CÓMO SE HIZO "EL GUÍA DEL
DESFILADERO"
Notas de producción ©
2007
Hispano Foxfilm
3. El diseño
Desde el principio, el
director Marcus Nispel sabía que era una gran oportunidad para
crear su propio estilo visual único que haría que EL GUÍA DEL
DESFILADERO se alejara del resto de historias de aventura y
supervivencia. Dado que la historia se desarrolla en un tiempo
más allá del alcance histórico, Nispel pudo ejercitar una
libertad creativa sin límites. Para empezar, Nispel colaboró con
el artista e ilustrador Christopher Shy en un conjunto de
storyboards profusamente detallados. Shy es uno de esos grandes
artistas en el mundo de las novelas gráficas y es célebre por
sus dibujos, tan llenos de detalle y textura que parece que
vayan a saltar de la página. En lugar de ilustrar sólo unas
pocas secuencias clave, crearon preciosas ilustraciones de cada
fotograma de la película. “Decidimos que pintaríamos toda la
película antes de filmarla”, explica el director. “Christopher y
yo realizamos una gran colaboración. Ambos amamos a los héroes,
nos gustan el mismo tipo de películas, y disfrutamos enormemente
trabajando juntos”. Las imágenes resultantes, a veces brutales,
otras etéreas y emotivas, impresionaron a todos los que las
vieron. “Pudimos apreciar como EL GUÍA DEL DESFILADERO iba a
convertirse en una novela gráfica llevada a la realidad”, dice
el productor ejecutivo Bradley J. Fischer. “Marcus posee un
talento especial para el estilismo visual, así que pudo crear un
mundo que es diferente de la realidad, pero al mismo tiempo
funciona con sus propias y sencillas normas”. Los detalles
surgieron en el momento de dar vida a las dos culturas
enfrentadas de los indios Wampanoag y los vikingos.
Los Wampanoag
fueron los habitantes originales del área que hoy día forman
Massachussets y Rhode Island, en donde vivieron al menos durante
10.000 años como pescadores, cazadores y guerreros que
impulsaban una forma de vida en armonía con la naturaleza. Son
asimismo la tribu que posteriormente, en el siglo XVII
fraternizó con los peregrinos antes de sucumbir a la oleada de
enfermedad y violencia que trajeron los británicos.
Aunque
existen muchas investigaciones sobre la era colonial de los
Wampanoag, gran parte de su vide en el siglo IX siempre será un
enigma. Todo ello le ofrecía a Nispel la oportunidad de tomar
ciertas licencias creativas. “Estamos hablando de la vida hace
un millar de años, así que hay pocas pruebas de nada”, destaca.
“Y cuando hablas con nativos americanos o historiadores, cada
uno tiene una idea diferente de cómo era. ¿Tenían en realidad
casas en los árboles? Bueno, puede que si provenían de Asia, así
fuera. Hablé con cada director de departamento y les pedí que
pensasen sobre cómo serían las cosas para dejar que el aspecto
final fuese una mezcla de muchas teorías e ideas diferentes”.
Cuando le
llegó el turno a los vikingos, Nispel tenía claro que quería
superar los siglos de estereotipos burlescos. “Según
investigábamos, nos dimos cuenta de que en América, 9 de cada 10
libros sobre vikingos tienen chiquillos con cuernos”, comenta
divertido. “¡Aquí, casi siempre se han visto como en los dibujos
animados, mientras que en Europa los recordamos como
saqueadores! En Europa se les sigue considerando una gran
potencia histórica”.
La realidad
sobre los vikingos es que se trataba de una sociedad compleja
que prosperó gracias a una ofensiva agresiva, que eran grandes
marinos, así como granjeros, mercaderes y buenos artesanos con
un estilo de vida singular. En su búsqueda por aumentar su
influencia en el mundo, los vikingos comenzaron el asalto de
pueblos y ciudades de toda Europa, ganándose una reputación de
asesinos paganos que ha permanecido para siempre.
