CÓMO SE HIZO "LA VIDA EN
ROSA: EDITH PIAF"
Notas de producción ©
2007
Alta
Films
Notas del director
Tenía ganas de hablar de cómo funciona un artista en su
interior, hacer una película sobre el impulso vital de un
artista. Estaba en una librería, hojeando un libro sobre Edith
Piaf y de pronto se me ocurrió la idea. Inmediatamente, le envié
un texto a Alain Goldman, y a los cinco minutos me dio su visto
bueno y compartió mi entusiasmo. La verdad es que la velocidad
con la que me apoyó me hizo preguntarme por un momento en qué me
había metido... Para mí, Edith Piaf es el ejemplo perfecto de
alguien que no pone ninguna barrera entre la vida y el arte. La
fusión entre su propia vida y su trabajo es la base misma de un
verdadero artista. Como todos los franceses, conocía alguna de
sus canciones y sabía algo de su vida, pero no mucho más, así
que me pareció que ella representaba el pretexto ideal para que
yo pudiera hablar de lo que me interesaba. La inspiración
inicial surgió al ver una fotografía suya por la calle con su
amiga Momone. Poca gente tenía una imagen de ella tan joven,
porque predominan las fotografías de las décadas de 1950 y 1960,
cuando ya se había convertido en un frágil icono vestido de
negro. Esa foto me mostró la imagen de una persona completamente
distinta, de alguien que no era Edith Piaf y que me intrigaba.
Me imaginé una especie de puente entre la imagen que casi todo
el mundo tiene de ella y esta foto en la que aparecía como un
diamante en bruto.
Leí todo lo que se había
escrito sobre ella, estuviera o no editado, tanto de la época en
que estaba viva como ahora. Al mismo tiempo, empecé a escribir
el guión, combinando los aspectos que me parecían más
importantes en lo que estaba leyendo y lo que yo quería expresar
y que iba más allá de la misma Piaf. Creo que tengo una idea
clara de lo que experimenta una artista, ya sea Edith Piaf o
cualquier otra: temores, angustias, deseos... No quería hacer
una película biográfica, pero quería que todo lo que apareciera
en la película fuera real. Tan sólo en algunos momentos, sobre
todo si se referían a su infancia, de la que hablaba muy poco,
he tratado de deducir lo que pudo haber pasado recurriendo a los
pocos elementos de los que disponemos.
En el curso de mis lecturas,
he acumulado mucha información y, sobre todo, he podido
confirmar mis intuiciones. Edith Piaf es innegablemente el
arquetipo del artista. En general, cuando el artista empieza a
autodestruirse, su arte retrocede: en este sentido Piaf
representa una excepción, porque, mientras su cuerpo se iba
consumiendo, su arte se iba elevando, haciéndose más puro. Esto
sucede muy de cuando en cuando. Incluso en su declive, en su voz
y en su voluntad estaba todo lo que la impulsaba a cantar, a
interpretar como no lo había hecho antes. Nunca se rindió. No
creo en el artista atormentado. Como todos, Edith Piaf
obviamente tuvo momentos felices, incluso cuando menos podría
esperarse. No creo que ser desgraciados sea un requisito
imprescindible para ser grandes artistas, o artistas sin más.
Por el contrario, hay que hacer todo lo posible para no ser
desgraciados.
En muchas biografías, la
infancia del personaje aparece poco, y, sin embargo,
precisamente la infancia determina buena parte de nuestra vida.
A menudo, la clave de todo está precisamente en nuestra
infancia.
Prácticamente cada escena
rodada, incluso los diálogos, se corresponden con la primera
versión del guión, porque hice una reelaboración de su
estructura pero no de su contenido. La primera escena está
exactamente como la pensé al comienzo. En sus escritos, en sus
declaraciones, Piaf se expresaba con mucha corrección: en los
diálogos, he utilizado sus propias palabras. Iba directamente a
lo esencial, sin verbosidad.
He leído su correspondencia,
incluso las cartas no publicadas, y me impresionó la calidad de
su prosa, su honestidad y su agudeza de juicio.
