CRÍTICA
por
Almudena Muñoz Pérez
Llega un momento en que a
todo justiciero se le planta ante las narices un estrado para
comparecer. De antiguo todos los héroes arrastran la
persecución circular de un némesis que encarna el miedo
a caer en el vicio de sus propios poderes. Cuantos más
villanos se cruzan en la batalla por la libertad, más
acorralado se siente el guardián por los métodos que emplea.
Sam Raimi,
posible héroe de las superproducciones Marvel, ha intentado
que su Spider-Man se enfrente a este mismo proceso en una
epopeya urbana y épica que, sin embargo, parece añorar en su
propio formato de explotación una novedad que se extingue.
No es un secreto que
Peter Parker siempre se ha visto sobrepasado por las
circunstancias. Desde la manoseada frase promocional del primer
filme hasta este enfrentamiento con su lado venenoso, todavía no
es el hombre cargado de experiencias que da pie a meditabundos,
cínicos o peligrosos superhombres enmascarados. Su actitud, más
bien temeraria, la del chico de ciencias que encuentra la
oportunidad de erigirse en rey del baile, provoca una
identificación adolescente con esta trilogía bastante inmadura
en sus conflictos. Lo cual no implica que el quehacer de Raimi
también lo sea. El humor descarado, la suave
trama amorosa y las acciones paralelas continúan vigentes en
esta tercera entrega, aunque en ella, a modo de volumen extra,
el director haya seguido una errónea regla de proporcionalidad:
a más material, más metraje.
A pesar de que esa dispersión
argumental corroa algunos pilares de “Spider-Man 3” –tal vez
perdonable desde un punto de vista gráfico, pero las reglas de
las viñetas no son iguales a las del cine, de existir algunas–,
en verdad esa partida múltiple plantea el meollo más
interesante: mientras que en las películas anteriores el
trepamuros resolvía conflictos externos opuestos a sus
sentimientos personales –recordemos las relaciones
paterno-filiales que establecía con Norman Osborn (Duende Verde)
y Otto Octavius (Doctor Octopus)–, en este caso los problemas de
su vida privada se corresponden con los públicos –el choque con
Eddie Brock (posterior Venom) a causa del puesto de fotógrafo en
el Daily Bugle y la acusación de que Flint Marko (el Hombre de
Arena) mató a su tío Ben–. Dentro de esa guerra multiforme, sólo
el respeto por su antiguo amigo Harry, reconvertido en nuevo
Duende Verde, mantiene un nexo de unión entre el héroe y sus
propósitos supuestamente magnánimos. Es esta dicotomía entre el
servicio público y el interés privado la que plantea la división
del arácnido en dos trajes, dos intenciones y dos
comportamientos disímiles.
|
 |
Pero entonces Raimi se ve
superado por las mismas dimensiones neoyorquinas que sofocan
al ídolo. Si la dualidad del héroe ofrece una fuente generosa
de contenido, el guión prefiere no perder de vista las
subtramas emocionales que hasta ahora han alimentado la saga y
el subgénero: tras dos filmes de tira y afloja sentimental, no
era necesario un nuevo aterrizaje forzoso en la relación de
Parker y Mary Jane, con la que se establece un previsible
paralelismo: los éxitos de su novio contrastan de forma
dolorosa con sus fracasos profesionales. Para añadir más miga
al enredo, se había anunciado la incorporación de Gwen Stacy,
antigua pareja de Peter y con un peso muy relevante en los
cómics –como compendio, lo atestigua “El día que ella murió”,
de Alex Ross–, una esperanza que se torna en ingenuo, insulso
y accesorio papel secundario, y muy a pesar de la prometedora
Bryce Dallas Howard.
La endeble excusa que supone para el nacimiento de una
rivalidad con el ligue de la chica, Eddie (Topher
Grace),
provoca que dicho conflicto termine marcado por la misma
precipitación e inconsistencia.
Finalmente, como sucede con
los blockbusters que buscan un calado de efecto
sobrecogedor en pantalla grande, a fin de competir con las
pequeñas, lo más llamativo y el mayor cuidado
se destina al diseño de los villanos y escenarios, cada vez más
detallistas a medida que avanza la saga.
La descomposición de El Hombre de Arena o el aspecto de la
criatura pegajosa y su efigie, Venom, devuelven el secretismo de
la producción con dosis de encuadres irrespirables, piruetas
vertiginosas y realismo digital. Pero con tan escaso margen
entre una entrega y la siguiente, las novedades tecnológicas
tardan en marcar un auténtico impacto que supla la ausencia de
coherencia narrativa. No es ese el objetivo de un megahit
cuya imagen termina vendiendo McDonald’s o alguna otra
supercadena, pero nunca he considerado que los seguidores del
cómic o el cine inspirado en él tengan que ser tratados como
borregos que pacen palomitas.
|
 |
Tras
la concatenación de peleas y suspense a lo largo de dos horas
y media, las resoluciones de Raimi se antojan un tanto
pueriles: la
explicación final de Marko, la catarsis de Harry, y la
inevitable ñoñería de cierre que no parece concluir la
historia, sino propiciar otro capítulo; una caída a cámara
lenta cuando lo más interesante había sucedido hacía rato:
Parker en su típica secuencia de montaje representando un
impostado papel de seductor pagado de sí mismo, como respuesta
a la escena homónima que en
"Spider-Man 2"
se tiñera del “Raindrops keep fallin' on my head”. El director
–y los actores, regidos por su batuta– no se atreve a ir a
más, no quiere adoptar posturas maduras ante el progresivo
abandono del infantilismo de la serie. Y cuando se pone grave,
y cree que por reunir los factores de siempre saldrá el
vástago habitual, la película se contamina de un ego que pocas
notas mágicas podrían desvanecer.
Calificación:
    
Imágenes
de "Spider-Man 3" - Copyright ©
2007 Columbia Pictures, Marvel Studios y Laura Ziskin Productions.
Distribuida en España por Sony Pictures Releasing de España. ™ &
© 2007 Marvel Characters, Inc. ©2007 CPII. Todos los derechos
reservados.
Página
principal de "Spider-Man 3"
Añade "Spider-Man 3" a tus películas favoritas
Opina
sobre "Spider-Man 3" en nuestra Lista de Cine
Suscríbete
a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda
"Spider-Man 3" a un amigo
|