Nispel quería destacar esta última parte y evitar cualquier tipo
de interpretación fría y estrictamente histórica. Visualizó a
sus vikingos como hombres que creían en la gloria de la
violencia y la conquista, lo que en último caso encaminó su
sociedad hacia la perdición. También desarrolló un aspecto
singular para ellos, evitando los estereotipos habituales y las
últimas sugerencias de los historiadores sobre que los vikingos
nunca vistieron los famosos cascos con cuernos que suelen llevar
asociados.
“No estábamos
creando una lección de historia, de modo que teníamos ganas de
crear cierta cantidad de invenciones para los vikingos”, añade
el director. “Lo más importante es que se trata de nuestras
propias invenciones. No son ninguna clase de representación que
se haya visto antes”.
Para hacer
realidad su visión, Nispel contó con el diseñador de producción
Greg Blair, con quien ya había colaborado en La Matanza de Texas
(2004). “Desde el punto de vista del diseñador de producción,
trabajar con Marcus es la misión ideal”, dice Blair, “porque se
trata de un genio visual. Siente un gran cariño por el séptimo
arte y presta especial atención al aspecto de cada detalle.
Desde mi punto de vista, resulta una inspiración constante”.
Al igual que
Nispel, Blair comenzó con una profunda investigación, apoyada
por la imaginación. Nos comenta: “Queríamos permanecer fieles y
respetuosos ante la cultura indígena americana, pero al mismo
tiempo aportarle un gran aspecto a la película. Investigamos
mucho y una de las cosas que sabíamos es que no queríamos
continuar la descripción estereotipada de que los indios vivían
en tipies. Aquí tenemos Wampanoag que vivieron en la costa este,
no en las llanuras, así que el público podrá apreciar una imagen
diferente a la de los indios americanos que ha visto”.
Tras muchas
noches de hojear libros de historia de los indios americanos,
Blair se encontró construyendo poblados enteros de Wetus, la
singular estructura de esterilla de paja entretejida que los
Wampanoag usaban como hogar. “Los indios americanos tenían todo
tipo de estructuras”, dice Blair. “Los Wampanoag vivían en dos
tipos de edificios: uno que llamaba la casa larga, con una
estructura rectangular y alargada y luego unidades familiares
con cúpula más pequeñas. Lo que hicimos para la película es
similar a esos diseños históricos, pero añadimos algo nuevo,
construyéndolos como secciones, al igual que el Teatro de la
Ópera de Sydney. También las construimos de acero y espuma, en
lugar de madera, por la mayor velocidad de construcción y mejor
estabilidad, para luego cubrirlas de musgo y corteza”.
Una de las
creaciones favoritas de Blair es la casa del árbol del
Pathfinder, que se eleva por encima del bosque, ofreciéndole una
amplia vista del mundo que protege. “Después de hablar con
Marcus, queríamos darle al Pathfinder algo muy especial, algo
que realmente lo apartara de la tribu, de modo que decidimos
colocarlo en un árbol”, explica Blair. “No podíamos estar
seguros de su precisión histórica, pero el diseño era
impresionante y muy divertido, y parecía algo posible o
verosímil. Una vez hallada la localización, el diseño surgió con
un sentimiento muy orgánico. Después, para el interior, lo
rellenamos con una serie de cazadores de sueños, campanillas
activadas por el viento y símbolos de chamán”.
Cuando llegó
el turno de los vikingos, Blair se enfrentó a la tarea de
construir un ‘barco dragón’ realista, en el cual hubiesen
cruzado el Atlántico. También conocidos como ‘drakars’, estos
apocalípticos buques tallados de madera eran tripulados por
hasta 60 remeros y podían transportar hasta 400 guerreros hacia
orillas lejanas.
“El barco
dragón era todo un reto de diseño”, comenta Blair, “y está
basado en ilustraciones históricas del aspecto real de los
barcos vikingos. Dado que el buque iba a naufragar, tuvimos que
construir una estructura de 12 metros de alto y luego le dimos
la vuelta. A continuación llevamos todo el conjunto hasta el
lago Buntzen con ayuda de una grúa”.