A pesar de la inmensa fama de
Edith Piaf, el tema de la película tuvo para mí un carácter muy
íntimo y personal porque puse en ella exactamente lo que quería
decir. Nunca me sentí intimidado por su importancia. Yo quería
hacer un retrato. Narrar su vida no me interesaba en sí. Los
hechos que he filmado ayudan a configurar el retrato. Siempre he
tratado de ser sincero, respetuoso, acercándome a ella pero sin
idealizarla: ella nunca lo hizo, ni consigo misma ni con su
arte; nunca se juzgó con complacencia.
Mientras trabajaba en la
escritura del guión, no quise ver a ninguna persona que la
hubiera conocido directamente. Un día, Ginou Richer, que había
sido su mejor amiga durante veinte años, se puso en contacto
conmigo. Le envié el guión, pensando que sería un verdadero
examen. Me llamó por teléfono para decirme que no me había
equivocado acerca del personaje. Yo veía todo el proceso como
una especie de excavación en la que intentaba reunir una serie
de piezas sin saber si el resultado llegaría a corresponderse
con el original. De todas formas, mi abordaje no ha sido el de
un arqueólogo, sino ―espero― el de un artista con el propósito
de no falsear a los personajes o los acontecimientos. Quería
decir, a mi manera, cosas verdaderas y exactas acerca del
personaje de Piaf, sin traicionarla o sin tener que elegir entre
dos abordajes. Todo lo que yo quería manifestar libremente, a
través de ella o con ella, tenía que inscribirse en su vida
real.
Empecé a pensar en el reparto
de la película confiando en mi intuición. Hay muchos personajes,
y para cada uno de ellos mi elección fue más allá de cualquier
consideración profesional, fue una cuestión más bien visceral.
Además que por su talento como actores, todos ellos me producen
emoción.
Aunque no la conocía
personalmente, para interpretar a Edith Piaf pensé
inmediatamente en Marion Cotillard. La había visto en algunas
películas en las que mostraba su talento dramático, tan
importante para el papel y que pocas actrices posen. Edith Piaf
es un icono: todo el mundo reconoce su rostro, su voz, su
silueta. Para que el público aceptara lo que yo quería decir,
tenía que existir un parecido entre la actriz y la Piaf. Marion
es más guapa, pero guarda una clara semejanza con las fotos de
la cantante cuando era joven. Así que le envié el guión y luego
nos vimos. No teníamos mucho tiempo, así que no hicimos pruebas
propiamente dichas, sólo dedicamos medio día al maquillaje. Pero
lo que sí le pedí a Marion es que hiciera el mismo trabajo de
investigación que yo había hecho, que leyera libros y que viera
sus películas. Me parece que ella, al igual que yo, ha hecho
esta película de forma intuitiva, la mejor forma de hacerla.
Como teníamos un calendario
muy ajustado, tuvimos que ir perfeccionando el maquillaje
durante el rodaje. Didier Lavergne ha hecho un trabajo
increíble. Decía que tanto maquillaje sería imposible para los
primeros planos, pero seguí insistiendo hasta que obtuvo el
resultado adecuado, fue una lucha conjunta. Yo le había dicho a
Marion Cotillard que, por más maquillaje que llevara puesto,
quería verla a ella. No quería imitaciones, ni que ella
desapareciera bajo el maquillaje: quería que se las pudiera ver
a las dos, tanto a ella como a Edith Piaf.
Es la primera vez que he
establecido una relación tan fuerte con una actriz. Los dos
hemos compartido la misma percepción acerca del personaje de
Piaf. Nos inspirábamos mutuamente para nuestro trabajo. En
algunas tomas se oye la verdadera voz de Marion, pero casi todo
el tiempo hemos utilizado el play-back y hacer el play-back de
Edith Piaf es muy complejo. No se trata sólo de poner un disco y
cantar. Marion trabajó mucho para ajustar los tiempos exactos de
la respiración y del ritmo. Ha logrado encarnar a la cantante
capturando su alma: hace que reviva.
