CRÍTICA
por
Albert Meroño
Peñuela
Las personas –y esto no es
ninguna novedad– envejecemos. Este hecho tiene su particular
párrafo en la historia de las diferencias entre hombres y
mujeres; y si realmente existen tales diferencias, el paso de
los años para unos y otras está en la lista de las más notables.
Cuando se relacionan –ellos y ellas– la edad toma especial
relevancia, aunque por supuesto el baño cultural de cada uno
hace que las cosas se vuelvan de un color u otro.
El caso español no se separa
demasiado de las líneas generales. La madre de un buen amigo
suele decirnos –ateniéndose a nuestra soltería– que estamos en
buena edad para relacionarnos: hasta los veintiséis las chicas
son guapas. Y con esta aplastante simplicidad se hace patente un
factor nítido en el binomio pareja-edad: la edad de ellas
importa más que la de ellos; ello derivado, posiblemente, de la
supuesta trascendencia de la mujer bella. Tampoco es nuevo que
éste sea –y con razón– uno de los frentes más activos en la
guerra feminista.
Y con este punto de
partida, materializado en la mujer de cuarenta y tantos (que por
supuesto ya no tiene veintiséis), el director
Gerardo Herrero
(“Territorio Comanche”, 1997) firma “Una mujer invisible”, un
film de doble fondo, un resultado poco relevante y un tono de
desfasada alegoría. Si bien en un principio es posible decir que
su protagonista se enfrenta al problema de la seducción pasada
la barrera de los cuarenta y cinco, la cinta evoluciona hacia un
lugar bien conocido por la producción local, eternamente
encarcelada por los géneros. No importa si el cuarentón esnob
debe enfrentarse a sí mismo por pretender amar de forma
simultánea a dos mujeres –una por joven bonita y otra por madura
estilosa–;
el devenir fogoso y acelerado (quizá achacable más al estrato
cultural que al punto de vista de los realizadores) resuelve
todo en un abrir y cerrar de ojos, de modo que el público sólo
pueda pensar algo tan poco sustancial como “este tío es idiota”,
cuando las circunstancias dan para mucho más.
El guión de
Belén Gopegui
se enfrenta a un par de situaciones interesantes: dotar del
poder de seducir a la que no lo tiene, y plantear la posibilidad
de discernir si estamos enamorados de alguien o no, aun cuando
quizá no era lo que pretendíamos. El primer paso se da mediante
tres personajes casi vacíos que asesoran a la protagonista: una
amiga y una actriz circunstancial que encajan en el patrón
dramático, y un entrenador de tenis de mesa que adopta el rol de
máquina de metáforas con las que sermonea litúrgicamente (y no
pongo en duda cuánto de la vida real hay en la práctica de este
deporte). El drama emocional, por su parte, sale mejor parado
gracias casi exclusivamente a la interpretación, irregular en
todos los personajes y segmentos, pero adecuada a las tragedias
de la segunda mitad.
Aunque con algunos planos
paisajísticos agradecidos, otros altibajos en la puesta en
escena y atrevimientos con la cámara ofrecen resultados
dispares. El seguimiento de la tensa conversación en el
despacho, con un único objetivo que toma los perfiles, justifica
el mareo que produce sólo por tratarse de la enésima analogía
con el partido de tenis de mesa, al que también desde producción
se le ha dado más importancia de la que el realismo permite. En
los puntuales primerísimos primeros planos o en la escena de la
revelación infiel, en cambio, los despuntes de
María Bouzas
y
Nuria Gago
enfatizan las máscaras o el llanto espontáneo, este último
realmente convincente.
Pero por encima de todas sus
dolencias predomina su longevidad. Resulta decepcionante que
ésta se produzca por simple dejadez, por haber caído en la
tentación de creer que la vejez, aquello que supuestamente las
convierte en “invisibles”, no daba para más que un punto de
arranque que dispusiera a personajes y situaciones para contar
–una vez más– el drama de las mujeres víctimas del machismo.
Hastiados como estamos de elevar tópicos y más tópicos en el
insaciable afán de convertirlos en tesoro cultural,
¿concebiremos algún día una historia entre hombres y mujeres que
hable sólo de hombres y mujeres?
Calificación:
    
Imágenes de "Una mujer invisible" - Copyright © 2007
Milú Films, Tornasol Films y Continental Producciones.
Distribuida en España por Alta Films. Todos los derechos
reservados.
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