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TÚ LA LETRA, YO LA MÚSICA
(Music and lyrics)


Dirección y guión: Marc Lawrence.
País:
USA.
Año: 2007.
Duración: 105 min.
Género: Comedia romántica, musical.
Interpretación: Hugh Grant (Alex Fletcher), Drew Barrymore (Sophie Fisher), Brad Garrett (Chris Riley), Kristen Johnston (Rhonda), Campbell Scott (Sloan Cates), Haley Bennett (Cora Corman).
Producción: Martin Shafer y Liz Glotzer.
Música: Adam Schlesinger.
Fotografía:
Xavier Perez Grobet.
Montaje: Susan E. Morse.
Diseño de producción: Jane Musky.
Vestuario: Susan Lyall.
Estreno en USA: 14 Febrero 2007.
Estreno en España: 20 Abril 2007.

CRÍTICA por Julio Rodríguez Chico

El eterno galán

  La nueva película de Marc Lawrence ("Amor con preaviso") no defraudará a nadie porque tiene todo lo que se espera de ella, y nada más. No hay engaño alguno entre sus fotogramas ni tampoco previamente habrá generado grandes expectativas. El potencial espectador sabe que encontrará romanticismo de cabo a rabo, abundantes toques de comedia ligera y unas cuantas canciones melódicas y pegadizas, y así sucede. Su director vuelve a contar con el británico Hugh Grant para sacar adelante esta nueva historia de (sabor) amor americano, tan alejada de la vida real como próxima a los sueños adolescentes. Y es que Grant se ha perpetuado en papeles de eterno romántico, con un tono ligero y amable, y algún apunte frívolo y desenfadado. Su media naranja es Drew Barrymore, de la mítica familia hollywodiense, que sustituye a Sandra Bullock en el reparto para poner su arte interpretativo al servicio de los rígidos códigos del género. Por lo tanto, nada nuevo bajo el sol: todo resulta previsible, para bien y para mal, porque a lo que se va cuando se saca la entrada de una cinta como ésta es a olvidarse de todo y pasar un buen rato. Y eso, más o menos, lo consigue.

 

  En esta ocasión, vemos cómo una estrella de música que triunfó a finales de los ochenta, Alex Fletcher, ha caído en desgracia tras disolverse su grupo Pop!. Su declinar artístico ha ido parejo a la pérdida de atractivo entre las mujeres, y ahora sólo se rodea de antiguas fans que ya han entrado en los cuarenta. Un día, su representante le consigue la oportunidad de componer una canción para la joven estrella del momento Cora Corman, que poco después comenzará una gira. La necesidad y Cupido hacen que ese mismo día conozca a Sophie, que casualmente ha ido a su apartamento a regar las plantas en sustitución de una amiga, y que, también por casualidad, descubra en ella a una letrista en ciernes. Canción y enamoramiento se irán construyendo al unísono, no sin los habituales traspiés, dudas, suspicacias y equívocos que, por supuesto, se resolverán en aras de una vida feliz.

  La historia y su desarrollo no son nada originales, y habrá quien se pregunte si esa película no la ha visto ya –algo que sucedió entre el público en la primera sesión de su estreno a la que acudió quien escribe–, pero eso no importa demasiado. El género exige una presentación rápida y esbozada de los personajes, perdidos en su rutina existencial por traumas profesionales y afectivos, y con una autoestima por los suelos. El azar, la suerte o la buena mano del guionista harán que sus vidas se crucen para consuelo, ayuda y solución en sus infortunios. Su historia pasará ante la miradas de unos secundarios que no hacen sino rellenar un largometraje hasta los cien minutos, sin función narrativa necesaria, y cuyas subtramas son aún más planas y sin desarrollo que la central. El guión de Lawrence respeta punto por punto el esquema, por otra parte correctamente escrito y equilibrado –peor hubiera sido si se precipitase hacia el exceso dulzón–, que avanza a buen ritmo sobre un montaje que prima el plano-contraplano, una planificación a base de planos medios y americanos, y una puesta en escena sin pretensiones ni voluntad de estilo. Todo va encaminado a dar al film la fluidez y trasparencia narrativa que exige una historia sencilla dirigida al corazón, sin diálogos rebuscados ni enjundiosos, pero con mensajes y letras de canciones que sí caen en lo redicho y en el “tópico-adolescente”, cercanos a los eslóganes que Sophie escribe en el centro de adelgazamiento en el que trabaja.

  Estamos ante una cinta de Hugh Grant –como si fuera un Cary Grant posmoderno– más que de Marc Lawrence, pues el actor es el alma de cada plano en una interpretación idéntica a las anteriores. Quizá haya que preguntarse si será capaz de hacer papeles distintos, o si el espectador podrá verle en otros que no sea el de galán y que encierren algún peso dramático. Porque aquí, hasta el mayor de los fracasos se suaviza y pierde fuerza bajo una sonrisa facilona y una pose atractiva para adolescentes. Sus gestos, un tanto histriónicos y falsos, pueden llegar a cansar y convertirse en muecas de payaso amable, vacío e insustancial. Suerte para él que a su lado está Drew Barrymore para aportar aire fresco y auténtico –no de profundidad, que sería improcedente–. Su sonrisa también es fácil pero por espontánea, y contagia el encanto y la gracia de un personaje atribulado que tenía un don, pero que no lo descubrió hasta que el amor llamó a su puerta. Entre ellos hay entendimiento y buena “química”, sus miradas conectan y el espectador se da cuenta enseguida que de esa relación laboral-sentimental saldrá una buena canción y también una película aceptable. Al final es lo que sucede, porque música y dueto interpretativo salvan el trabajo de Lawrence.

  La música es, efectivamente, el otro protagonista de la obra, no sólo porque la historia gire en torno a esa canción que Alex debe componer, sino porque Lawrence y su compositor Adam Schlesinger la convierten en el eje emocional de la historia. El espectador que asiste a su génesis, desarrollo y ejecución final acaba haciéndola suya hasta tararear su melodioso y pegadizo tema, al final del espectáculo de Cora-Alex-Sophia. Y con el éxito de la escritora y del popero frustrados (“Tú la letra, yo la música”), la autoestima de todos se reflota o eleva hasta dibujarse una nueva sonrisa en los labios.

  En fin, a este título se le podría sacar algo de punta crítica, como si se tratase de una comedia ingeniosa y punzante, cínica y mordaz, al estilo de Ernst Lubitsch, Billy Wilder o Woody Allen. Se lanzan dardos ácidos e irónicos contra una sociedad que viste lo sensual y extravagante con ropajes pseudo-espirituales, que en su incultura e inmadurez se ve obligada a explicitar que “la azotea está arriba” –como si pudiera ser de otra manera, que se sorprende porque una relación afectiva dura ya dos meses, o contra los mecanismos de funcionamiento de una industria musical y una publicidad agresiva. La dulce e insustancial Cora encarna estas y otras diatribas, en un personaje penoso por lo superficial y por ser espejo de tantos que se miran en esos modelos y los sostienen. Sin embargo, Marc Lawrence no es ni Lubitsch, ni Wilder, ni Allen, y siempre podemos quedarnos con la primera lectura, amable y sin pretensiones, y pasar un rato entretenido, si lo que uno quiere es simplemente descansar y olvidarse de todo, hasta de la película una vez terminada.

Calificación:


Imágenes de "Tú la letra, yo la música" - Copyright © 2007 Castle Rock Entertainment, Village Roadshow Pictures y Reserve Room Productions. Distribuida en España por Warner Bros. Pictures International España. Todos los derechos reservados.

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