CRÍTICA
por
Almudena Muñoz Pérez
Los
festivales se están convirtiendo –si no lo han sido siempre– en
los condimentos con que endulzar películas pequeñas que de otro
modo carecerían de un olor fuerte para engatusar al público. Por
supuesto, conviven junto al peligro de que el sabor a añadido
industrial, artificial, envenene una degustación sincera y
desprovista de expectativas, justo lo que le ocurre a “Bajo las
estrellas”, una cinta bastante discreta beneficiada por un
sonoro respaldo productivo y el tintineo de los premios que se
entrechocan entre sí como prolongación del talento embrionario y
ego del director debutante.
Mientras en
Madrid todo discurre lentamente, al hilo de las propias
ilusiones y mentiras, en el pueblo navarro de Estella el tiempo
ha pasado volando. Benito Lacunza (Alberto
San Juan), eterno trompetista en potencia, debe
cerrar esos locales utópicos que recrea en su mente bajo el
pseudónimo de Benny Lacun y adaptarse al ritmo de provincias. La
familiaridad del argumento sobre el joven que regresa al hogar y
reencuentra a los amigos demacrados y al padre moribundo se ve
compensada por el agradable humor amargo, vocabulario procaz y
ramplón en ristre, que desvía la típica comedia agridulce hacia
los terrenos de la autoparodia castiza. Una actitud, ni
idealista ni dramatizada, muy loable para el primer
largometraje, aunque el equilibrio de los tonos que maneja
requiera mano maestra y, a medida que avanza la historia, pierda
ese pulso inicial para someterse a los previsibles dictados de
la tragedia catártica.
La
credibilidad de un personaje tan poco agradecido –en términos de
identificación para el público– como Benito se transforma en un
envite innecesario desde el momento en que Alberto San Juan
lidera el interés de una función concentrada en su sencillez
estética. Su coherencia con el papel consigue que la ambigüedad
marcada desde el comienzo se mantenga cuando la película empieza
a perderla en beneficio de los consabidos sucesos dramáticos.
Mediante distancias físicas y asperezas verbales, su Benito
trueca en interesantes personajes excesivamente arcanos y
desdibujados, también en parte culpa de la monopolización en
pantalla de San Juan, como el de su hermano Lalo (Julián
Villagrán) o la novia de éste, Nines (Emma
Suárez). Mención aparte merece una magnética
Violeta Rodríguez, quien en su
papel de Ainara –o Puerquita– y sin apenas interpretación,
obtiene la mayor química con San Juan, el ficticio padre del que
recibe una complicidad ausente en el caso de su madre Nines.
Tras la
excelente dirección de actores, Félix
Viscarret añade más ruido que novedad a su ópera prima:
un cierto preciosismo digital que retoca la reivindicación del
espacio natural y rural –los cielos estrellados, metáfora del
título, que cubren a Benito en sus paseos y borracheras–,
osadías visuales reveladas como huecas llamadas de atención –los
continuos cambios de encuadre en los diálogos– y respetos
literarios que dañan la integridad cinematográfica, como las
frases lapidarias que restan franqueza a algunas conversaciones
y la breve mención al terrorismo que no añade ningún cauce
narrativo alterno al desarrollo central del protagonista. A
pesar de dichos procedimientos molestos, el director también
regala hallazgos que enriquecen la atmósfera fría y etílica que
rodea a todo el relato, como la desnudez de la puesta en escena,
el montaje discontinuo que duplica la sensación de inmutabilidad
antes que acelerar el ritmo, o la sutileza con que insinúa las
acciones decisivas y violentas en lugar de mostrarlas sin
pestañeo.
Lo tierno, lo
melancólico y lo siniestro se perciben como deducción del
espectador y no por manipulaciones en las que pretende lucirse
el firmante de la obra, si bien éste se arroja un descubrimiento
falso –no es la primera vez que una película española traslada
las cámaras a los pueblos, y los rueda desde una perspectiva
urbanita, del extraño en tierra abandonada, sin que el
entretejido costumbrista o de denuncia se cuele en un argumento
universal– y su interpretación del texto literario, aparte de
contemplarse en correctas imágenes, se enorgullece de la
metáfora estelar, encabezada por el “Stella by Starlight” que no
tiene en Enrique Morente al
intérprete más adecuado –por razones de pronunciación, no
vocales–.
Sin ser
una perla oculta ni un retrato aséptico más, “Bajo las
estrellas”, sin embargo, continúa confirmando los estrechos
límites en que se mueve una cinematografía patria que, a veces,
copia estilos ajenos con gracia, pero carente de señas
inimitables. No pasa nada por contar la historia de siempre
si la mirada es otra, condición que Viscarret sólo cumple en
momentos determinados de una cinta muy condicionada por sus
respaldos y el siempre delicado afán de preñar una obra maestra.
La humildad que derrochan sus antiheroicos personajes en un país
y un cine que todavía no han aprendido la afectación del orgullo
con que enarbolan valores que nunca ha poseído, una lección
extensible a los realizadores que quieren ser patrios mientras
posan sus ojos aprendices en el extranjero.
Calificación:
    
Imágenes
de "Bajo las estrellas" - Copyright © 2007
Fernando Trueba Producciones Cinematográficas. Distribuida en
España por Notro Films. Todos los derechos
reservados.
Página
principal de "Bajo las estrellas"
Añade "Bajo las estrellas" a tus películas favoritas
Opina
sobre "Bajo las estrellas" en nuestra Lista de Cine
Suscríbete
a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda
"Bajo las estrellas" a un amigo
|