CRÍTICA
por
Albert Meroño
Peñuela
No soy lector asiduo del
cómic yanqui ni de las sagas Marvel, pero Spider-Man, como héroe
de ficción, se deja querer. Y no me refiero a la ficticia
glorificación neoyorquina de las viñetas sobre el papel ni a la
lúcida interpretación de
Tobey Maguire
en la ya trilogía cinematográfica, sino a la singular concepción
del típico guardián de metrópolis que en este caso, además,
tiene una otra cara más humana, más cotidiana. Si bien, tras un
largo debate, pudiera ocurrir un empate técnico en cuanto a esta
faceta entre Spider-Man y Superman, el hombre araña se gana el
cariño de las masas con un factor extra: su enorme capacidad
plástica. Marvel uno, DC cero.
Sam
Raimi, que
vuelve a repetir como director y parece que va a seguir
haciéndolo (la cuarta entrega de esta saga está en cocción), se
ha concentrado al completo en explotar esta fuente de recursos
visuales todavía más, cosa que parecía técnicamente imposible
tras las dos primeras partes pero que se ha superado con creces.
A pesar de la mimadísima escena del nacimiento del Hombre de
Arena, que se lleva la palma en el amplio repertorio de efectos
especiales, es la figura del héroe protagonista, una vez más, la
que acapara un despliegue muy particular de encuadres y
seguimientos imposibles de cámara que, en el oscilante vaivén
del lanzamiento de telarañas, poseen una enorme capacidad de
sincronismo con el público; no se extrañen si en la sala oyen
algún “qué mareo”, porque en las escenas de acción se sentirán
más como en una montaña rusa que sentados ante una proyección.
Sin embargo, el trato con las formas no se
limita al dinamismo propio de una película de superhéroes. Raimi
sigue siendo capaz, como en las anteriores entregas, de esos
planos rebosantes de poesía arácnida
donde coloca a su personaje en la cima de una altísima catedral,
absorto en sus pensamientos, recordando repetidamente que su
títere procede de una manifestación artística que, en cuanto a
medios, sólo entiende de lo estático.
A
pesar de todo, el screenplay de los hermanos Raimi ha
decaído en el que debería haber sido el fragmento más intimista
con Peter Parker, puesto que la historia original relataba su
dilema entre hacer el bien (si es que es posible hablar de tal
cosa) siguiendo el modelo del estudiante bonachón o el del
malote prepotente. Lo cierto es que el desplome interior que
atrae al simbionte debía efectuarse indudablemente con cierta
carga dramática, que efectivamente existe pero que viene
suscitada por el vínculo con Mary Jane Watson (Kirsten
Dunst) de forma
difusa y vacilante, en un claro maltrato a la caracterización de
ambos personajes en todo el metraje precedente.
Los
eventuales chistes del “trepamuros” se unen a los componentes
del drama en sus horas bajas, que en contraste con la trepidante
acción cierran el combinado de géneros de
Stan Lee
y
Steve Ditko.
Es precisamente esta mezcla del cómic de lo que se siguen
sirviendo los hermanos Raimi para elaborar una receta que guste
al mayor número posible de personas de las que forman su vasto
abanico de demandantes, que entre niños, adolescentes y padres
(desde 1962 van ya un par de generaciones) inciden fuertemente
en el objetivo de hacer cine familiar. Ello comporta,
inevitablemente, la decepción del fan acérrimo, que puede tragar
–incluso agradecer— cambios narrativos (como la llegada del
simbionte a la Tierra) pero no transformaciones de base, como la
de Parker, que se muestra demasiado ingenuo y alejado de la
personalidad tan consistente y constructiva que le confería la
voz en off en la animación, esta vez sólo usada para la
lección de moralismo elemental, y que le acercaba al espectador.
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Aunque de
visionado largo pero satisfactorio, la espectacularidad de
“Spider-Man 3” acapara prácticamente toda la intencionalidad
de su realización,
que no era otra que aprovechar las herramientas del séptimo
arte como vehículo esencial para llegar a todo lo que las
publicaciones impresas y la serie no habían sido capaces hasta
ahora: hacer real la ficción del hombre araña. El contrapunto
es que en el cine hay cabida, también, para todo lo demás,
como incluir algún regalo interpretativo que validara eso de
“la entrega más oscura” o excluir de una vez las estrellas y
las barras. Sí, ya sabemos que Spider-Man es americano; no por
repetición se es más fiel. ¿Volveremos a verlas en “Spider-Man
4”, junto al Hombre Lagarto o quizá la Viuda Negra?
Calificación:
    
Imágenes
de "Spider-Man 3" - Copyright ©
2007 Columbia Pictures, Marvel Studios y Laura Ziskin Productions.
Distribuida en España por Sony Pictures Releasing de España. ™ &
© 2007 Marvel Characters, Inc. ©2007 CPII. Todos los derechos
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