CRÍTICA
por
Javier Quevedo
Puchal
Hace tan sólo
cuatro años, un prácticamente desconocido llamado James Wan
aterrizó en las carteleras de todo el mundo con
"Saw",
una propuesta rompedora que, con su retorcida imaginería, así
como con un argumento tan juguetón como tramposo, conseguía
insuflar una bocanada de aire fresco al ya bastante exhausto
género del psico-thriller. La jugada le salió tan bien,
de hecho, que lo que surgió como un sleeper acabó
acuñando una de las franquicias más rentables (y fecundas, si
nos atenemos al ritmo con que va creciendo) del moderno cine de
suspense y terror, coronada ésta por un villano que ha tratado
de asentarse en el subconsciente colectivo, si bien sólo el
tiempo dirá hasta qué punto lo consigue.
Parece natural que, después de cuatro
entregas de las andanzas del popular Jigsaw, el citado Wan
haya deseado distanciarse un poco del material que le dio a
conocer al gran público. Y lo hace ahora manteniendo
determinadas señas de identidad ya vistas anteriormente, si
bien aquí llevándolas a un terreno de terror en estado puro.
¿Podríamos comenzar a hablar, pues, de un cine con "firma
James Wan"? Seguramente es demasiado pronto para aventurar tal
afirmación, pero sí observamos una cierta continuidad de
recursos tanto visuales como argumentales, con independencia
del género en que se enmarca la cinta. Y eso ya es algo.
En esta ocasión, Wan retoma el cine de
muñecos asesinos, que nos ha dejado muestras tan estimulantes
como "Magia", "Dolls" o "La novia de Chucky", y lo reformula
para el público del nuevo milenio, repitiendo la jugada que ya
hiciera en su día para con el psico-thriller. Así, la
acción del film se centra en Ravens Fair, un pueblecito al que
regresa Jamie (sosísimo Ryan Kwanten) después de ver cómo
su vida recibe un duro golpe tras la misteriosa recepción de un
inquietante muñeco de ventrílocuo. La vuelta a su pueblo natal
despertará diversos fantasmas, entre ellos el de la leyenda de
Mary Shaw, una ventrílocua loca que décadas atrás protagonizó
uno de los episodios más negros de la población... y de cuyo
espíritu se dice sigue vagando por el lugar.
Obsta aclarar que la mejor baza de
"Silencio desde el mal" no se encuentra en su historia, desde
luego, perfectamente previsible para cualquiera que haya seguido
con un mínimo de atención los pasos del moderno cine de terror
americano (Wes Craven y su "Pesadilla en Elm Street" son nombres
que nos vienen vívidamente a la memoria cuando observamos los
componentes de esa historia negra del pasado en torno a Mary
Shaw). Asimismo, tampoco podemos decir que el plato fuerte
resida en las interpretaciones, pues si bien Donnie Wahlberg
defiende con simple oficio su papel un tanto estereotipado (ese
detective a ratos cómico, a ratos desencantado, que nos
retrotrae hasta el Edward James Olmos de "Blade runner" o, ya
más recientemente, al Rubén Blades de "El color de la noche"),
Ryan Kwanten se convierte en un protagonista inconvenientemente
estoico, en el mejor de los casos, tan atractivo como
francamente limitado en cuanto a expresión.
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Pero no, lo más fascinante de la película
que nos ocupa tiene antes que ver con su aplicada traslación del
terror más serie B de los 80 a un nuevo marco, un nuevo milenio
y, sí, un nuevo presupuesto. Para ello se pasa por un diseño de
producción que no escatima en detalles, comenzando por esa
villana absolutamente antológica, enfermiza, que se crece aún
más por la falta de sobreexposición (como ya ocurriera con
Freddy Krueger en la mencionada "Pesadilla en Elm Street",
pensará alguien) y desembocando, por descontado, en ese teatro
decrépito y descomunal que se nos presenta como una suerte de
templo pagano de la maldad. Mención aparte merece, cómo no, ese
final sorpresa tan tramposo o más que el de
"Saw", pero aquí doblemente
retorcido y doblemente ingenioso, sin discusión, con lo cual
todas sus cualidades quedan de algún modo compensadas.
En resumidas
cuentas, una cinta honesta y tramposa en su justa medida,
pero que además tiene el noble objetivo de aportar una nueva,
memorable deidad al panteón de iconos del cine de terror moderno
(por fin tenemos algo que no recuerda en nada a la fantasma de
"The ring [La señal]"
y similares). Y lo hace recuperando en todo su esplendor algo
tan olvidado de un tiempo a esta parte como los miedos de la
infancia, llevándolos a su cenit en ese maravilloso flashback
del dueño de la funeraria. El tiempo dirá, por tanto, el puesto
que merece James Wan en la nueva ola del cine de terror y
suspense, pero sus obras hasta la fecha merecen al menos un voto
de confianza.
Calificación:
    
Imágenes
de "Silencio desde el mal" - Copyright © 2007
Universal Pictures. Fotos por Michael Gibson. Distribuida en España Por Universal Pictures
International Spain. Todos los derechos
reservados.
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