CRÍTICA
por
Tònia Pallejà
Más allá de la
imaginación... está el plagio y la empanada mental
Se podría
alegar a favor de "Mimzy, más allá de la imaginación" que por lo
menos sus responsables trataron de buscar un camino diferente al
de la mayoría de manidas aventuras familiares protagonizadas por
niños que aspiran a llevarse su trozo de pastel navideño en
términos de taquilla. Así, hay que agradecerle que en lugar de
fustigarnos con el enésimo universo fantástico lleno de animales
parlanchines, faunos, electroduendes y sempiternas luchas entre
el Bien y el Mal, el guión basado en un relato corto de Lewis
Padgett apueste por la ciencia-ficción, un género bastante
menos transitado por el cine infantil, situando la mayor parte
de su acción de un presente más o menos "realista" y utilizando
rudimentarios conceptos pseudo-científicos para desarrollar su
magia y su positivo mensaje. Pero, sinceramente, aquí se acaba
todo lo bueno que puedo decir sobre ella.
Para empezar, yo no he visto en mi
vida un imaginario tan absurdo, precario, confuso y casi me
atrevería a decir que fraudulento, como el que expone esta
cinta, y les aseguro que he conocido cosas muy raritas. Su
delirante "sistema de creencias" mezcla tan alegremente ideas
inspiradas en la Física y en la Genética con la superchería
paranormal, el ocultismo, los viajes en el tiempo y una
espiritualidad muy de andar por casa con raíces en el
budismo-hinduismo. Lo peor no es que a este batiburrillo no
haya por donde cogerlo ya en el plano de la ficción, que sería
lo suyo; lo peor es que se presenta todo así revuelto, al
mismo nivel de realismo, el ADN con el karma,
"Brainiac" con "Quinto milenio". Yo no soy de Ciencias puras y
me pasé toda la película tirándome de los pelos. Con decir que
los aliados adultos de la pareja de hermanos protagonistas son
un profesor de Ciencias Naturales que espera que los mandalas
con los que sueña le den la combinación ganadora de la lotería
y su novia, una hippie chiflada que lee las líneas de
las manos en busca de un elegido que salve a las generaciones
futuras a través de su ADN espiritualmente libre de
prejuicios. ¡Toma ya!
Porque atención —y aquí reside lo grave
del asunto—, los autores aseguran que su libreto tiene una base
científica y que contaron con el asesoramiento de expertos en
Física y Psiquiatría. Yo sólo sé que después de asistir a esta
empanada mental que confunde ciencia con ciencia ficción y
ciencias ocultas, los únicos que van a necesitar asesoramiento
psiquiátrico van a ser los pobres críos. Mención aparte merecen
el arranque y el final, de un rollo hippie-new age
ñoño-cursi-sectario que provoca retortijones de barriga.
Pero es que, además y para colmo de
males, aquí donde la ven, "Mimzy, más allá de la imaginación" no
es más que un vulgar remedo de "E.T. El extraterrestre".
Puede que los aspectos más epidérmicos de su argumento parezcan
distintos, pero cambien al alienígena cabezón de desarmante
mirada por un conejo de peluche que habla con voz robótica,
sustituyan a un personaje por otro, pónganme una coma donde
antes había un punto, y se encontrarán con que la película de
Bob Shaye no sólo copia sin el más mínimo rubor el esquema y
desarrollo del clásico de Steven Spielberg, sino que plagia unas
cuantas escenas concretas, incluido el mítico final de aquélla,
localizaciones y diálogos incluidos. Cómo será la cosa de
descarada que en cualquier momento esperaba que el susodicho
pedazo de trapo levantara un dedo en dirección a las estrellas y
soltara aquello de "Teléfono, mi casa". Lo dicho, un saqueo de
ideas ajenas inaudito.
Lo expuesto
hasta ahora aún tendría un pase si como mínimo la película
funcionara como un efectivo entretenimiento que no insulta la
inteligencia del espectador, pero tampoco. Supongo que a un
nivel muy básico, "Mimzy, más allá de la imaginación" contiene
los suficientes ingredientes como para mantener distraídos a los
más más pequeños, pero conforme aumente la edad de la audiencia,
crecerá su perplejidad e irritación ante al cúmulo de
despropósitos que circulan por la pantalla.
Todo en la
trama sigue una lógica infantiloide, es decir, no conoce lógica
alguna, y desprende una sensación constante de urgencia y
precipitación que va a más a medida que avanza, lo que
traducido significa que está muy mal explicada y peor resuelta.
Los conceptos que maneja nunca llegan a aclararse, como si los
hubieran incluido para rellenar pero ni ellos mismos supieran
para qué sirven ni qué relación existe entre ellos; el
comportamiento de los personajes resulta incomprensible, por no
decir oligofrénico; los diálogos parecen fruto de un concurso de
redacción convocado entre párvulos; y, en general, da la
impresión de que todo sucede porque de alguna manera se tenía
que hacer avanzar la película y terminarla rápido antes de que
llegaran las señoras de la limpieza a recoger el plató. El
sinsentido es tal que al final se han visto en la obligación de
echar mano de una voz en off que nos cuente a santo de
qué nos han mareado con esta hora y media de idas y venidas.
Entonces ya es cuando se te queda una cara de pasmo que no hay
ducha vigorizante ni masaje terapéutico que te la quite.
La
impersonal, plana y obtusa dirección se añade a la lista de
deficiencias. Bob Shaye lleva ya unos cuantos años ejerciendo
como productor dentro del género, habiendo participado en
títulos emblemáticos como la trilogía de "El señor de los Anillos" y "La brújula dorada", pero está claro que no se le ha pegado
nada bueno de su experiencia, como ha quedado demostrado cuando
se ha puesto detrás de la cámara. Para este buen hombre lo mismo
supone rodar el plano fijo de una pared en blanco que planificar
una secuencia de acción, así que las escenas de tensión o que
incluyen efectos especiales carecen por completo de la
espectacularidad y nervio que sería deseable, mientras que los
momentos más dramáticos resultan simplemente sonrojantes de tan
torpes. Creía que nunca diría esto, pero cómo se echa de menos
la mano de un Steven Spielberg aquí, manipulando las emociones
del espectador a su antojo.
Sorprendentemente, el desempeño del reparto está por encima de
las circunstancias, desde los niños, mucho más naturales que el
repelente medio, hasta los entregados adultos, a los que casi no
se les escapa ninguna expresión de "¿qué hago yo metido en este
fregao?".
En fin, una
nueva oportunidad desaprovechada que, lamentablemente, hace suya
esa creencia según la cual en el cine destinado a los de menor
edad cualquier cosa ya se considera de recibo. No la recomiendo
ni como regalo de Reyes para los retoños que se hayan portado
mal. Incluso el carbón es preferible.
Calificación:
    
Imágenes
de "Mimzy, más allá de la imaginación" - Copyright © 2007 New Line Cinema
y Michael Phillips Productions. Distribuida en España por
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