Para ilustrar
la carnicería de las campañas vikingas, Blair creó otro plató
escalofriante. En este punto acudieron a los expertos del
departamento de prótesis para ilustrar las espeluznantes
imágenes de cuerpos masacrados, atravesados por lanzas, restos
decapitados, cuervos comiendo los ojos de cadáveres o los perros
dándose un festín con las tripas de un hombre.
Para este
trabajo, Blair trabajó junto a la diseñadora de maquillaje Renée
April, ganadora en dos ocasiones del premio Genie y entre cuyos
trabajos se encuentran El Día de Mañana y Confesiones de una
Mente Enferma. April creó un nuevo aspecto para los vikingos
cinematográficos. “Queríamos encontrar algo entre el bárbaro con
pieles de los cómic, la compleja y mítica cultura real y el ser
puramente salvaje y malvado que van a representar”, explica.
“Pero desde luego queríamos que pareciesen enormes, duros,
metálicos y muy, muy malos”.
El vestuario
partía de una cota de malla, y se añadían capas con cuero,
pieles y metal afilado hasta que teníamos algo realmente
imponente. “Me guié por mi instinto”, explica April. “No
estábamos en un documental, así que me preguntaba qué quedaría
bien y qué resultaría gracioso. En cuanto a los nativos
americanos, lo enfocamos más desde la historia, pero con los
vikingos fuimos tan lejos como pudimos”.
Las
vestimentas debían resultar espectaculares para el ojo, pero
resultaban muy pesadas para los actores. Apunta Clancy Brown:
“La parte más dura de ser Gunnar era llevar su traje, porque era
muy, muy pesado. Tenía placas de metal en el pecho, hombreras y
garras de oso que al menos pesaban 15 kilos. ¡Al finalizar cada
día me sentía 2 cm más bajo!”.
Para los
trajes de Karl Urban en su papel de Ghost, Renée April empezó a
partir del típico traje Wampanoag, pero poco a poco fue
cambiándolo hacia su propia mezcla de los estilos vikingo y
nativo americano. Urban quedó impresionado por la forma en que
su figuración se sincronizaba con el desarrollo de su personaje.
“El aspecto híbrido que adopta se convierte en una especie de
metáfora de quién es el personaje”, comenta Urban.
Arnold Messer
quedó especialmente impresionado con la vestimenta. “Los trajes
de los indios americanos son increíbles, tienen pinceladas muy
auténticas y son muy funcionales. Y respecto a los vikingos,
Renée consiguió dos aspectos muy importantes al mismo tiempo.
Muestra la gran fuerza y mole que representa a la civilización
nórdica, y asimismo la dureza y agresividad que son necesarias
en la historia”.
La
significativa tarea de capturar los cuidados diseños y aspecto
visual de Nispel en una película recayeron en el director de
fotografía Daniel C. Pearl, ASC, quien añade su propio sello al
aspecto de la cinta. Pearl ya había trabajado con Nispel en La
Matanza de Texas (2004), además de haber rodado la película
original en 1973. Para esta película, trabajó enfrentándose a
condiciones lumínicas tan extremas como cambiantes, con un clima
canadiense que le obligó a modificar sus estrategias en medio
del rodaje. Nispel reconoce a Pearl su labor en conseguir la
atmósfera apocalíptica y tensa que buscaba en EL GUÍA DEL
DESFILADERO. “Daniel Pearl ha realizado un trabajo asombroso”,
dice Nispel. “Cuando ves la película, nunca se podrá apreciar lo
suficiente los grandes desafíos que supusieron rodar de noche,
de día, con lluvia, sol radiante o cielo nublado y, con todo
ello, conseguir que parezca una única historia integrada”.
4.
El rodaje
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Century Fox y Phoenix Pictures. Distribuida en España por
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