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DISTURBIA


Dirección: D.J. Caruso.
País:
USA.
Año: 2007.
Duración: 104 min.
Género: Thriller.
Interpretación: Shia LaBeouf (Kale), David Morse (Sr. Turner), Sarah Roemer (Ashley), Carrie-Anne Moss (Julie), Aaron Yoo (Ronnie).
Guión: Christopher Landon y Carl Ellsworth; basado en un argumento de Christopher Landon.
Producción: Joe Medjuck, E. Bennett Walsh y Jackie Marcus.
Música: Geoff Zanelli.
Fotografía:
Rogier Stoffers.
Montaje: Jim Page.
Diseño de producción: Tom Southwell.
Vestuario: Marie-Sylvie Deveau.
Estreno en USA: 13 Abril 2007.
Estreno en España: 21 Septiembre 2007.

CRÍTICA por Tònia Pallejà

Deshonesta, rudimentaria y pueril copia de un clásico… pero un funcional entretenimiento al fin y al cabo

  Aunque algunos medios se han inclinado por presentarla con eufemismos más benévolos como “remake encubierto”, “actualización” o “versión informal”, lo cierto es que “Disturbia” no es ni más ni menos que una copia descarada y deshonesta —lo que en la terminología se conoce como rip-off— del clásico de Alfred Hitchcock “La ventana indiscreta”, cuyo material ha sido adaptado a la prefabricada y hueca “sensibilidad” del cine adolescente actual. Lógicamente los responsables de la presente película procuraron cambiar los aspectos más superficiales de su argumento, a la vez que eliminaban algunas subtramas e introducían otras distintas, en un vano intento por disolver los paralelismos entre ambos trabajos, de manera que en lugar de hablar de plagio sistemático, la cosa se quedara más bien en remedo. Sin embargo, salta a la vista que tanto de los rasgos esenciales de su premisa como de la función y circunstancias que ocupan los personajes reproducen los del film de 1954, por no mencionar unos cuantos elementos o situaciones que ya estaban presentes en el largometraje anterior, pero a los que se ha reubicado con otro fin o se les ha dado una mano de barniz.

 

  Curiosamente, el asunto hubiera podido soslayarse hacia el homenaje de no ser porque los autores del atropello no sólo no admiten la influencia de tal fuente, sino que, para colmo, tampoco han tenido reparos en adjudicarse por entero la idea original en los créditos. Chúpate ésa. Es fácil pensar que la “noble” actitud que los guió no fue otra que aprovecharse de un modelo ajeno, pero sin que, a cambio, su cinta tuviera que pagar el peaje de ser comparada con una de las obras maestras del suspense de todos los tiempos. Resulta innecesario añadir que, si de comparaciones se trata, la presente “traslación” sale mucho más que considerablemente perjudicada.

  Sea como sea, “Disturbia” responde perfectamente a esa nueva tendencia del cine comercial que consiste en modernizar conceptos antiguos para acercarlos a las nuevas generaciones, quienes, como cabe esperar, desconocen tales precedentes y, por lo tanto, les parecen la mar de ingeniosos esquemas que han sido reciclados en incontables ocasiones desde que fueron establecidos por primera vez décadas atrás. Y como viene siendo habitual también, para la epidérmica mentalidad de los directivos de Hollywood dicha actualización se traduce en rebajar ostensiblemente la edad de sus protagonistas, incorporar tecnologías más modernas, añadir varias canciones de grupos de moda en su banda sonora y, sobre todo, vaciarla de cualquier atisbo de lectura o subtexto que pudiera incitar a las jóvenes audiencias a pensar. En esta ocasión, el éxito de semejante estrategia, al menos en términos de taquilla, ha sido arrollador.

  A consecuencia de ese proceso de “revisión”, el periodista escayolado al que interpretó James Stewart ha pasado a convertirse en un muchacho atormentado por la muerte de su padre que deberá guardar arresto domiciliario en su acomodada torre de los suburbios bajo el yugo de una tobillera electrónica. Su insistente y perfecta novia, a la que prestaba su gélida elegancia Grace Kelly, es ahora una joven vecina cuya personalidad viene definida principalmente por lo escueto y húmedo de su biquini, ejerciendo de este modo como obligado y frívolo interés romántico del protagonista; mientras que la mordaz enfermera encarnada por Thelma Ritter ha sido suplida por un compañero de clase asiático que, con sus fastidiosas intervenciones en forma de bromas y graciejas varias, se encarga de aportar la consabida réplica cómica. En definitiva, aquel trío de carismáticos personajes cuyas idiosincrasias se complementaban a la perfección y servían para dar sentido al discurso del film de Hitchcock, reducidos a simples clichés dentro de una ordinaria fórmula.

  Por supuesto, “Disturbia” conserva el supuesto básico por el que el protagonista, confinado a un encierro involuntario en su casa, mata el aburrimiento espiando con unos prismáticos a sus vecinos, lo que le llevará a ser testigo de un posible crimen… Pero desecha por completo todas aquellas incisivas observaciones acerca de la naturaleza humana que convirtieron “La ventana indiscreta” en una aguda disección sobre las relaciones de pareja y el voyeurismo que únicamente se ayudaba del suspense como medio. En su lugar tenemos unos diálogos que funcionan como puro trámite, así como algunas blandas notas de drama personal y conflictos generaciones, siendo el mensaje más relevante que se enarbola aquí el sms de los teléfonos móviles. Ni que decir tiene que, además, “Disturbia” carece tanto del poder icónico de la película de Hitchcock como de su brillante realización y sólidas interpretaciones, amén de que su diseño de producción empalidece ante los fabulosos decorados de 1954.

