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Dirección: Jim Hanon.
País: USA.
Año:
2005.
Duración: 108 min.
Género:
Drama.
Interpretación: Louie Leonardo
(Mincayani), Chad Allen (Nate Saint/ Steve Saint), Jack Guzman
(Kimo), Christina Souza (Dayumae), Chase Ellison (Steve Saint de
joven), Sean McGowan (Jim Elliot), Sara Kathryn Bakker (Raquel), Cara Stoner (Marj
Saint), Beth Bailey (Elisabeth Elliot).
Guión: Bill Ewing, Bart
Gavigan y Jim Hanon; basado en el libro de Steve Saint.
Producción: Bill Ewing, Mart Green,
Tom Newman y Bart Gavigan.
Música: Ronald Owen.
Fotografía: Robert Driskell Jr.
Montaje: Miles Hanon.
Diseño de producción: Clarence L. Major.
Vestuario: Mari-An Ceo.
Estreno en USA: 20 Enero 2006.
Estreno en España: 6 Julio 2007. |
CRÍTICA
por
Manuel Márquez
La jungla, la selva virgen...
qué fabuloso escenario para el desarrollo de historias en la
pantalla grande. Y no sólo en sus géneros más obviamente
apropiados a tal entorno (empezando por el más obvio de ellos,
el de acción y aventuras), sino en cualquier género y tendencia:
la grandiosidad del marco ya aporta un activo de suficiente
valor como para que el empeño se haga apetecible. Tema distinto
es si el resultado del empeño termina estando a la altura de tal
grandiosidad –lo cual suele resultar complicado–. "El final del
espíritu" no es una mala película, e, incluso en algunos de sus
pasajes, llega a alcanzar cierto vuelo dramático, pero, aun así,
no deja de ser un film menor: digno, pero
menor, debido, especialmente, a su descarada apuesta por no ir
en ningún momento medio metro más allá de lo estrictamente
tópico y previsible.
Lo
estrictamente tópico y previsible en cuanto a su estructura
narrativa, en un flashback amplísimo, que ocupa la
práctica totalidad del cuerpo de la cinta, encerrado entre
prólogo y epílogo coincidentes, con resolución a cargo del
segundo, de la incógnita planteada por el primero. Lo
estrictamente tópico y previsible en lo atinente a la
utilización de un personaje central infantil como narrador,
eje de la trama y portador de la visión y perspectiva desde la
cual se enfoca la historia. Lo estrictamente tópico y
previsible en lo que respecta al retrato del choque de
culturas entre los civilizados blancos occidentales, cargados
de un “buenismo” ingenuo y rayano en la insensatez, y los
sanguinarios y despiadados indígenas, a los cuales solo parece
excusarles de tamaño nivel de barbarie (en ocasiones, atroz
por lo pueril) su grado de atraso económico y cultural –en un
intento de no incurrir en un maniqueísmo tan infantil como la
mirada del protagonista–, así como en que el desarrollo de la
trama vaya propiciando una paulatina toma de contacto entre
ambas partes, hasta alcanzar unos términos de convivencia
aceptablemente razonables. En definitiva, nada nuevo bajo el
sol.
¿Y cómo
se salva un producto así de no terminar convirtiéndose en un
subproducto más propio de sobremesa televisiva que de estreno en
salas comerciales? A base de oficio –con una realización pulcra
y eficiente–, pulso narrativo –la película no afloja su ritmo en
ningún momento, pese a sus casi dos horas de duración– y
explotación a fondo de dos elementos formales (decorados
naturales –abrumadores– y fondos musicales –tan
“morriconianamente” tópicos como todos los elementos ya
apuntados–), que, no por menos previsibles, dejan de resultar
más efectivos. Visto lo que se ve habitualmente en nuestras
carteleras, no crean, amigos lectores, que se trata de escaso
bagaje: es, al menos, el suficiente como para que el
film se haga agradable de ver y, en muchos momentos,
incluso entretenido, hasta el punto de que uno ni siquiera llega
a echar en falta la presencia de alguna estrella conocida que dé
lustre y relumbrón a su reparto
(compuesta por un buen cuadro de intérpretes, que cumple a la
perfección con el papel encomendado: sin excesiva brillantez,
pero sin carencias apreciables...).
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De todos modos (y sí, ya sé
que resulto pesado: pero es el problema que deriva de lo tozudo
de la realidad, que termina empujando a uno a resultar
pesado...), me vuelvo a hacer la misma pregunta de todas las
semanas (y es una pregunta que deriva de la penosa constatación
de que el nivel medio de las producciones que llegan a las salas
de estreno es pobre, muy pobre...): ¿éste es el nivel de calidad
de las películas a las que la cuota de pantalla va a “robarles”
su sitio en cartel? Si la respuesta es afirmativa, duerman
ustedes tranquilos, señores exhibidores: sus cuentas de
resultados no van a sufrir graves quebrantos...
Calificación:
    
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de "El final del espíritu" - Copyright © 2005
Every Tribe Entertainment. Distribuida en España por Karma
Films. Todos los derechos
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