CRÍTICA
por
Albert Meroño
Peñuela
Desde la
muerte en 1998 del gran Akira Kurosawa, la atención mediática
sobre el archipiélago nipón se ha centrado en buena medida en la
figura de Takeshi Kitano.
Sin embargo, el gran público ha accedido a Kitano por medio de
sus shows televisivos, tanto dentro como fuera de Japón;
en nuestro país, su espacio más afamado (y recientemente
rescatado) es el concurso de humor oriental “Takeshi’s castle”
(xenófobamente traducido como “Humor amarillo”). A quienes sólo
le conozcan por su rol de presentador comediante, quizá no les
sorprenderá tanto saber que, además, Kitano es o ha sido
escritor, pintor, poeta, docente, programador de videojuegos,
actor y director de cine.
Es en esta última faceta donde Beat
Takeshi, como se le conoce habitualmente, ha trascendido desde
la muerte de Kurosawa. Hasta entonces, Kitano se había
convertido en gran artífice del cine sobre la yakuza
(mafia japonesa), con películas como “Sonatine” (1993),
“Hana-bi. Flores de fuego” (1997) o "Brother" (2000), que ya le caracterizaban
como experto cuidador de personajes, anulador de valores
morales y humorista de lo violento. Pero las cintas que
vinieron después, y muy especialmente la tierna "El verano de Kikujiro" (1999), la hermosamente triste "Dolls" (2002) y la genial
"Zatôichi" (2003), mostraron al mundo las
otras muchas caras del Takeshi Kitano que se redefinía
entonces a sí mismo, en ocasiones con resultados totalmente
novedosos.
“Takeshis’” (2005) es, en cierto modo,
algo distinto y todo lo visto anteriormente a la vez; no en vano
el tagline en el estreno japonés rezaba “500% Kitano,
nada más que añadir”. El producto final es una mezcla
ácidamente concentrada de todo lo que ha dejado verse en las
producciones del cineasta: mafia, tiros, tristeza, alguna
katana y otros pocos elementos danzan en torno a la
estructura principal de la parodia, sobre todo hacia la imagen
que la audiencia cinéfila pueda tener del realizador.
Porque, y si no lo he mencionado todavía,
lo hago ya, serán privados de muchas de las sonrisas si no
conocen mínimamente a Kitano: “Takeshis’” significa “lo de los
Takeshi” o “lo que pertenece a los Takeshi”, así que
definitivamente no es una buena idea iniciarse en su filmografía
con esta entrega, altamente personal. Pero si, en cambio, han
visto algún fragmento de su cine negro oriental y quizá "Dolls", disfrutarán identificando
tristes paseos y brutales tiroteos infinitos, sólo pausados por
los habituales entrecortes de contenido consecuente, sumando
esta vez a la fórmula algo de simpático erotismo y parte del
oscuro onirismo de David Lynch (como en la carretera de los
muertos), todo bien fundido con ese humor pícaro, irónico e
inteligente.
Lo único que
puede asegurarse sin adentrarse en terreno pantanoso sobre el
argumento de este film es que Beat Takeshi (Takeshi Kitano), un
famoso y arrogante actor de cintas de yakuzas, conoce al
señor Kitano, aspirante a actor de asombroso parecido al de Beat
Takeshi. Kitano es fan suyo, hasta el punto de haberse teñido el
pelo igual que Takeshi en su película favorita; sin embargo,
mientras no acude a audiciones que le den la oportunidad de ser
como su ídolo, pasa las horas soñando en el supermercado donde
trabaja, mostrando a la gente su miserable apariencia.
En una
soberbia actuación, donde la eventual adopción del rol
sanguinario, o el humilde, dice mucho de las cualidades de
Kitano como actor independientemente de las que posea como
director y guionista, consiguen emanarse con gran pureza las
sensaciones de crueldad y de indulgencia. Ríos de tinta
podrían imprimirse para trazar leves aproximaciones al fondo que
Kitano moldea primero con sobrio equilibrio y después a fuerza
bruta, y que parodia constantemente a la yakuza y el
mundo del espectáculo; esta sátira es en realidad a sí mismo,
pues ambos son componentes inseparables de su persona.
Encadenando los hilos en un hecho puntual, pero permitiendo
después una evolución delirantemente catastrófica, la espiral de
violencia, que ha sido lentamente llamada a gritos, comienza
para no detenerse hasta el fuego cruzado en la playa y a la luz
de las estrellas, desternillantes cúspides tanto del metraje
como de su trayectoria fílmica.
El festín
continúa con la puesta en escena y la edición. Danzas populares
de las geisha y bailes percutidos protagonizados por
orugas gigantes (invertebrados que, por otra parte, le hacen
odiar las flores y preferir otras percepciones más
materialistas) sufren bruscos tijeretazos entre los que se
incrustan relampagueantes planos de comedia visual sobre sexo,
crueldad y absurdidad oriental; pero también flashbacks
(a veces incluso repeticiones explícitas) que se usan para
identificar personajes o situaciones, obteniendo ese guión
destilado de diálogo explicativo del que tanto gusta el
director, aunque sin llegar al casi vacío que ofreció con "Dolls".
Aunque el
parecido con esta última se deja notar sobre todo al final,
acentuando la tragedia irracional pero que incomprensiblemente
es compartida por el espectador, Kitano ha optado esta vez
por la arriesgada apuesta de hacerse un regalo a sí mismo y a
sus seguidores, los únicos perdonados pero igualmente
criticados, creando una producción mucho más restrictiva y menos
accesible por la masa espectadora, que oirán atónitos las
sonoras carcajadas de los posibles Kitano-nerds que estén
presentes en la sala. Para ellos, buenas noticias: Beat Takeshi
ha filmado la comedia única que se proponía conseguir, fruto de
su idiosincrasia y con la que disfrutarán de principio a fin. El
resto, quítenle una estrellita o dos, y vuelvan a ponérselas
cuando hayan acudido un par de veces a su videoteca habitual,
sección cine japonés, letra ‘K’. Notarán la diferencia.
Calificación:
    
Imágenes
de "Takeshis'" - Copyright © 2005 Bandai
Visual, Tokyo FM, Dentsu, TV Asahi y Office
Kitano. Distribuida en España por Vértigo Films. Todos los derechos
reservados.
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