CÓMO SE HIZO "MI MEJOR
AMIGO"
Notas de producción ©
2006
DeAPlaneta
Entrevista a Patrice Leconte
¿Cómo surgió la idea de
Mi mejor amigo?
Surgió
antes del rodaje de Les bronzés, el día que Jérôme Tonnerre me
llamó para decirme que tenía entre manos una sinopsis bastante
desarrollada escrita por Olivier Dazat para Fidélité
Productions. Necesitaban a un director y Jérôme enseguida pensó
que me podría interesar. Y con toda la razón. Me encantó el
punto de partida. Y si bien tenía mis reservas con relación al
desarrollo de la trama fui a reunirme con los productores. Tras
ese fructífero encuentro y a partir de esa base, Jérôme y yo
empezamos a trabajar en equipo para ir en una dirección que nos
complaciera a ambos.
¿Qué fue lo que le sedujo
exactamente de la historia creada por Olivier Dazat?
La apuesta de su guión: la historia de un hombre
del que se dice que no tiene amigos, que se exalta en exceso y
que, para demostrar lo contrario, participa en una especie de
apuesta absurda y abstracta: ¡mostrar a los demás el amigo que
no tiene! Me pareció original el hecho de plantear una apuesta
con relación a algo sobre lo que es tan inconcebible apostar.
Además, este hecho me permitía hablar de la amistad y de su
ausencia. Según yo lo veo, es como explicar una historia de
amor. ¡Basta con cambiar los nombres! Pero si este proyecto
enseguida me resultó atractivo fue porque también sentía que el
tema que trata resonaba en mí de forma íntima. Desde luego no se
trata de una película autobiográfica, pero si me preguntaran de
sopetón quién es mi mejor amigo, no sabría qué responder. Salvo
que, a diferencia de François, el personaje que interpreta
Daniel, esto no me impide vivir.
¿Cómo trabaja
con Jérôme Tonnerre cuando escriben juntos?
Es la segunda vez que trabajamos juntos después de
Confidencias muy íntimas, y hemos colaborado exactamente del
mismo modo. Nuestra forma de trabajar en equipo es sencilla. Nos
vemos durante tardes enteras y hablamos mucho. Jérôme toma notas
y llega a comprender en qué dirección deseo ir. Es un auténtico
camaleón. Así pues, acabo dirigiendo una película que ha escrito
él, que hemos desarrollado en equipo pero que me resulta muy
cercana. Y esto se debe a que ha penetrado en mi mente sin dejar
de aportar su toque personal.
Esta cinta es
una mezcla de géneros, está a caballo entre la comedia y el
drama. Cuándo empezaron a escribir, ¿estaba presente el deseo de
hacer una película de este estilo?
No. Cuando empezamos a escribir, teníamos pensado
situarnos más dentro del ámbito de la comedia. Pero tratar con
mucha ligereza el tema de la amistad, que tanto me apasionaba,
no me dejaba satisfecho. Por el contrario, me gustó el hecho de
imaginar una película que diera un vuelco total. Como un avión
que en un festival aéreo despega con toda normalidad y tras
entrar en barrena se encuentra volando boca arriba.
¿Eligió
también Mi mejor amigo porque le pareció que era acertado
lanzarse a esta aventura después de Les bronzés?
Cuando estoy haciendo una película, por lo general
sé cuál voy a hacer después... sin que eso signifique, sin
embargo, que tenga en mente un plan de carrera preciso. En
cualquier caso, yo sabía que Mi mejor amigo sería la película
que dirigiría tras Les bronzés. Y esto me parecía bien, puesto
que ya no me apetece hacer películas demasiado serias. La vida
ya lo es bastante… Así pues, estaba encantado de sumergirme en
una cinta intimista sobre la amistad cuya melodía resulta un
poco provinciana —aunque la acción se desarrolle en París—, con
personajes sencillos. No es que se trate de una recopilación de
lo mejor de mis películas anteriores, pero sí es cierto que
reúne buena parte de mis fuentes de inspiración.
¿Cuándo se decidió cuáles iban a ser los dos actores
principales?
