CRÍTICA
por
Miguel Á. Delgado
Éste es uno
de esos casos de libro, en los que la curiosidad por conocer el
último éxito sorpresa de Hollywood (130 millones de dólares
recaudados en Estados Unidos) se ve reforzado por la presencia
en el cartel de algún actor que, como
William H. Macy, parece garantía de que, al menos, se
encontrará con una producción digna que, sin rebasar los límites
de la exigencia comercial, al menos no tratará al espectador
como estúpido.
Pues, una vez vista, la perplejidad
llega a extremos insospechados, porque resulta difícil
entender cómo un producto tan previsible, desangelado y falto
de gracia puede haberse convertido en uno de los taquillazos
de la temporada. Desde el minuto cinco, los lugares
comunes se suceden sin pausa, los chistes de trazo grueso se
repiten constantemente (las secuencias con el policía gay, las
caídas de Macy) y da la sensación de que los representantes de
cada una de las estrellas presentes (imaginamos que,
especialmente, los de Tim Allen
y John Travolta) vigilaban
continuamente el rodaje de cada plano y, después, del montaje
para que cada uno de sus representados ocupase exactamente los
minutos del metraje que les correspondían…
Por no hablar de los malos, esos moteros
Del Fuegos que intentarán hacérselo pasar fatal a los cuatro
cincuentones de ciudad que deciden encarar su crisis vital
agarrando sus Harley y lanzándose a la carretera (en una
muestra, por cierto, de lo muy lejos que estamos de los tiempos
de “Easy rider: Buscando mi destino”… aunque no necesariamente
para haber ido a mejor), y que caen en el ridículo sin gracia,
empezando por un Ray Liotta
que, definitivamente, está a años luz del papel que le lanzó a
la fama en “Uno de los nuestros” (por no hablar de la
desaparecida Marisa Tomei,
que aquí vuelve por un instante del Más Allá del ostracismo
fílmico).
De hecho, si Von Trier planteó el montaje
aleatorio por ordenador en su última película, uno tiene la
sensación, viendo esta cinta, de que sus creadores han ido un
paso más allá y han descubierto un programa que sirve para
confeccionar guiones, tomando las dosis necesarias de cada uno
de los aspectos que, para los ejecutivos de la Disney,
productora del largometraje, deben garantizar el éxito: dosis
familiar, pinceladas de presunto e inofensivo humor
políticamente incorrecto, niños, momentos levemente friquis
(ese cantante de la Feria del Chile en el pueblo de Madrid, no
confundir con la Ciudad de las Obras)… casi se echa de menos que
no nos muestren, en algún plano, a la mujer de John Travolta, de
la que todo el tiempo se habla como explosiva modelo de
bañadores para Sports Illustrated, para añadir un ingrediente
más, pero a lo mejor pensaron que, para una cinta familiar (que
es lo que es, en el fondo, este filme, en el peor sentido de la
palabra), era demasiado.
Incluso
tiene guiño nostálgico-contracultural, con la aparición por
sorpresa de un Peter Fonda que,
quizá, pronuncia las únicas frases verdaderamente inteligentes
de esta película, pues revela su sentido último, sin trampa ni
cartón, de mero vehículo recaudatorio… lo cual, por cierto,
no nos importaría si el resultado fuese otro. Porque, si de lo
que se trata es de que nos saquen el dinero, creo que lo menos
que cabe esperar es que nos ofrezcan a cambio algo que compense
el dispendio. Y, por más vueltas que uno le da, esta motera
propuesta no vale el puñado de euros que cuesta su entrada. Y en
cuanto a William H. Macy… bien, ésta se la perdonamos, que para
eso nos cae muy bien el chico; pero que no se vuelva a repetir.
Calificación:
    
Imágenes
de "Cerdos salvajes (con un par... de
ruedas)" - Copyright © 2007
Touchstone Pictures y Tollin/Robbins Productions. Distribuida en España
por Buena Vista International Spain. Todos los derechos
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