CRÍTICA
por
Miguel Laviña
Guallart
La
reparación de la palabra
Trasladar a la pantalla
la magnífica novela de Ian McEwan
“Expiación”, convertida en nuestros días en un clásico
contemporáneo, desde luego no era una empresa fácil. Algunas
pocas obras parecen alejarse de sus autores y su origen para
adquirir una especie de entidad propia que se incorpora al
imaginario colectivo, de modo que cada lector seducido por esta
poderosa prosa querría ver en la pantalla su propia versión, tal
vez a menudo rememorada —incluso la fotografía de portada, una
joven con aspecto pensativo sentada en unas escalinatas, se ha
convertido en otro pequeño clásico—. El director
Joe Wright,
junto al guionista y también cineasta
Christopher Hampton,
salen airosos de este reto dotando de rostro a unos personajes,
dando forma a una historia y materializando unos sentimientos
que consiguen acercarse a lo esperado y, lo que es más difícil
en toda adaptación, respetando el espíritu de lo narrado.
“Expiación: Más allá de la pasión” sigue el texto original en
tres tiempos y nos remite a la tradición e intrigas de la
Inglaterra de las casas de campo —aquélla de la célebre
“Retorno a Brideshead”, también de próxima adaptación
cinematográfica—, para convertirse más tarde en una novela de
guerra, y desembocar en una vigorosa reflexión sobre el largo
camino de la redención y, lo que es más importante, la
posibilidad efectiva de esta reparación, del perdón. La duda
arrojada sobre uno de los personajes puede llegar a destruir
su existencia y cambiar de un modo insospechado su destino, y
el de aquéllos que le rodean. Pero más allá del argumento en
sí, que transmite con corrección, el film logra captar la idea
esencial que recorre el relato y que confluye en ese tercer
tramo —en la trastienda del conflicto bélico, entre las
abnegadas enfermeras que servían en la retaguardia y los
soldados devueltos del frente—, la necesaria expiación de las
culpas que se arrastran.
Al
margen de otras adaptaciones de novelas muy conocidas que
tienden inevitablemente a la morosidad, la fidelidad y el
respeto que muestra Wright hacia el texto no le impide ajustar
el argumento a un metraje adecuado —su volumen podría haber dado
para una duración mucho mayor—, lo que le obliga a reducir
varios pasajes y precipitar los hechos, pero a cambio logra
imprimir una estimable fluidez narrativa. A esta voluntad de
síntesis se añade una prodigiosa utilización del tiempo y los
puntos de vista, con airosos saltos y continuas rememoraciones.
Especial atención merece la maestría con la que está resuelto el
primer tramo en la casa de campo, en el que el calor, el ocioso
día y la seducción van fraguando el conflicto, y donde escenas
narradas a dos tiempos, como el emblemático instante de una
joven saliendo de una fuente portando un jarrón, adquieren
varios significados. El buen pulso se mantiene en un paréntesis
bélico cargado de atormentados recuerdos y poder visual —donde
el director, además, demuestra su habilidad con un memorable
plano secuencia—, y se incrementa con la extraordinaria fuerza
dramática del último tercio.
Al mismo
tiempo, la solidez del guión y la inteligente
estructura se completan con una extrema elegancia en la puesta
en escena. Cierto que no introduce ninguna renovación
estilística, pero el conjunto adquiere un agradable aire clásico,
que nos devuelve el sabor de las tradicionales producciones
británicas. Hay que recordar que sus principales responsables
tienen reconocida experiencia en obras de época. Joe Wright
firmó su debut como realizador adaptando a Jane Austen en
"Pride & prejudice (Orgullo y
prejuicio)",
y Christopher Hampton ha desarrollado una prestigiosa carrera
como guionista, con títulos como “Las amistades peligrosas”,
confirmando ambos la solvencia esperada al asumir un proyecto de
estas dimensiones. El clasicismo en su concepción se extiende a
unos elementos formales que se relacionan con armonía, en
especial la ambientación de las sucesivas partes, y una
nostálgica partitura de Dario Marianelli
que subraya los
momentos emocionantes y trágicos que recorren el film.
Y
es la pareja protagonista quien intensifica en buena medida este
carácter dramático, unos intérpretes, Keira
Knightley y
James McAvoy,
que encajan en el necesario atractivo de unos personajes que
acaban convertidos en referentes románticos. Es destacable
también el acierto al resolver los cambios de edad de Briony
Tallis, hilo conductor de la historia, con el parecido entre las
jóvenes actrices Saoirse Ronan
y Romola Garai.
En el último acto, una gran intérprete de la pantalla y
escenarios británicos como es Vanessa Redgrave
toma el conmovedor testigo, momento fundamental en el que la
forma fílmica resuelve las limitaciones del texto, ambos medios
de expresión se integran y confunden, y la cámara de Wright se
interroga sobre el poder de reparación de la palabra, la fuerza
de la escritura como medio de expiación.
De
esta forma, “Expiación: Más allá de la pasión” se convierte en
un film apasionado y apasionante, que devuelve el entusiasmo por
la épica romántica en la pantalla. El innecesario añadido al
título original parece querer incidir en un tono melodramático
que la cinta sortea con sobriedad, lo que no le impide desplegar
secuencias de marcada emoción y transmitir la dolorosa sensación
del porvenir frustrado. Dentro del marco de la continua
conversación entre Cine y Literatura, y la eterna discusión
sobre la naturaleza de las adaptaciones, los resultados de esta
obra ponen una vez más de manifiesto que la fidelidad no
significa un agotador repaso al argumento, sino conseguir
transmitir el aliento que planea sobre el texto y las
sensaciones que despierta.
Calificación:
    
Imágenes de "Expiación: Más allá de la pasión" - Copyright © 2007 Universal
Pictures, Studio Canal, Relativity Media y Working
Title Films. Fotos por Alex Bailey. Distribuida en España por Universal Pictures
International Spain. Todos los derechos
reservados.
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