CRÍTICA
por
Manuel Márquez
Cuando,
días atrás, mi compañero José Arce
daba cuenta, en el blog de noticias de esta casa,
del próximo estreno del nuevo proyecto protagonizado por
Kevin Costner,
"Mr.Brooks", me congratulaba enormemente ante la perspectiva de
encontrarme ante un proyecto cuyo atractivo básico radicaba en
ver a la antaño megaestrella hollywoodiense abordando un papel
oscuro, ambiguo, complejo; algo alejado de su habitual perfil
amable, serio, responsable, honesto, de perfecto americano
wimp. En suma, un caramelito actoral.
Mi
gozo en un pozo. Y no es que Costner no cumpla, que lo hace:
sin alharacas, pero con suficiencia; sin hacer un trabajo
particularmente brillante, pero sabiendo aprovechar los
mejores rasgos de su perfil para encaminarlos hacia una
composición de personaje bastante creíble, desde la
perspectiva de que, si nos hallamos ante un psicópata cuya
peligrosidad fundamental estriba en su apariencia de absoluta
normalidad (la de un buen padre de familia, triunfante social
y económicamente —reconocido por sus convecinos como un
ciudadano ejemplar y dueño de una más que respetable
fortuna—), Costner aporta a la misma toda su solvencia en tal
registro. Pero esas bondades actorales se desarrollan en el
marco de un proyecto tan pretencioso como fallido, desde el
punto y hora en que "Mr. Brooks" no deja de ser la enésima
entrega de esa inacabable serie de psicothrillers con
la que Hollywood parece enteramente decidida a agotar un filón
bastante provechoso a base de repetir hasta el hastío las
claves más convencionales y previsibles del subgénero.
A una
intriga de estas características, como a cualquier película,
tanto de este corte como de otro —sea el que sea—, se le pueden
perdonar determinadas cosas: en primer lugar, que no resulte
excesivamente original (y, en ese aspecto, el trabajo del
director Bruce A. Evans
y su coguionista Raynold Gideon,
ciertamente, peca), desde el momento en que ya resulta difícil,
tras tanto y tanto producto de línea temática similar, armar
tramas con elementos novedosos que no incurran en lo incoherente
o lo demasiado estrambótico; en segundo lugar, que los
personajes que rodean al protagónico resulten algo desvaídos o
no le den una réplica de suficiente nivel, bien sea como
consecuencia de una interpretación poco convincente o de un
diseño de personaje algo defectuoso (y aquí, en el caso de la
policía Atwood a la que da vida la simpar Demi
Moore —en una
permanente mueca, más bien mohín, de niña tonta enfurecida—,
parecen concurrir las dos circunstancias en feroz pugna para ver
cuál pesa más para mandar a su personaje al garete); y en tercer
lugar, que incluso resulte evidente que los responsables del
film no anduvieron muy diligentes con la tijera en la mesa de
montaje, teniendo en cuenta que el resultado final, en términos
de tiempo (en este caso, y como se dice en mi pueblo, dos horas
justas de reloj), se me antoja algo más largo de lo que hubiera
sido recomendable.
Pero lo
que no resulta ya tan admisible (si es que todo lo anterior,
para quienes no sean de un natural tan indulgente como el del
emborronador de estas líneas, no justificara ya una diatriba
algo más encendida), es que la película resulte farragosa, y,
derivado directamente de lo anterior, aburrida: su argumento
empieza, desde el mismo inicio, a acumular —y enredar, sin una
línea narrativa clara— situaciones y episodios, de manera que no
transcurre mucho tiempo ni metraje cuando uno ya se revuelve
inquieto en la butaca, pensando en: A) si los creadores del
invento comenzarán a aclarar aquello —con un buen “cepillo
desenredador”, y más pronto que tarde, a ser posible—, de una
manera más o menos verosímil y convincente, dando a la historia
un sentido, una coherencia, algo que la haga comprensible; o B)
si, en su defecto, tendrán al menos la cortesía de abreviarnos
el vía crucis, y despacharlo en horita y media, poco más o
menos. Cuando, tras el pase de los títulos de crédito finales,
hemos tenido ocasión de constatar que ni A ni B han alcanzado
cumplimiento (o algo que se le parezca), ¿qué nos resta?
Resoplar aliviados y esperar no volver a caer en la próxima.
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Me temo que será difícil. A
Kevin Costner, vista su tremenda capacidad para caer y
levantarse de nuevo —hasta un punto en el que uno empieza a
dudar si no le habrá cogido un cierto regusto masoquista al
ejercicio y ya lo practica por puro placer—, volveremos a verlo,
y no me parece mala perspectiva (insisto: es lo mejor, y con
diferencia, de este malhadado largometraje). Y a los films de
este género, modalidad "psicópata incontrolado perseguido por
policía más o menos voluntarioso" (y más o menos carcomido por
problemas personales casi peores que los del psicópata de
turno…), visto su, por lo general, positivo desempeño en
taquilla, también parece restarles vida bastante larga. Eso sí,
no estaría de más, para casos como el que nos ocupa, entregar,
junto a la entrada, una hojilla informativa que nos encareciera
a no esforzarnos lo más mínimo en la comprensión del argumento
de la película: la digestión de las palomitas se haría muchísimo
más llevadera…
Calificación:
    
Imágenes
de "Mr. Brooks" - Copyright © 2007 Element Films,
Relativity Media, Eden Rock Media y Tig Productions.
Distribuida en España por Manga Films. Todos los derechos
reservados.
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