No se trataba de volver a oír
todos sus éxitos, y menos aún de hacer una larga relación de sus
célebres amigos y de sus amantes. Me concentré en todos aquellos
que la habían ayudado a construir su propio personaje, y por
ello vemos a su representante y a su ayudante, pero no a
Montand, Aznavour y otra gente famosa de su época. Sólo me
interesaba la Piaf íntima, la mujer y no su imagen pública.
Marlene Dietrich es la única excepción a la regla. También
escribí una escena en la que conoció a Chaplin y él le dijo que
con las canciones ella había conquistado lo mismo que él había
conquistado con sus películas. La verdad es que Marion
interpreta muchas escenas como si fuera una actriz del cine
mudo. Edith Piaf creó un personaje, al igual que lo hizo
Chaplin. Creó su propia leyenda y llegó a inventarse algunos
aspectos, sobre todo con los periodistas, que se los creyeron a
pies juntillas.
Clotilde Courau interpreta a
Anetta, la madre de Edith, que abandonó a su hija para dedicarse
a la canción. Es un papel pequeño pero decisivo. Es un personaje
muy difícil. La madre de la Piaf pedía dinero a menudo a su
hija, y Edith, a pesar de su amargura, siempre la ayudaba. Es la
única de la familia que no está enterrada con ella.
Jean-Paul Rouve interpreta a
Louis Gassion, el padre de Edith, un artista circense
itinerante. Hace mucho tiempo que conozco a Jean-Paul y me
apetecía trabajar con él. Me gusta la sensibilidad que aporta
físicamente a su personaje.
En cuanto a Sylvie Testud,
que interpreta a Momone, la amiga de Edith en los inicios de su
carrera, yo no la conocía y para mí ha sido una revelación. La
había visto en otras películas, pero dan una falsa impresión de
ella. Es muy divertida. Como actriz, es genial, pero también muy
sencilla y sin pretensiones. Me gusta la forma en que ve las
cosas.
Gérard Depardieu interpreta a
Louis Leplée, que dio a la Piaf su primera gran ocasión
profesional. Yo no lo conocía personalmente: fue una sugerencia
de Alain Goldman. Nos entendimos muy bien desde el primer
momento. Gérard es como la Piaf: no separa la vida del arte,
mezcla los dos.
Con Pascal Greggory, que
interpreta al representante de Edith Piaf, Louis Barrier, yo ya
había trabajado antes. Él me llamó y reescribí su papel por
completo. El suyo fue el único papel que modifiqué, siguiendo
los consejos de Ginou Richer. Ella me desveló uno de sus
secretos: Louis había estado locamente enamorado de Edith Piaf,
y al principio llegaron incluso a salir juntos. Esto no aparece
en ninguna biografía, pero era muy importante y afectaba a todo
el personaje y Pascal tuvo razón en insistir en que había que
modificarlo.
En cuanto al personaje de
Marcel Cerdan, el campeón del mundo de boxeo, fue el único para
el que hice unas pruebas. Necesitaba un actor que tuviera cierto
parecido con él y que supiera algo de boxeo. Conocía a
Jean-Pierre Martins desde hacía tiempo, pero no pensé en él para
este papel. Él estuvo tocando en un grupo llamado Les Silmarils
y hace doce años rodé un vídeo para ellos. Después de un par de
pruebas, entró perfectamente en el papel.
Emmanuelle Seigner interpreta
a Titine, la prostituta que se encariña mucho con Edith de
pequeña. Me había reunido con Emmanuelle para hablar de un
proyecto que al final no se concretó, así que tenía ganas de
trabajar con ella. Es verdad que la Piaf se crió en una casa de
citas, pero yo escribí el personaje de Titine basándome en que a
las prostitutas, con su lado maternal, les habría gustado que
una niña viviera con ellas.
No fue fácil conseguir la
financiación para la película. Alain tuvo que esforzarse mucho
para reunir los fondos, así que el tiempo de preparación fue
extremadamente reducido, unos tres o cuatro meses. Más que
nunca, tuve que confiar en mi instinto. No hubo lecturas o
repeticiones, que tampoco es que me gusten. Tanto en el plató,
como cuando escribo, lo que busco es la primera versión, es
decir, la espontaneidad. Teníamos un programa de trabajo tan
frenético, que a veces veía el decorado por primera vez el mismo
día de filmación. El departamento de escenografía trabajaba día
y noche sin interrupción. A veces, cuando rodábamos, la pintura
aún no estaba seca.
