CRÍTICA
por
Joaquín R. Fernández
Marcus
Nispel es un realizador al que no pocos encumbraron tras
"La matanza de Texas (2004)",
ese innecesario remake de la película de Tobe Hooper.
Ahora, Nispel comete de nuevo el error de gestar un largometraje
basándose en otro, en este caso "El guía del desfiladero", la
cinta de Nils Gaup de igual título que la que es objeto de este
comentario, afrontando además el primer fracaso comercial de su
corta carrera cinematográfica (el filme apenas recaudó 10
millones de dólares en los Estados Unidos, una cifra irrisoria
si tenemos en cuenta que su presupuesto se aproximó a los 45,
seguramente con publicidad incluida).
La película
nos narra la historia de un niño vikingo que, siendo el único
superviviente de un naufragio, es adoptado por una tribu de
nativos americanos. Pasan los años y el chico se convierte en un
gran guerrero; sin embargo, una nueva horda de vikingos llega
hasta la costa y ataca a estas gentes, que nada pueden hacer
contra las armaduras y las espadas que portan los invasores.
Éstos desean conocer dónde se han ocultado otros integrantes del
clan, de ahí que obliguen al que precisamente lleva su misma
sangre en las venas a que les lleve hasta ese recóndito lugar.
Desafortunadamente, esta propuesta de Marcus Nispel carece de
todos los elementos que resultan imprescindibles para que
funcione cualquier largometraje de aventuras que se precie de
serlo: acción, tensión y emoción. Falla la primera
característica porque son contadas las ocasiones en las que
observamos combates, refriegas u otro tipo de pasajes que
pudieran contener cierto grado de espectacularidad en sus
imágenes. No existe tensión porque el espectador tan sólo
muestra indiferencia ante lo que se le está narrando y en ningún
momento se siente cautivado por una situación límite.
Finalmente, la emoción brilla por su ausencia a causa de la
labor del realizador, quien no consigue que nos interesemos por
las correrías del protagonista.
Si a ello le
sumamos su esquemática y manida trama, una carencia que pasaría
un tanto desapercibida si no fuera por la fragilidad general del
filme, lo que nos queda es un título del montón que, sin que
pueda calificarse de ser un bodrio o un tostón, se olvida con
facilidad y ya forma parte de ese numeroso grupo de películas
que se regodea en su obvia intrascendencia. Desde un punto de
vista técnico, la realización de Nispel es desesperante, no
porque sea especialmente tosca, sino más bien debido a que a
estas alturas ya cansa la abusiva utilización que se hace de las
ralentizaciones para otorgarle una falsa grandilocuencia a las
escenas de lucha.
Los únicos
minutos que merecen resaltarse de la cinta son aquellos que
transcurren durante su conclusión, esto es, cuando el héroe de
la función conduce a sus enemigos por el desfiladero. Éstos, por
cierto, presentan unas armaduras que los asemejan a unos orcos
sacados de la Tierra Media, cualquiera sabe si para evitar que
algún despistado no se percate de quiénes son los malos de la
historia. Respecto a la banda sonora de Jonathan Elias,
el compositor recurre a la percusión e introduce unos forzados
temas épicos con los que se pretende acentuar la escasa
vistosidad de lo que acontece en la pantalla.
Calificación
película:
    
Calificación
banda sonora original:
    
Imágenes
de "El guía del desfiladero" - Copyright © 2007 20th
Century Fox y Phoenix Pictures. Distribuida en España por
Hispano Foxfilm. Todos los derechos
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