CRÍTICA
por
Julio Rodríguez
Chico
Corazones rotos
Desde hace un par de años,
hemos visto cómo el cine americano ha abordado los sucesos del
11 de septiembre desde el centro de la tragedia, en un homenaje
a los bomberos y voluntarios ("World Trade Center",
Oliver Stone) y a los heroicos pasajeros de uno de los aviones
secuestrados ("United 93",
Paul Greengrass). También son ya numerosas las películas que
recogen, sobre todo de un modo sugerido e indirecto, el clima de
miedo y neurosis por la seguridad que se ha adueñado de la
población y de las autoridades. Ahora, el guionista y director
Mike Binder
recrea los “restos” de vida de una de esas víctimas que entonces
perdió las ganas de vivir a la vez que a toda su familia. Lo
hace con un film que navega por territorios de Woody Allen, con
Nueva York y “urbanitas” aquejados de inestabilidad emocional
que acuden al psiquiatra, matrimonios con problemas de
comunicación, y abundantes referencias cinéfilas y musicales.
Es la
historia de Charlie, un estomatólogo que sufrió estrés
postraumático cuando su mujer y sus tres hijas pequeñas
murieron en uno de los aviones estrellados contra las Torres
Gemelas. Su excentricismo y vida asocial, sus obsesiones y su
miedo a recordar no son sino manifestaciones de un corazón
roto y de una mente perturbada por el dolor y la culpa.
Aislado en su nuevo mundo y en sus remordimientos, se
reencuentra con Johnson, un antiguo compañero de universidad
que verá en él un amigo a quien ayudar a la vez que una
ocasión para despegarse de su agobiante y posesiva mujer.
Decíamos
que la cinta de Binder respira cierto aire a lo Woody Allen,
aunque más bien hay que matizar que se trata de un aire
estancado y con frecuentes caídas de ritmo narrativo.
Un guión irregular que apunta hacia la comedia en su
parte inicial para derivar más tarde hacia el drama intimista, y
que al final cede ante demasiadas concesiones complacientes y
convencionales –la
escena del juicio resulta pobre y patética–, guinda a una trama
plagada de situaciones inverosímiles que intentan dibujar el
triste retrato de un inadaptado, sumido en el dolor y la
soledad, arquetipo a su vez de toda una sociedad que no ha
sabido superar el trauma y que ha quedado tan desconcertada como
ensimismada. El dibujo del atribulado Charlie queda bien
perfilado en sus paseos en patinete por la ciudad o en sus
obsesiones con los vinilos, las permanentes obras en la cocina
–deseo de su mujer, tardíamente concedido–, o el vídeo-juego de
películas de catástrofes. Su mente “ida” y su irascibilidad
cuando alguien intenta hacerle volver a la realidad son
recogidas con asombrosa credibilidad en la interpretación de
Adam Sandler,
un niño grande que fabricó su propio refugio o “planeta” para
quedarse estancado en los momentos felices del pasado donde todo
es tan bello y hermoso como en el musical clásico americano.
Aunque
no se pueda decir que Don
Cheadle haga un
mal papel interpretativo, tampoco parece que acabe por hacer
verosímil a su personaje, ni que sus reacciones resulten
convincentes, ni en el mundo laboral (todas las profesiones de
los personajes resultan vacuas e irrelevantes) ni en lo relativo
a su mujer o a su amigo. Un error de guión, como lo son esas dos
mujeres, psiquiatra y paciente a las que dan vida
Liv Tyler y
Saffron Burrows,
tan guapas como artificiosas y cuyas innecesarias subtramas
estorban más que ayudan a la historia central, además de fallar
en su intento por aportar comicidad o emotividad. Fallidas
también resultan las relaciones entre los personajes, sin fuerza
dramática capaz de provocar emoción, dolor o compasión en el
espectador, algo que de nuevo hay que atribuirle a un guionista
perdido en su propio “planeta”.
Situaciones
inverosímiles para entrecruzar a sus personajes, y desenlaces
previsibles a la “americana”, rasgos simples en la
caracterización de la mayoría de los roles
–sólo
se salva Charlie–,
y continuos naufragios que intentan vadear la comedia televisiva
–bien la frescura de la secretaria de Johnson, que logra los
mejores golpes de humor–
y el drama existencial. Aunque se apuntan algunas críticas a una
sociedad superficial que huye del dolor y que se muestra
excesivamente preocupada por la imagen, apenas pasa del apunte y
carece de fuerza o enganche en la historia. Al final, queda una
intención por acercarse a una mente y un corazón quebrados, un
mensaje a la amistad y la familia como mejor medicina para estos
casos, y también una ambientación conseguida gracias a una
sugerente música urbana y moderna.
Una película más para lo que
va camino de convertirse en el subgénero de “cine post 11 de
septiembre”, que se encontraría entre el de “catástrofes” y el
de “psiquiatras”, con personajes dañados en su mente y en su
corazón, desorientados emocional y socialmente, necesitados de
afecto y del aire del campo. La cinta entretiene y se ve con
gusto, aunque chirríen algunas de sus piezas y otras dejen frío
al espectador, que pronto la esconderá “en un lugar perdido de
su memoria” para vivir la vida y olvidarse de la ficción.
Calificación:
    
Imágenes
de "En algún lugar de la memoria" -
Copyright © 2007 Columbia Pictures, Relativity Media, Madison 23
y Sunlight Productions. Fotos por Tracy Bennett. Distribuida en España por
Sony Pictures Releasing de España. Todos los derechos
reservados.
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