El rodaje se desarrolló
durante cuatro meses y medio, a comienzos de 2006, la mayor
parte en Praga, y algunas semanas en París y Los Ángeles. Las
escenas ambientadas en Nueva York se rodaron en interiores.
Obviamente, tuvimos que construir muchos decorados de época, a
veces para una sola escena o un solo plano. Hubo decorados muy
variados y de distintas dimensiones. En la película hay carretas
y también limusinas, porque la vida de Edith Piaf se desarrolla
entre un siglo XIX rural y un siglo XX urbano. No sólo quería
reconstruir una época, sino que el público se viera inmerso en
ella. La narración tenía que ser impresionista, no lineal.
Quería entrelazar varios períodos, trasladándome de unos a otros
por asociación de ideas o de imágenes, como cuando los recuerdos
acuden por un instante a nosotros. Olivier Raoux ha hecho un
trabajo monumental con los decorados. Además, la delicadeza y
los claroscuros de Tetsuo Nagata me han aportado una
sorprendente precisión visual. Era la primera vez que trabajaba
con él y me ha fascinado su maestría en el tratamiento de la
luz.
Estuve mucho tiempo
decidiendo cómo afrontar uno de los momentos más importantes en
la existencia de Edith Piaf, en el que le dicen que Marcel
Cerdan, el amor de su vida, había muerto en un accidente de
aviación mientras volaba para reunirse con ella. Concebí la
escena como un plano secuencia que en cierto sentido resume su
vida: feliz por la mañana, destrozada por la noche, pero siempre
en el escenario. Esa escena se rodó en un decorado expresamente
concebido y fue repetida y coreografiada.
En cuanto a la música, confié
la selección de las canciones a mi instinto, a mis sentidos.
Naturalmente, algunas fueron elegidas casi automáticamente.
También me apetecía oír cantar a la Piaf en inglés, para que no
fuera sólo un símbolo francés. Como artista, no pertenecía a
nadie en particular sino a todos los que la escuchaban. El ideal
de todos los artistas es alcanzar la universalidad.
La realización de esta
película ha durado tres años, tres años ricos en
acontecimientos. Muchas personas se han esforzado en hacer una
película que no sólo obtuviera buenas críticas o que fuera un
éxito de taquilla, sino para hacer juntos una obra digna de la
persona cuya historia se cuenta y digna también de nuestras
expectativas. Todavía recuerdo las veladas que pasé con los
amigos del equipo en mi apartamento de Praga, pero apenas tengo
recuerdos de episodios del plató.
Ésta es sin duda alguna la
película que siento más cercana a mí. En mi opinión, la historia
siempre es sólo un pretexto, un medio para comunicar las
sensaciones que no puedo explicar únicamente con imágenes y
sonido. Procedo de una escuela de arte, no de una escuela de
cine. Trato de tener el enfoque de un pintor, no en el sentido
visual sino como creatividad. A lo largo de los años he
intentado mantener ese enfoque con sencillez y mejorarlo
profundizando lo más posible dentro de mí. La verdad es que, aun
contando y respetando la historia de la Piaf, es una película
muy autobiográfica. Si tuviera que contar mi vida en una
película, no sería mucho más sincero. Todo indica que Edith Piaf
tenía una fe, mientras que yo, personalmente, todavía estoy
buscándola. Me falta esa voz interior que debería servirme de
guía. A menos, que, naturalmente, sea la intuición...
Imágenes
y notas de cómo se hizo "La vida en rosa: Edith Piaf" - Copyright © 2007 Légende, TF1
International, TF1 Films Production, Songbird Pictures y Okko
Productions. Distribuida en España por Alta Films. Todos los derechos
reservados.
Página
principal de "La vida en rosa"
Añade "La vida en rosa" a tus películas favoritas
Opina
sobre "La vida en rosa" en nuestra Lista de Cine
Suscríbete
a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda
"La vida en rosa" a un amigo
|