CRÍTICA
por
Almudena Muñoz Pérez
Ojalá pudiera pasarse de
puntillas sobre el diario asunto del remake –más o menos
como han hecho los responsables de esta “Disturbia” para evitar
el pago de los derechos de autor que deberían a la matriz de “La
ventana indiscreta” (1954)–, porque la controversia ya aburre
hasta a los pataleadores oficiales. Y aunque con molesta
frecuencia viene a la boca el título de Alfred Hitchcock, hay
diversas razones que emparientan este thriller
adolescente con planteamientos más cercanos que el elegante
manifiesto metalingüístico que inmortalizaron James Stewart y
Grace Kelly. Hagamos todo lo posible por no volver a
mencionarlos.
Un
macguffin emocional –mal empezamos– supone la excusa de
los guionistas para encerrar a Kale (Shia
LaBeouf) dentro de
casa: una pierna inmovilizada en una periferia de treinta
metros, y no a costa de una escayola, sino de una de esas
tobilleras-detector que tan famosas ha hecho Lindsay Lohan.
Debido a un accidente un tanto traído por los pelos, Kale pasa
de ser un hijo atento a un parricida involuntario que desea
expiar su culpa atrapando a otro asesino. El encierro casero,
a costa de unos arrebatos de furia que nadie comprende, ofrece
el escenario perfecto para el agobio, la paranoia y el
voyeurismo rayano al culebrón público. Todo parecido con el
suspense clásico termina en el esqueleto primordial y en los
compañeros que ayudan a Kale –actores de una acción que él no
puede protagonizar, amén de la vecina fuerte e independiente
que ha sustituido a las ansias matrimoniales de la Kelly–.
Desde el principio se nos insinúa que Kale es un observador
nato que, como en la pesca, debe tener paciencia y sigilo para
sacar algo del agua y emborronar la imagen que lleva tatuada
en las retinas: una muerte de la que no es responsable, pero
sí espectador. El fundido a negro resulta insoportable para
alguien empecinado en trazar –sin saberlo– el final perfecto
de su propia película.
Cualquier
rastro de lectura metacinematográfica corresponde a la visión de
un Hitchcock cuya influencia no intenta cuestionarse, por lo que
los productores ansiosos por ahorrar costes han sido los menos
honestos del proyecto. En lugar de repetir el
infausto experimento-copia plano por plano de Gus Van Sant en
"Psycho"
(1998), “Disturbia” baila en zigzag con el original para
evitarlo y atraerlo al presente,
proponiendo una lectura sobre estos tiempos de reclusión,
soledad y frialdad tecnológica antes que una abstracción sobre
la frontera entre la pantalla y el que mira hacia ella. Este
punto se destrona cuando nosotros nos anticipamos a la
información de Kale –el crimen que se comete mientras él mete
mano en otros menesteres–, momento en el que deja de existir una
identificación estricta de puntos de vista, hasta entonces
limitada a lo que querían ofrecernos sus prismáticos. Con sus
inevitables chispazos de pubescencia cortada según el patrón de
un capítulo de “The O.C.”, el film comienza a respirar como el
curioso e insolente joven que sospecha que el mal no está
encerrado bajo custodia policíaca, sino libre entre las paredes
de la casa de enfrente. Y cuestionar el orden, y por ende las
reglas adultas, retrotrae la historia a un nivel primario
interesante y a un universo juvenil que, de vez en cuando, asoma
una cabeza inteligente e inconformista.
Kale
sólo muestra signos de arrepentimiento por su indiscreción
durante unas décimas de segundo, una breve reticencia porque se
trata de un adolescente salido que también tiene derecho a
interferir en el mundo vedado. Por su falsa inocencia, siempre
funciona esta perspectiva Peanuts encarnada en unos Charlie
Brown que crean una versión paralela del mundo con sus propias
normas, creíbles en un ámbito que no les corresponde y con la
práctica ausencia del incordio adulto –el personaje de la madre
(Carrie-Anne Moss)
entra y sale de escena según la necesidad dramática–. "Brick"
(2005) fue un excelente ejemplo de cómo los viejos géneros
pueden rejuvenecerse de la forma menos esperada, si bien
“Disturbia” comete los mismos errores que otra oda al
etnocentrismo pubescente, "The faculty"
(1999). El peso de la mirada de los otros y la creencia en el
enemigo adulto disuelven la atmósfera paranoica y la ambigüedad
de la situación para poder confirmar una victoria inmerecida –en
el fondo, prolongación de esos felices e ingenuos años, con afán
de Peter Pan–. A pesar de los metros de distancia, podemos oír
los gritos de los vecinos igual que Kale, por lo que la
confianza en él se vuelve ciega, un héroe más que se sumerge en
una segunda mitad de metraje anticlimática y desaprovechada.
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Si Mahoma no puede ir a
la montaña, el intruso entrará en casa antes de lo debido: bajo
unos ricitos en el cogote que David Morse
se ha dejado crecer para conferirse un aire de dandy
canallesco –y asesino en Mustang por Austin, oiga–, el supuesto
vecino homicida despide un aroma a estereotipo corroborado por
la incoherente y estúpida actitud del policía de turno, los
baratos trucos de luces parpadeantes, la esnob cámara digital
grabando en primer plano, la prepotencia detectivesca armada de
sorpresas inexplicables –¿de dónde se saca Kale los planos de la
casa vecina?– y una noche tormentosa que tanto vale como
perpetuación de “Halloween” (1978), “El silencio de los
corderos” (1991), "Vidas ajenas (Taking lives)"
(2004), también de D.J. Caruso,
o toda la parafernalia de casa tenebrosa sin papis, como
de parodia de Kubrick y “Poltergeist” (1982). Un derroche de
electricidad a medias y mieditis social que envalentonan lo que
desde el comienzo era una prueba de desilusión y desencanto
hacia las imposiciones de la nueva juventud. Stewart triunfaba,
pero en contrapartida obtenía un castigo por sobrepasar la línea
en sus métodos, algo que no infunde temor a unos chicos
dispuestos a la reincidencia, quizá clave de una generación que
todo lo ve y todo lo comparte sin que en el fondo importe mucho
la identidad real. "Disturbia" podría ser, por qué no, esa vasta
vecindad llamada YouTube.
Calificación:
    
Imágenes
de "Disturbia" - Copyright © 2007
DreamWorks Pictures, Cold Spring Pictures y Montecito Pictures.
Distribuida en España por Universal Pictures International
Spain. Todos los derechos
reservados.
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