Inmediatamente pensé en Daniel Auteuil. Parece tan abierto,
amistoso y afable que me parecía que sería original verle
interpretar a un personaje que no tiene amigos. Si hubiésemos
elegido a un actor que hubiese resultado ser un pleonasmo del
papel, porque al verle hubiese parecido plausible esta
situación, no hubiese funcionado tan bien. Habría sido como
trucar los dados de antemano. En cuanto al actor que
interpretaría a Bruno, tuvimos muchas más dificultades para dar
con él. Se nos ocurrieron muchas ideas, pero ya hacía tiempo que
yo tenía a Dany Boon en mente. Después de haber visto sus
distintos espectáculos, hacía mucho que tenía ganas de trabajar
con él. El único problema fue que, al principio, su nombre no
hizo mella en los productores. Así pues, abandoné la idea con
gran pesar. Pero como recibimos varias negativas y Dany fue
obteniendo cada vez mayor reconocimiento gracias a Joyeux Noël,
volví a la carga. Y todavía más teniendo en cuenta que Daniel me
había animado en este sentido, puesto que la interpretación de
Dany en El juego de los idiotas le había parecido magnífica.
Tanto para él como para mí, era el actor y el hombre que
necesitábamos para este proyecto. Así que fue él. Pero repito
que, tanto en mi mente como en mi corazón, fue él desde el
principio.
¿Por qué lo
quería para esta película, exactamente?
Dany Boon representa para mí alguien maravilloso
en el sentido más simple de la palabra. Alguien luminoso.
Alguien abierto. Y yo necesitaba esta simplicidad, este aspecto
prosaico. Posee una capacidad simple —que no simplona— de
maravillarse ante las cosas, y también de una establecer una
relación singular con las personas con que mantiene una
conversación. Y eso es exactamente lo que hacía falta para
interpretar a su personaje. Además, se metió en la piel del
personaje de Bruno como si entrase en un baño a la temperatura
ideal.
¿Surgió la
química de forma inmediata entre Daniel Auteuil y Dany Boon?
Enseguida se hizo evidente que disfrutaban
trabajando juntos, ya que inmediatamente surgieron una
admiración, una amistad y un respeto mutuos. Además ambos poseen
además una generosidad que marca la diferencia. Ninguno de ellos
busca en ningún momento saber si es mejor que el otro. Trabajan
como un equipo.
Al observar su
filmografía, uno se da cuenta que le gustan especialmente las
buddy movies…
Con la distancia, me he percatado de que
prácticamente en todas mis películas los «dúos» estaban
compuestos a la vez por personas con las que ya había trabajado
y por personas completamente nuevas. Es como si hubiese
necesitado tranquilizarme con las personas que ya sabía como
funcionaban al enfrentarme a lo desconocido. Este es el caso de
El hombre del tren, en que conocía a Rochefort pero no a Johnny
Hallyday, de La viuda de Saint Pierre, en que conocía a Daniel
Auteuil pero no a Juliette Binoche, de Confidencias muy íntimas,
en que conocía a Sandrine Bonnaire pero no a Fabrice Luchini.
Pocas de mis cintas escapan a esta regla, ¡y las que escapan a
ella no son precisamente mis mejores películas! [risas]. Además,
hace poco, un estudiante que estaba escribiendo una tesina sobre
la pareja en el cine me señaló algo todavía más increíble: en
todos mis largometrajes, o en casi todos, pongo en escena a
personajes que se encuentran durante la película, sin conocerse
de antemano. Este es el caso de Daniel y Dany Boon en esta
película, así como de películas como de El hombre del tren, La
chica del puente, Confidencias muy íntimas… Sólo Tandem escapa a
esta regla. Se podría decir, pues, que mi tarea como cineasta
consistiría en organizar encuentros. Yo jamás habría podido
escribir El gato con Signoret y Gabin, que trata sobre una
pareja que convive desde hace muchos años. No sabría tratar el
tejido de las relaciones, ya que en tal caso sería demasiado
grande en mí la necesidad de nutrirme de lo que ha ocurrido
antes de la película. Me gusta organizar los encuentros en el
presente del film, ya que basta con observar lo que van a hacer
los personajes. Serge Frydman me dijo una vez que los verdaderos
guionistas de una película son los personajes. Tiene razón.
Desde el momento en que se han diseñado los personajes como es
debido, lo único que hay que hacer es observarles vivir. Como si
uno fuese un químico.
¿Por qué
eligió a Julie Gayet para el papel de la socia del personaje de
Daniel Auteuil?
