CRÍTICA
por
Julio Rodríguez
Chico
Enredado en la propia telaraña
Por tercera vez,
Sam Raimi hace
volar a Peter Parker por los cielos de Nueva York, entre el amor
a Mary Jane Watson y la responsabilidad de velar por la paz de
la ciudad. Dicen que con esta entrega se cierra la trilogía de
Spider-Man, y que por eso se aclaran los cabos sueltos del
pasado y se pone a prueba definitivamente la madurez de nuestro
héroe. No sabemos si será así, pero de lo que no cabe duda es
que el director logra un meritorio equilibrio entre lo
comercial-popular y lo que se llama cine de autor o con firma
propia, y que por eso obtiene el éxito de público y crítica. A
pesar de su larga duración, la película resulta muy entretenida
y avanza a buen ritmo, y también se preocupa por crear una
atmósfera noir adentrándose en los pliegues psicológicos
de sus personajes. Nos encontramos con nuevos enemigos como el
perseguido Hombre de Arena y el humillado Venom, y con el lado
oscuro del mal que convierte a Parker en el Dr. Jekyll-Mr. Hyde
y que le obligará a superarse en su heroicidad..., y también en
su humanidad.
Quizá lo
mejor de la película lo veamos en los primeros instantes de la
proyección, en los títulos de crédito, y eso no desmerece en
nada del resto del metraje.
Como en los clásicos de
Hitchcock en que los rótulos de diseño de Saul Bass anunciaban y
sintetizaban visualmente toda la trama, aquí unos cristales con
los nombres del equipo técnico-artístico se van rompiendo en
añicos, dejando paso a otros que también evidencian su
fragilidad ante el tiempo que todo lo devora, en una metáfora
acerca de unas identidades complejas y de unas personalidades
quebradizas. El otro logro visual que sorprende e impresiona al
espectador es la figura del Hombre de Arena: ver su
transformación y aniquilación, su cuidada textura y su
verosimilitud, su amplificación y rotundidad, y también que
detrás de tanto grano “informático” se esconde el alma de un
padre atribulado con grandes sentimientos que prevalecen sobre
otros de asesino. Las trepidantes persecuciones, los peligros en
rascacielos atacados por grúas asesinas, o las peleas entre
héroes y villanos, tienen una resolución visual atractiva, pero
no resultan novedosas y el espectador ya cree lo increíble
porque la fe en los efectos especiales es casi infinita.
Por su parte, los guionistas
parecen haber decidido mostrar todos los nudos del tapiz,
reconciliar a los amigos de la infancia y a los novios de
juventud. Protagonistas y público deben saberlo todo, en sus
hechos y en sus motivaciones, hasta cerrar las historias sin
dejar lugar al equívoco o la ambigüedad. Un cine destinado al
mundo universal tiene que dejar las cosas claras, admitiendo una
sola lectura y con una profundidad muy epidérmica o de cliché.
Por eso, los mensajes de perdón, de estar dispuesto a pedir
ayuda (“hasta Spider-Man puede necesitar ayuda algún día”, dice
Mary Jane con cara angelical) y de confianza en la bondad de la
persona (“no sé cómo, pero hallarás el modo de arreglarlo”, le
dice a Parker su tía), o que el odio y la violencia engendran
nuevos males y afectan en primer lugar a quien los comete...
quedan en exceso subrayados con diálogos demasiado explícitos,
demasiado reiterativos. Y por si alguien no se hubiera enterado
–cosa imposible–, un corolario final se encarga de sentenciar la
inmoralidad de algunas actuaciones y la necesaria humildad con
la que ir por la vida... porque todos somos un poco héroes y
villanos.
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Aunque el espectador esté
dispuesto a aceptar casi cualquier desarrollo en una película
de ciencia ficción o en una traslación del cómic de
superhéroes, la historia debe estar contada con cierta
claridad y coherencia narrativa. Y eso se echa en falta aquí
en algunos momentos, cuando el espectador tiene que suponer lo
que provoca la desmolecularización del preso huido y
convertido en Hombre de Arena, o creerse a pies juntillas la
fuerza coercitiva de un chantaje a Mary Jane que por sí mismo
no resulta muy convincente. También hay pasajes en los cuales
lo sensiblero, melodramático e incluso patriótico –con
bomberos en primera línea mirando al cielo–, reforzado por una
banda sonora tan eficaz como apabullante, deriva hacia el
precipicio de la falta de contención y medida. Son cuestiones
menores para una producción muy comercial de los grandes
estudios, donde los efectos especiales y una ágil narrativa
son suficientes para entretener y entusiasmar.
En este mundo de ideas
simples y buenos sentimientos, las interpretaciones cumplen su
cometido y no importa demasiado que
Tobey Maguire
recurra a gestos e imposturas mediocres en su transformación y
paso al lado oscuro, o que
Kirsten Dunst
adopte aires de chica buena que pasa su segunda adolescencia y
deja frasecitas para la meditación. De todas, quizá la actuación
de Thomas Haden Church
sea la más
convincente al lograr transmitir, sin esquematismos alarmantes,
la doble cara que cada uno puede adoptar.
Con todo, la tercera parte
de Spider-Man funciona y no defrauda. Dejará
satisfechos a quienes disfrutaron con las anteriores, y hará
pasar un buen rato a cualquiera que vaya a verla. Por encima
de la media de los productos que llegan de Hollywood,
es una buena recomendación para un público amplio, y también
para quienes quieran buscar rastros del once de septiembre en
el cine americano y hacer algún que otro análisis sociológico
al respecto.
Calificación:
    
Imágenes
de "Spider-Man 3" - Copyright ©
2007 Columbia Pictures, Marvel Studios y Laura Ziskin Productions.
Distribuida en España por Sony Pictures Releasing de España. ™ &
© 2007 Marvel Characters, Inc. ©2007 CPII. Todos los derechos
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