CRÍTICA
por
Julio Rodríguez
Chico
Toda la vida a una carta
Que la vida no es de color de
rosas, lo sabemos todos. Que quien se lo juega todo
apasionadamente a una sola carta goza y sufre por partida doble,
también. Pero que esos sentimientos de soledad y desdicha, de
amor y felicidad se multiplican por mucho cuando es un alma
especialmente sensible, un artista, quien los padece, eso sólo
lo saben ellos. Por eso, asistir a este biopic de alguien
como Edith Piaf es una experiencia que merece la pena, por su
vida y por su música, y también para oír cómo surgen esos
anhelos y miserias de un corazón que canta a pleno pulmón, para
sentir con ella, para conmovernos y compadecernos.
Conocedor de la fuerza dramática que poseía su trágica
existencia, Olivier
Dahan busca
recoger esa energía destructiva desde su infancia y fusionarla
con los postreros momentos de su muerte, creando así una
unidad temática-vital en torno a la búsqueda del amor y a la
lucha por la supervivencia. Le interesa más la semblanza de
una vida expuesta a los vientos y mareas del amor que el
relato de sus andanzas, éxitos y fracasos. Por eso, lo que nos
ofrece son fogonazos impresionistas de vida, que intercala con
actuaciones y canciones memorables que explican y afirman sus
experiencias. Un montaje paralelo nos lleva a su infancia en
los bajos fondos parisinos o a la adolescencia pasada en los
cabarets de Belleville, a sus difíciles comienzos en la
radio o a su “conversión” en artista, a algunos de sus
efímeros y tormentosos romances o al éxito en el music hall
neoyorquino.
Llama la
atención el prolongado espacio dedicado a su infancia y
adolescencia, con el abandono de su madre y la acogida en un
burdel de su abuela, o el periodo circense y callejero en el que
queda expuesta a todas las contingencias y abusos. Según ha
declarado el director, eran claves para comprender ese espíritu
rebelde y autodestructivo, dado al alcohol, la morfina y todo
tipo de excesos. Después de ver la inocencia atropellada de la
pequeña Edith por unas calles dickensianas, su fe en
Santa Teresa de Lisieux tras recuperar la vista o sus esfuerzos
para ganar una monedas desgañitándose como un gorrión, el
espectador dará por bueno ese retrato inicial, necesario para
entender un carácter desgarrado y una pasión por vivir que se
traducirán más tarde en canciones. Con todo,
Dahan limita y suaviza esas aristas dramáticas a lo
indispensable, y se aleja de un hiperrealismo que hubiera
resultado excesivamente crudo y que podría haber disipado el
aliento romántico –en
sentido estricto, con su dosis de libertad y pasión–, hasta
convertir la evocación de la cantante en una emblema de lo
francés, ensalzado y mitificado sin cuestionarse críticamente
nada de su comportamiento. Le basta con capturar el espíritu de
una época y de una mujer que no tuvo infancia, ni juventud, ni
madurez..., porque lo tuvo todo a la vez, de manera condensada e
intensa, jugando al límite de sus fuerzas y lejos de cualquier
sentido de la contención.
|
 |
También está interesado Dahan
en recoger la ligazón entre su vida y su música, y en ver cómo
va insuflando pasión, desazón y tragedia a cada canción a medida
que la soledad, infortunio y pérdida de salud la invaden. Si en
su primera actuación toma la letra más popular
–La
marsellesa–,
cuando se desprenda de los aduladores oportunistas y vaya
acumulando experiencias, pasará a cantar su propia vida, a hacer
suyas las letras que le ofrezcan si en ellas se ve reflejada.
Resulta interesante pararse en esa transformación de quien
comienza soltando palabras sin vocalizar ni sentimiento, y que
después pasa a necesitar cantar para expresar todo lo que lleva
dentro. En ese sentido, en su primera actuación en el music
hall, comienza dubitativa y encogida por el miedo escénico,
pero poco a poco se va soltando y el público conecta enseguida
con ese espíritu libre, auténtico, sin barreras; en esa escena,
el director acierta al dejarla en off, sin que se escuche
su voz, sólo con la melodía de fondo y los rostros de unos
asistentes al espectáculo en los que se lee esa conversión de la
"Niña Piaf" en "Edith Piaf". Por eso, cada canción responde a un
preciso momento de su vida, de su estado interior, y resulta
antológico ese final en que saca fuerzas de flaqueza para cantar
un Non, je ne regrette
rien (no me lamento de nada) tan sincero como doloroso.
Si
extraordinaria es la mutación de Piaf, no menor es la de la
mujer que le da vida en la película. La incorporación del
personaje que hace Marion Cotillard
no se queda sólo en el asombroso trabajo de maquillaje,
sino que cala mucho más en el interior de Piaf, y traspasa al
espectador su drama por una infancia agostada, por una vida
echada a perder prematuramente, y logra convertirse en espejo
fiel de aquella compleja y paradójica personalidad. Sus gestos y
reacciones desabridas o dulces, su espíritu salvaje y amargado,
su sencillez e inocencia infantil, su irritabilidad y su fe en
la Santa de Lisieux, su fragilidad y su tesón voluntarioso…son
rasgos contradictorios asumidos por una Cotillard que demuestra
una enorme variedad de registros que le permiten dar vida a una
Piaf de dieciocho años y a otra de cuarenta y siete (con una
apariencia de setenta, encorvada y arruinada físicamente).
También al cantar asume y no sólo imita el poderoso torrente de
voz, vibrante y rota, rasgada y tan marcadamente francesa, de
forma que logra momentos muy conmovedores, como el de los
desmayos sobre el escenario. Música e interpretación redondeadas
por una labor de ambientación, especialmente de los bajos fondos
parisinos, que recrea un periodo convulso de Francia, aunque
aquí se haya prescindido de cualquier referencia histórica o
política.
Por su parte, Dahan intenta
adaptar los recursos cinematográficos a las turbulencias de la
vida de la protagonista, y en muchas escenas mueve la cámara con
profusión realizando barridos rápidos, usando abundantes
primeros planos o creando artificiosos planos secuencia por los
pasillos interiores. Aunque pretende aportar con ellos
verosimilitud y reflejar la desesperación y locura de Piaf,
acaba resultando entorpecedor y distrae cuando no distorsiona la
realidad mostrada. También podríamos haberle
exigido un punto de concisión y claridad narrativa, pues, con
tanto flashback, a veces la historia se presenta
confusamente mientras que el ritmo reiterativo de escenas
similares alarga en exceso el metraje.
Semblanza llena de fuerza y
emoción que gustará no sólo a los nostálgicos y a los amantes de
la canción francesa, sino a aquéllos que aprecien la conexión
entre el drama vivido y el arte expresado por esta mujer que se
lo jugó todo a una carta, la del amor, aunque esa pasión la
arrastrase por caminos de autodestrucción y sufrimiento, y de
una culpa de juventud convertida en secreto que enturbiaría su
vida “en rose”.
Calificación:
    
Imágenes
de "La vida en rosa: Edith Piaf" - Copyright © 2007 Légende, TF1
International, TF1 Films Production, Songbird Pictures y Okko
Productions. Distribuida en España por Alta Films. Todos los derechos
reservados.
Página
principal de "La vida en rosa"
Añade "La vida en rosa" a tus películas favoritas
Opina
sobre "La vida en rosa" en nuestra Lista de Cine
Suscríbete
a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda
"La vida en rosa" a un amigo
|