Hace algunos años rodé una cinta publicitaria para
France Inter en la que una joven iba en bicicleta. Estábamos
buscando a una actriz y durante una reunión propuse el nombre de
Julie. Y todo el mundo estuvo de acuerdo. Así pues, conocí a
Julie en esa ocasión y le expliqué que la iba a filmar en blanco
y negro mientras iba en bicicleta con un vestido rojo. Ella
confió en mí. Y me entendí bien con ella. Así que se me metió su
rostro en un rincón de la cabeza al acecho de la película en que
pudiera recurrir a ella. Y ante el personaje de Catherine, el
más lúcido y que siempre va un paso por delante de todos los
demás, enseguida pensé que Julie sería absolutamente perfecta,
puesto que posee ese tipo de inteligencia que no resulta nunca
intelectual, artificiosa o corrompida. Así pues, le propuse
participar en la película y aceptó.
Después de La
chica del puente y La viuda de Saint Pierre, ésta es la tercera
vez que colabora con Daniel Auteuil. ¿Tienen todavía la
necesidad de hablarse?
Daniel confía más en una mirada y en una sonrisa
que en mil palabras. No es de ese tipo de actores que necesitan
nutrirse de psicología. Tanto mejor, porque yo no soy de los que
va detrás de los actores para explicarles de dónde vienen sus
personajes y adónde van. Lo que me interesa es hacer las cosas,
sentirlas. Cuando un guión está bien escrito, los actores deben
poder entrar en él de forma natural. Y Daniel es así. Antes de
la película sólo nos vimos para las pruebas de vestuario y hasta
el primer día de rodaje sólo necesitamos llamarnos dos o tres
veces. Fue por la escena de Drouot y Julie estaba nerviosísima.
Siempre resulta un poco estresante empezar a actuar con un
director que uno no conoce y con un actor que uno no conoce pero
que sí que conoce al director. Es sencillo: con Daniel, tenía la
impresión de habernos separado el día anterior. ¡Es lo que se
dice de todas las personas que uno quiere y que pierde de vista!
Y con relación
a esta complicidad que existe entre ustedes dos, ¿ha prestado
más atención a los actores nuevos —con Dany Boon y Julie a la
cabeza— para integrarlos en su universo?
Todo consiste en encontrar un equilibrio. Un día
hice una gran tontería. En La chica del puente rodé por primera
vez con Daniel, mientras que acababa de dirigir a Vanessa
Paradis en Uno de dos. Así que el primer día dediqué toda mi
atención a Daniel por el hecho de ser el recién llegado y dejé
un poco de lado a Vanessa. Y me consta que ella lo vivió muy
mal, ya que esa misma tarde me dijo que por el hecho de que ya
hubiésemos rodado una película juntos no tenía por qué dejarla
de lado. Me explicó que me necesitaba tanto como la primera vez.
Me di cuenta de mi error, y eso me sirvió de lección. Desde
entonces, durante los primeros días de cada uno de mis rodajes
evidentemente he prestado un poco más de atención a los actores
nuevos pero nunca he dejado de lado a los «viejos». En ambos
casos, mi forma de dirigir a los actores se basa exactamente en
lo mismo: en la confianza que deposito en ellos. Un actor que
actúa sin sentir que hay confianza en la mirada del director que
le observa es como un pájaro sin alas. ¡No puede volar! Se da un
batacazo a la que deja el nido.
Después de
haber hecho un guiño al concurso radiofónico francés «Le jeu des
1000 francs» [El juego de los mil francos] en Tandem, en esta
ocasión es otro concurso —este televisivo— el que se honra en Mi
mejor amigo: «Qui veut gagner des millions» [la versión francesa
de «¿Quién quiere ser millonario?»], con el presentador del
programa, Jean-Pierre Foucault interpretándose a sí mismo. ¿Por
qué esta elección?
Es muy sencillo. Cuando elaboramos el guión con
Jérôme Tonnerre sabíamos que en un momento de la película el
personaje de Bruno debía participar en la emisión de un
concurso. Y un día tuvimos una revelación: ¡uno de los comodines
de «Qui veut gagner des millions» consiste en llamar a un amigo!
A partir de entonces, nos poníamos enfermos con sólo pensar en
la posibilidad de que los productores de «Qui veut gagner des
millions» nos dijeran que no. No podía imaginarme creando un
concurso ficticio. Era preciso que el concurso estuviese en
contacto directo con la vida real, que el público tuviese sus
puntos de referencia. Y me pareció sensacional filmar en scope a
Jean-Pierre Foucault interpretándose a sí mismo. Le había
conocido poco antes. Había una relación muy afable entre
nosotros. Simplemente le dije que respetara el texto escrito,
que fuese él mismo y que no intentara hacer de actor. Y fue todo
un regalo.
