CRÍTICA
por
Manuel Márquez
Necesario, pero no suficiente. El hálito estético de una
película de largo aliento, en el que los componentes épicos y
líricos han de desplegarse de manera efusiva, es un elemento que
no puede faltar para dotar a la misma de la consistencia
necesaria; pero si no va acompañado de la dosis conveniente de
alma, de ese soplo que ha de insuflar a las imágenes para que
éstas nos hagan sufrir, gozar –en suma, sentir–, algo termina
fallando, o, en el mejor de los casos, no cuajando al nivel
deseado y buscado por sus creadores. Y eso le sucede a "River
queen", un intento estimable por hacer un retrato de tintes
grandiosos, a la par que intenso y fidedigno, del conflicto
colonial entre los aborígenes maoríes y los ocupantes británicos
en la Nueva Zelanda decimonónica, al que no me atrevería a
calificar como fallido, pero que, en último extremo, no llega a
alcanzar las cumbres a las que, probablemente, estaba destinado
desde su concepción, por esa carencia, precisamente, de
intensidad emocional.
No
es un film, no obstante, exento de méritos, que injusto sería no
reseñar en un comentario crítico, y a los que, por tanto,
dedicaremos unas merecidas líneas.
Un
buen aprovechamiento de los escenarios naturales en los que se
desarrolla todo su metraje (los planos interiores son algo
meramente anecdótico), gracias al cual, sin incurrir en delirios
esteticistas, Vincent
Ward
nos ofrece un amplio repertorio de imágenes bellísimas
de un paisaje selvático espectacular, con especial protagonismo
para ese río, omnipresente espacial y temporalmente,
que articula y vertebra todo el desarrollo de la acción y que,
en su aspecto estrictamente físico, podría recordarnos en
algunos momentos al legendario cauce fluvial que cobraba igual
protagonismo en esa magna obra que es "Apocalypse
now", si
bien aquí no es tan palpable esa dimensión inquietante y
perturbadora que aquel río nos transmitía.
Un
reparto equilibrado, y bien ajustado en sus alternancias, de las
dos grandes líneas de trama –la más estrictamente bélica,
centrada en el conflicto de base al que se aludía en el primer
párrafo, y la que podríamos calificar de dramática, que
recogería todo el entramado de relaciones personales (filiales,
amorosas y/o amistosas)–, que se van dosificando y desplegando
sin que, en ningún momento, haya una de ellas cuya predominancia
haga decantarse la película hacia una adscripción genérica
rotunda: indudable acierto, pues da lugar a un producto más rico
y de mirada más amplia.
Y,
para cerrar este capítulo de bondades, una interpretación
maravillosa de su gran protagonista, la británica
Samantha Morton,
que vuelve a ofrecer todo un derroche de sensibilidad –sin
ñoñería– y riqueza de matices –sin incurrir nunca en
histrionismos innecesarios– que hace de su encarnación de esa
doctora Sarah O’Brien desgarrada entre su fidelidad a corrientes
y vectores de imposible confluencia, todo un lujo para el
degustador de delicatessen actorales. El resto del elenco
ofrece un nivel correcto, pero está claro que, al lado del
trabajo de la Morton, sus prestaciones quedan tremendamente
difuminadas.
Aun
con todo lo apuntado, he de insistir en que "River queen" se
queda lejos de esa excelencia a la que podía haber
aspirado, porque peca, en demasiados momentos, de un exceso de
indecisión en sus soluciones argumentales
–son numerosas las ocasiones en que los guionistas parecen no
haber tenido claro hacia dónde querían dirigir los derroteros de
la historia, generando con ello dudas que nada tienen que ver
con una vocación mistérica, sino lisa y llanamente con
dificultades para concretar el sentido y dirección que se le
quiere dar a la trama–. Y, sobre todo, y muy especialmente,
porque peca, en todo momento, de una especie de “sordina
emocional” que interpone entre las imágenes y el espectador una
barrera difícilmente tangible o definible, pero cuya resultante
es la que ya se apuntaba en las líneas introductorias de esta
reseña: un largometraje abocado al estremecimiento pasional no
termina de inflamar los corazones, y esa frialdad, o, en todo
caso, insuficiencia severa de nervio dramático, lo lastra de una
manera considerable, incitando a las –en estos casos–
ineludibles elucubraciones sobre lo que pudo ser y no fue.
Entiendo que es esta última una apreciación enormemente
subjetiva –¿y cuál, en última instancia, de las que sustentan
una crítica que se “moje” en su valoración, no lo es…?–, y
difícil de articular desde la perspectiva de un discurso apegado
a lo técnico. Pero es lo que tiene el cine, como cualquier otro
lenguaje artístico: no todo es evaluable en términos de
adecuación a unos cánones determinados, por más contrastados y
aquilatados que éstos estén. Porque, posiblemente, desde esa
perspectiva, "River queen" sea una película a la que, sin por
ello resultar ni mucho menos perfecta, quepa hacerle grandes
objeciones. Pero… Pues eso, quedémonos en el pero…
Calificación:
    
Imágenes
de "River queen" - Copyright © 2005
Silverscreen Films, The Films Consortium, Endgame Entertainment,
New Zealand Film Productions, New Zealand Film Commission, The
UK Film Council, Capital Pictures y Wayward Films. Distribuida en España
por Eurocine Films. Todos los derechos
reservados.
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