando sin demasiada determinación
por un torbellino argumental que parece quedarle grande; y Meeks
está tan loco o más que el objetivo de su chantaje, un cobarde
vicioso que convierte la herramienta de la probabilidad en
propia víctima casual de lo que acontece… En definitiva,
demasiadas circunstancias, situaciones y relaciones para
asimilarlas en un visionado corriente, transformando en pulpa la
veracidad de lo que sucede ante nosotros.
Lo mejor de todo es la
relación entre Brooks y su reverso tenebroso, un divertido y
solvente William Hurt que ayuda a Costner a sacar lo mejor de sí
mismo, crecido ante un actor de talla gigantesca. Además, el
protagonista no tiene ningún problema a la hora de integrar la
faceta oscura en su actuación, logrando, con natural facilidad,
pasar de una presencia a otra ante una platea capaz de creerse
lo que el intérprete le ofrece. Pero ante lo
apabullante del guión, preñado de narraciones paralelas que se
acaban superponiendo entre sí, el conjunto se viene abajo en
buena medida, máxime
en la parte final en la que tratan de vendernos todo como una
treta guiñolesca, que convierte al psicópata en una figura
omnipresente que cierra la función con un homenaje
—involuntario, a buen seguro— a los mágicos momentos que en la
distancia comparten Hannibal Lecter y Clarice Starling. Otra vez
será, Kevin.
Calificación:
    
Imágenes
de "Mr. Brooks" - Copyright © 2007 Element Films,
Relativity Media, Eden Rock Media y Tig Productions.
Distribuida en España por Manga Films. Todos los derechos
reservados.
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