CRÍTICA
por
Leandro Marques
Empalagosa liviandad
Sea para su favor o
perjuicio, la comedia romántica tal vez sea el género que más se
permita la condescendencia y el guiño de complicidad del
público. Como también sucede en otras expresiones de los medios
de comunicación, los trabajos que dedican su atención a los
temas del corazón cuentan siempre con un plus de ventaja a su
beneficio. Traducido específicamente al universo
cinematográfico, esto significa que cualquier matiz poco
verosímil del guión, cualquier salto incoherente con la
continuidad de la historia, cualquier salida diametralmente
opuesta a la estructura de un personaje, o todos estos factores
en su conjunto, son plausibles de ser perdonados por el
espectador. En particular en películas de este género se
desarrolla un vínculo inusual: de la historia con el espectador
y del espectador con el orden de su propio deseo. En esta
complicidad, el espectador siente una especie de íntima
satisfacción porque, a través de su voluntad contemplativa, deja
por sentado su aporte a la unión de esos seres que generalmente
se aman pero tanto demoran en encontrarse.
Otro
punto que juega para el lado de películas de este género,
tiene que ver con una certeza: nadie apuesta a que una comedia
romántica le haga conmover sus pensamientos, o modificar su
manera de entender el mundo. Este género tiene como propósito
activar las emociones más que las reflexiones. Por eso, como
también sucede en el amor, quien mira una comedia romántica no
quiere ver, no le interesa, sólo quiere dejarse llevar, poder
soñar, poder apasionarse, o, a lo sumo, poder ser testigo de
cómo eso le sucede a otros. Quien asiste a una proyección de
una comedia romántica, entonces, probablemente no pretenda
mucho más que entretenerse, ilusionarse un poquito, y de paso
endulzarse con el refrescante sabor de un amor que se concreta
después de algunas cuantas vueltas. Con estos antecedentes y
con el aporte significativo de estelares presencias, como las
de Hugh Grant
y
Drew Barrymore
en roles protagónicos, a priori podría pensarse “Tú la letra,
yo la música” como una garantía de entretenimiento agradable,
sensible y efectivo.
Grant
personifica a Alex, un “ex famoso pero feliz” integrante de una
banda pop que tuvo su momento de gloria en los 80, cuando miles
de chicas adolescentes desfallecían por sus canciones y el
look de sus intérpretes. Ahora atraviesa una etapa demasiado
tranquila y desapasionada. Continúa cantando, pero en pequeños y
bastante patéticos clubes, y para un treintena de seguidoras ex
adolescentes, y no puede evitar que su vida profesional detenga
su franca decadencia. Tampoco es que haga mucho por cambiar esa
situación cuando en su carrera aparece una nueva gran
oportunidad y, paralelamente, en su vida surge la figura de una
mujer. El guión escrito por
Marc Lawrence,
quien es también el director del film, decide que la excusa
adecuada para justificar la intromisión de esta mujer en la vida
de Alex es vestirla de la persona encargada provisoriamente de
regar las plantas de su apartamento.
Ella es torpe, atolondrada,
hipocondríaca. No porque se la muestre demasiado siendo así,
sino porque ella misma lo dice. En general ésta es una
característica negativa de la película: no comunica a través de
sus imágenes sino de sus palabras, que se convierten así en
herramientas explicativas que en vez de expandir el poder de la
imagen, terminan acotándolo. El film se agota en sus diálogos, y
encima éstos lucen forzados, muchas veces hasta fuera de lugar;
se perciben como un recurso al que se acude por necesidad. Esto
se transmite hacia fuera de la pantalla, porque brota la
sensación de que el realizador no termina de sentirse del todo
cómodo con cómo lleva el relato. Que nunca le pudo encontrar el
tono justo.
Así, entonces, hablando
exagerada y desubicadamente, la chica en pocos minutos logra que
Alex advierta su presencia. Días después, por otra casualidad
que luce bastante más forzada que el promedio de las
casualidades, ella se convertirá directamente en la única
salvadora posible de la carrera del ex famoso. La trama avanza.
Su andar no es espeso ni soporífero. Pero es intrascendente.
Podría no avanzar, quedar detenida como en “pausa”, y casi no
habría diferencia. La historia prácticamente no recorre
emociones diferentes, no transita el dolor ni la alegría, ni
siquiera puede decirse que su elección pasa por mantenerse en el
territorio del equilibrio. Su liviandad termina
empalagando por indiferente. Los gags no funcionan con
frecuencia, la estructura narrativa no propone nada innovador ni
imprevisible, los personajes son llanos y adivinables.
Apenas la belleza de Barrymore, algunos gestos característicos
de Grant, algún comentario atinado de
Brad Garrett,
quien encarna al representante del músico. La cinta evoluciona,
sí, pero se diluye en cada pasaje sin producir sensaciones
perdurables. Es más, cada secuencia deja percibir la tenue
certeza de que rápidamente pasará al olvido.
Al menos, el final activa
algunas emociones. Vuelve a poner en juego las ideas esenciales
de una comedia romántica. Intenta transmitir al espectador la
ilusión de que el amor es posible y que la vida misma puede ser
razón de celebración. Habrá que especular con la buena voluntad
de quien mire para poder pensar que va a ser capaz de poner en
funcionamiento el perdonar implícito del género, y, a la vez, de
dejarse llevar, aunque más no sea por ese ratito final. Como ya
se ha dicho, toda película de este tipo cuenta con un margen a
su favor que otros filmes no tienen. Tal vez “Tú la letra, yo la
música” haya abusado de esa ventaja. Por tratarse de un género
que tiene como punto aprovechar el hecho de que no se espera
demasiado de él –a nivel técnico, a nivel coherencia narrativa–,
la propuesta de Lawrence termina a su vez pidiendo demasiado. A
cambio, propone unos minutos de ilusión. Ese tiempo
sólo podrá ser suficiente para fanáticos del género, los
que acepten esforzarse en esta ocasión más de la cuenta para ver
lo que deseaban ver.
En todo caso, de ser así, la conexión con sus deseos de ilusión
y amor será, más que nada, mérito de ellos.
Calificación:
    
Imágenes
de "Tú la letra, yo la música" - Copyright © 2007 Castle Rock
Entertainment, Village Roadshow Pictures y Reserve Room
Productions. Distribuida en España por Warner Bros. Pictures
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