CRÍTICA
por
Miguel A. Delgado
Antes que nada, quien firma
esta crítica confiesa encontrarse ante un problema que, desde
luego, no tiene nada de nuevo: ser un amante de la novela
original, una auténtica joya de la fantasía que, desde luego, es
de lo mejor que se ha escrito en el género en los últimos años.
Y, como todo el mundo sabe, siempre resulta un ejercicio
complicado asomarse a la versión cinematográfica de una obra
literaria; y más aún cuando la pasión se cruza por medio.
Hecha esta aclaración, ¿qué
esconde “La brújula dorada”? Pues una cinta agradable, que por
momentos parece la versión animada de una edición ilustrada de
la novela (hay escenas cuya fidelidad en la plasmación es de
antología) y, en otros, cae en las consabidas y necesarias
reducciones de la trama principal (una aventura en un final del
siglo XIX alternativo, en el que las almas de las personas no
residen en el cuerpo de las mismas, sino en unos animales, los
daimonions, que les acompañan de manera inseparable);
incluso, con la aparente contradicción de suavizar determinadas
menciones consideradas escandalosas por grupos de militantes
religiosos (llamar Magisterio a lo que en la novela original es,
sin eufemismos, Iglesia), pero, a la vez, hacer otras más
explícitas (como la definición que el personaje de
Nicole Kidman,
la señora Coulter, hace de la función de ese Magisterio); y, por
supuesto, rebajando el grado de determinadas escenas presentes
en el libro (la muerte del “niño amputado”), porque, al fin y al
cabo, se trata de una superproducción familiar de 150 millones
de dólares, y tampoco hay que pasarse.
Una vez establecido esto, hay
que decir que nos encontramos ante una producción digna, con un
diseño visual de primera, que además no cae en la dichosa
costumbre de creer que, porque se trate de una aventura
fantástica, una película tiene que irse obligatoriamente más
allá de las dos horas y media (“La brújula dorada” dura algo
menos de dos). Con una cadencia más sobria que en otras cintas
del género en las que la trama parecía desarrollarse como a
trompicones (la misma
"Las crónicas de Narnia: El león,
la bruja y el armario"),
en este caso fluye con naturalidad, aunque acaba desembocando en
un final quizá algo precipitado y que, además, no alcanza la
condición de clímax que debería esperarse en una obra de estas
características.
Quizá hubiera sido mejor
un director que fuese más allá de la mera profesionalidad de
Chris Weitz,
que cumple pero sin excesos, para sacar el material más hermoso
y poético que anida entre las páginas del libro; pero, visto lo
que vemos normalmente en las pantallas, el resultado no es malo
y contiene momentos suficientemente poderosos para sostener la
cinta, como el encuentro entre Dakota Blue
Richards (¡qué
prodigio de niña!) y el oso Iorek Byrnison (con la voz original
siempre gloriosa de Ian McKellen),
todas las escenas de los daimonions —absolutamente
conseguidas— y ese look de futurismo decimonónico que
retrotrae a los clásicos de la literatura fantástica pasados por
el tamiz de una mirada visionaria a lo Alan Moore. En suma: una
cinta con más quilates (pero no todos los que podría haber
llegado a tener) que los que suele traer consigo el mero
entretenimiento, un producto más que digno para el período
navideño y, esperemos, el comienzo de una trilogía que acabe
desarrollando y plasmando todo el potencial que reside en el
original literario. No es "El Señor de los Anillos", cierto,
pero no le anda a la zaga a Harry Potter y, desde luego, es
superior a la convencional y nada arriesgada Narnia.
Calificación:
    
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de "La brújula dorada" - Copyright © 2007
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