¿Qué
planteamiento visual eligió para la puesta en escena de Mi mejor
amigo?
Como que las películas que dirijo son bastante
diferentes, intento tener para cada una un proyecto, si bien
modesto, de puesta en escena. Pero debo confesar, aunque me dé
vergüenza, que cuando abordé Mi mejor amigo no me había
planteado nada al respecto. Tenía suficiente confianza en el
guión y en los personajes como para prescindir de ello sin
temor. Así pues, puse en escena la película de un día para otro
sin un planteamiento previo. Salvo en lo que respecta a lo que
no pierdo nunca de vista: los actores y, por tanto, los
personajes. Tanto en lo referente a la puesta en escena como a
los encuadres, quería una película que tuviera toda la
apariencia del naturalismo y en que las cosas incómodas,
extrañas y agrias nos cayeran encima cogiéndonos desprevenidos.
No deseaba que la puesta en escena desentonara ya que esto
hubiera constituido un pleonasmo con respecto a lo propuesto en
el guión. Evidentemente, ¡espero que la puesta en escena sea
mejor que la de un telefilm de poca monta! [risas]. Pero no
quería ser rebuscado.
¿Cómo eligió
la música?
Recurrí a un grupo que se llama L’attirail, que
dirige Xavier Demerlac. Le conocí hace algunos años, cuando
buscaba la música para La chica del puente. Di con su primer
álbum. Me encantó, le conocí y asistí a sus conciertos. Y le
dije que si un día se presentaba la ocasión le pediría una banda
sonora para una película. Me pareció que Mi mejor amigo podría
irle como anillo al dedo, porque no iba a caer en la emoción
fácil. También por el hecho de que su música, a veces al límite
de la fanfarria, tiene algo muy alegre. Sus sonoridades pueden
ser exuberantes y a un tiempo tener acentos muy tristes. Esa
mezcla nada convencional me sedujo. Y, finalmente, estoy que no
quepo en mí de alegría, ya que en la banda sonora hay un
colorido musical muy particular que a priori no tenía nada que
ver con la película pero que casa con ella a la perfección.
Con frecuencia
se dice que una película se reescribe durante el montaje. ¿Fue
este el caso de Mi mejor amigo?
En efecto, esta película se reescribió durante el
montaje, pero de una forma inesperada. En todas mis películas,
el carácter evidente de una u otra escena o el poder evocador de
una u otra imagen me han hecho cambiar la construcción. En este
caso, esto se ha producido de un modo más singular. Calculamos
que la primera versión del guión duraría 125 min. Entonces,
Jérôme Tonnerre y yo enseguida indicamos a los productores que
íbamos a hacer cortes previos al rodaje. Pero tuvimos el lujo
extraordinario, puesto que esto cuesta mucho dinero, de que los
productores nos pidieron que rodásemos la versión completa y que
decidiésemos qué sería lo mejor durante el montaje. Acepté la
regla del juego, y la duración de mi primer montaje finalizado
fue de… 125 min. A partir de ahí, con mi montadora Joëlle Hache,
nos planteamos la cuestión del porqué y del cómo de los cortes,
como si se tratara de un juego de Lego. Fue un proceso muy
divertido.
Hemos podido
leer aquí y allá que pronto va a dejar el cine. ¿Esta película
le ha animado a continuar?
Esta decisión no surgió a raíz de una decepción
con respecto a una película u otra. Así pues, el hecho de que me
haya entusiasmado con el rodaje de Mi mejor amigo no va a
hacerme cambiar de opinión. No es que haya dejado de gustarme el
cine, me sigue encantando hacer películas. Simplemente me
gustaría retirarme antes de perder el frescor. Actúo de algún
modo como Anna Galiena en El marido de la peluquera, que
consciente de que el amor excepcional que la une al personaje de
Jean Rochefort no será eterno decide tirarse a la esclusa cuando
todavía se siente en las nubes. Por lo tanto, después de Mi
mejor amigo no voy a rodar más de tres largometrajes, que por
otro lado sé concretamente cuáles van a ser. Así pues, ¡ya no
hay espacio para nada más! Y al comunicarlo públicamente no
pretendo causar la sensación de gran anuncio, sino forzarme a
respectar mi palabra. A hacerlo realmente. Sin por ello reunirme
con Galiena tirándome a una esclusa…
Imágenes
y notas de cómo se hizo "Mi mejor amigo" - Copyright © 2006
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