CRÍTICA
por
Almudena Muñoz Pérez
Definitivamente, sin quizás,
una herida de muerte desangra a la comedia romántica
estadounidense. Claro que los únicos que pueden irritarse son
aquellos que le pidan peras al olmo, que aguarden maravillas
ingeniosas y agridulces de una película cuyo cartel promocional
ya se apoya en la composición más ñoña y típica imaginable.
Tampoco da para mucho esfuerzo el rostro impávido de Ryan
Reynolds ni la pluma del director y guionista Adam Brooks
—"Wimbledon: El amor está en juego"
(2004), "Bridget Jones: Sobreviviré"
(2004)–, que explota las artimañas favoritas del espectador fiel
de esta clase de historias.
Y eso que el planteamiento,
más por continente que por contenido, sobre papel parecía
augurar algo simpático: el romance se une al suspense, a la
clásica narración para adolescentes basada en la resolución de
un misterio; dicho en cursi, una especie de Cluedo para
averiguar dónde demonios reposa el corazón del protagonista.
Éste (Reynolds), un joven para quien no pasan los años —y eso
que el metraje abarca más de una década—, intenta explicar a su
hija —Abigail Breslin, la nueva Dakota Fanning, es decir,
niña actriz para todo— de qué forma se enamoró de su madre. Para
contar algo tan sencillo, el hombre se enreda y acaba entrando
en pormenores, a veces no recomendados para una oyente menor,
sobre otras dos novias o sucedáneos que se entremezclaron en la
historia. Aquí el espectador debe ocupar el puesto de la niña e
intentar averiguar, como ella, quién es su madre, aunque el
dilema pierde interés a medida que la trama, bastante mal
estructurada, deriva en el puro e insulso folleto de almas rotas
—pero que ha tenido tres estupendos flechazos, qué manía con
olvidarse de la parte positiva—.
Para evitar que la resolución
sea demasiado evidente, el guión permite la entrada y salida
continua de las tres actrices con excusas argumentales traídas
por los pelos, a la par que detalla los vaivenes laborales del
protagonista. Primero de su promoción en la universidad, sus
sufrimientos para hacerse un hueco en el mundo de la política a
partir del apoyo a la campaña de Bill Clinton —la película
arranca en 1991— importan muy poco para la parte amorosa, menos
aún al espectador —con bromas referidas al ex presidente ya
pasadas de moda y que sólo seguirán haciendo gracia a sus
paisanos—, y aún menos a la niña, de tal modo que se descubren
las enormes carencias de su padre en el terreno comunicativo,
necesitado de un buen terapeuta. Cansa esta estrategia para
rellenar minutos, pues de otro modo la cinta se habría quedado
escuálida —o bien con mejores ideas no habría hecho falta
plantear esa subtrama—, y la pesadez borra la sorpresa que
supone descubrir, al fin, la identidad materna, revelada en un
clímax mustio. Además, según las simpatías que cada cual
deposite en las candidatas, la verdad puede resultar más o menos
decepcionante: la poco conocida Elizabeth Banks; la
infantil Isla Fisher, vista en "De boda en boda"
(2005) o "Flipado sobre ruedas"
(2007); o Rachel Weisz, que no consigue arrancar chispas
de sus escenas, a pesar de tener el papel más controvertido.
Donde no se puede, no se puede.
Brooks no saca provecho de
una triple disyuntiva —la novia de toda la vida, la chica
soñadora o la mujer bella, culta y misteriosa– ni de un relato
concebido para una niña que espera el final feliz, cuyas
esperanzas pueden verse derrumbadas. Una vez que se descubre
quién es la madre, la momentánea pérdida del horizonte romántico
y del fácil giro cinematográfico sólo es una trampa para que el
público saque el pañuelo un rato antes de envolverlo en
sonrisas. Una jugarreta previsible, manida y rastrera que
satisfará a quienes busquen fantasías urbanas olvidables. De
nuevo surge el deus ex machina para restar importancia al
paso del tiempo y a los argumentos dados previamente. El amor es
tan voluble que enseguida puede revivir sin que sus rescoldos,
como los rostros de los personajes, se hayan visto afectados por
los años. Un afán mínimo de originalidad descubierto desde la
primera escena, antes de dar paso a los créditos, cuando el
protagonista introduce la "canción perfecta de los lunes".
Topicazo tras topicazo, al menos se puede desempeñar un papel
activo en el misterio amoroso —y discernir a un irreconocible
Kevin Kline—, a la espera de nuevas pistas mientras el rollo
de Reynolds parece no terminar nunca.
Calificación:
    
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de "Definitivamente, quizás" - Copyright © 2008
Universal Pictures,
Working Title Films y StudioCanal. Distribuida en España
por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos
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