  Pero habiendo señalado todo esto, también es justo reconocer que, si la consideramos dentro del malogrado nicho de thrillers juveniles, dispuestos para un consumo tan inmediato como poco perdurable, “Disturbia” sobresale como una propuesta digna que obtiene un balance inesperadamente positivo entre las magras pretensiones que la sustentan y su correcto desempeño. Para empezar, los guionistas Christopher Landon y Carl Ellsworth dejan entrever cierto esfuerzo real por construir una trama bastante apetecible y consistente a partir de las abundantes herramientas que “tomaron prestadas”, adornándola con algunas ocurrentes soluciones que saben sacar partido de las nuevas tecnologías, las cuales se acaban adueñando prácticamente de la función. Cierto, ya tenían la mitad del trabajo hecho, pero al menos no desperdiciaron del todo las pautas preexistentes: la intriga está bien dosificada hasta el punto de propiciar buenos momentos de creciente tensión; el notable equilibrio entre los diferentes componentes aporta variedad y peso al desarrollo; y los personajes, sin dejar de ser meros estereotipos, disponen de cierto relleno neuronal que los despega de la más absoluta planicie del cartón pintado, algo a lo que también contribuye el vivaz compromiso que asume el reparto. Así pues, si bien sería una temeridad calificar el tratamiento que recibe la historia de inteligente y profundo, como mínimo goza de suficientes detalles como para que estemos hablando de un libreto razonablemente cuidado que no acusa un insultante vacío.

  Como contrapartida, “Disturbia” adolece de los mismos vicios que suelen perjudicar a este tipo de cintas, desde las coincidencias excesivamente interesadas que merman su coherencia —policías que tan pronto acuden a los pocos segundos como se demoran horas, teléfonos que funcionan y dejan de funcionar de manera arbitraria…—, hasta la presencia de una serie de ingredientes —como el forzado romance entre los protagonistas— que son recibidos como un requisito indispensable para completar la fórmula, pasando por algunas ilógicas decisiones y baratos sustos. Además, es una lástima que el sobrio misterio que se había establecido en un principio termine derivando en una serie de convencionalismos más propios de una genérica película de terror light.

  A la altura de las circunstancias, el director D.J. Caruso resuelve la papeleta con poco arte pero mucho oficio. El responsable de las olvidables "Vidas ajenas (Taking lives)" y "Apostando al límite" y de la curiosa "The Salton sea" sabe que no es Hitchcock ni lo pretende, y al menos en su caso nos ahorra el ejercicio de “corta, pega y colorea” que caracteriza al libreto. Aunque al final se le va un tanto la mano en un febril desenlace que raya con lo ridículo, en general la realización aprovecha los recursos a su alcance a través de una exposición clara y efectiva, siendo capaz de encontrar un agradecido punto medio entre la factura moderna y el clasicismo que domina una cinta que avanza sin pausa pero sin excesivas prisas. De hecho, la agilidad y el nervio que imprime a la narración acaban convirtiéndose en su mejor aliado, pues, a pesar de que lo que nos cuenta no siempre goza de igual interés o credibilidad, consigue mantener en todo momento la atención con su dinámica y fresca ejecución. A fin de cuentas, creo que el mejor halago que puede recibir “Disturbia” es que, aun conociendo de antemano lo que va a ocurrir y con todas las comparaciones que debe soportar, resulta una experiencia entretenida que se ve con agrado.

  El joven elenco firma un trabajo aceptable, entendiendo esto más por la compenetración y entrega que muestran que por sus posibles aptitudes o presencia escénica. Shia LaBeouf, sin ser un intérprete especialmente dotado, tampoco tropieza en su primer papel estelar como “chico de moda”, mientras que sus compañeros Sarah Roemer y Aaron Yoo se defienden mal que bien en el ingrato rol de “florero venido a más” y contrapunto humorístico respectivamente. En la parte adulta nos encontramos con una Carrie-Anne Moss un tanto irreconocible, que pasa sin pena ni gloria como la madre “de quita y pon” del protagonista, y con un David Morse que cumple con profesionalidad en su encarnación del turbio vecino que acapara sus sospechas.

  Después de asistir a remakes oficiales totalmente improductivos como "Carretera al infierno" que lapidan su prometedor punto de partida bajo toneladas de estupidez, “Disturbia” se perfila como un decente pasatiempo cuyo principal mérito radica en haber logrado elevarse por encima de la mediocridad reinante, compensando la ausencia de novedades y sus evidentes fallos con competencia y energía, al tiempo que conjuga las inquietudes del público adolescente con las de aquellos espectadores más tradicionales. Como copia de “La ventana indiscreta” es ofensivamente infantil y rudimentaria, pero, si se consigue eludir tamaño precedente y reducir las expectativas, permite pasar un buen rato sin dificultad. Se la podrá acusar de muchas otras cosas, pero no de no ofrecer aquello que uno le exige a un thriller de los de usar y tirar. En cualquier caso, ¡que Hitchcock los pille confesados!

Calificación:


Imágenes de "Disturbia" - Copyright © 2007 DreamWorks Pictures, Cold Spring Pictures y Montecito Pictures. Distribuida en España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.

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