CÓMO SE HIZO "CHANTAJE"
Notas de producción ©
2007
Manga Films
‘Who breaks a butterfly on a Wheel?’ [¿Quién somete a tortura a
una mariposa?], escrito por el poeta Alexander Pope por vez
primera en “Epístola a Arbuthnot”, es una expresión que
significa la destrucción brutal de una criatura delicada. El
dicho ha evolucionado para referirse a un esfuerzo excesivo para
un resultado nimio. Aquí, la mariposa es Neil Randall, encarnado
por Gerard Butler, un hombre que lo tiene todo: buen aspecto,
encanto, éxito, bien orientado hacia la cumbre... Se ha casado
con Abby (Maria Bello), la perfecta compañera; ambos son bellos
y compasivos; ella es una buena esposa y una buena madre para la
única hija del matrimonio, Sophie, de cinco años de edad. Si
bien es cierto que la vida de esta familia es la viva imagen de
la buena fortuna, Abby soporta en silencio la desesperación
típica de las esposas de hombres ambiciosos. Sus pequeñas
decepciones personales, a menudo eclipsadas antes los grandes
triunfos de Neil, quedan en nada a la luz de la prosperidad
compartida. Y así están las cosas hasta que un hombre llamado
Ryan aparece de ninguna parte. Igual que un ángel vengador, se
lleva la única cosa que ambos adoran, la pequeña Sophie, y pagan
un precio terrible por su salvación: 24 horas en que sus vidas
quedan sujetas a un estricto control. Con precisión inhumana,
Ryan desmonta todas y cada una de las cosas que el matrimonio ha
ido bastiendo. Es evidente que quiere vengarse, pero, ¿quién es
y por qué ha apuntado hacia esta familia? Para cuando el
tormento ha finalizado, el alivio se ve puntuado por un
autoinflingido tormento en la herida abierta. CHANTAJE es el
resultado de una idea de William Morrissey, guionista y
productor británico, quien ha formado equipo con el director
Mike Barker [Un plan perfecto (Best Laid Plans, 1999)], ambos de
CAA (Creative Artists Agency). Cuando CAA solicitó la atención
sobre el proyecto de Irish DreamTime, el sello de producción que
Pierce Brosnan comparte con su viejo socio Beau St. Clair, ambos
intuyeron inmediatamente el potencial de CHANTAJE, tanto en su
calidad de thriller inusual que opta por desafiar al público
mediante el uso de la tensión sicológica en lugar de emplear una
violencia desmesurada, como en su condición de vehículo para que
Brosnan efectúe un giro innovador en su exitosa y extensa
carrera como actor. El package logró incrementarse con la
participación del productor William Vince y del productor
ejecutivo Dave Valleau de Infinity Features, el par de grandes
profesionales tras el oscarizado biopic, Truman Capote (Capote,
2005), quienes previamente ya habían trabajado con Brosnan y St.
Clair en el drama de época Evelyn (Evelyn, 2002). Más tarde, los
productores incorporaron Icon Entertainment International como
socio, lo que cerró una coproducción británicocanadiense. “De
modo semejante al que ciertos actores recurren para interpretar
contra corriente, así producimos nosotros” —comenta el productor
William Vince, haciendo comparación entre CHANTAJE y Capote. Sin
embargo, fue este último título, Capote, el que mostró a
Infinity lo alto que puede situarse el listón, y ello era
precisamente lo que pretendían para CHANTAJE.
“El singular reclamo de esta
película estriba en que se trata de un thriller aleccionador,
concebido para provocar sin necesidad de sermonear; escrito de
este modo se evita ser demasiado explicativo, lo que haría que
el argumento perdiera marcha; en lugar de ello, se arremeta
hacia delante sin aliento, cobrando vigor por instantes". Tanto
para Vince como para el productor ejecutivo Dave Valleau, en la
elección de un proyecto a menudo cuenta tanto la gente implicada
como el guión en sí mismo.
Ambos hombres convienen que
Bill Morrissey había vertido tanta pasión en su guión y empleaba
tal nivel de energía que se hacía contagioso. “Se trata de un
thriller enérgico, que no ofrece tregua. Nunca antes se había
hecho nada exactamente igual” —observa el productor ejecutivo
Dave Valleau—. “Tras la primera lectura del guión, sabiendo ya
el desenlace, se hace inevitable volver a leerlo para dilucidar
todas y cada una de las claves. La mecánica y logística de la
historia resultan herméticas, y Bill Morrissey ha realizado un
trabajo asombroso puliendo la narración e incrementando el
suspense. Estoy convencido de que esta película va a suscitar
muchas discusiones entre el público que la haya visto. Los temas
de fondo son plenamente contemporáneos y todo el mundo los
afronta, pero pocos los encaran abiertamente. Con Mike Barker
ejerciendo como director, un profesional que sobresale por sus
sorpresas y giros narrativos, combinado con este reparto,
CHANTAJE condensa una energía muy poderosa.” En 1996, Pierce
Brosnan y Beau St. Clair unieron esfuerzos para bastir un sello
de producción sito en Los Ángeles, Irish DreamTime. CHANTAJE ya
es el sexto proyecto que emprenden juntos. “Bill Morrissey se
incorporó con el guión, y Mike Barker se unió como director
cinematográfico, y funcionamos con ellos espléndidamente”
—informa St. Clair—. “Se trata en verdad de una historia
enormemente rica en contenidos, un thriller movido con resortes
hitchcockianos. El personaje de Ryan, tan enigmático y carente
de humor, no se parece a nada de lo que Pierce ha asumido
anteriormente, lo que no era sino la primera condición para
hacer que esto sucediera.” Para St. Clair, ese contrapunto del
personaje es positivo por cuanto equilibra el “efecto Bond” en
la carrera del actor. “Cuando Pierce (como Ryan) se apodera de
las vidas de esa gente, manteniéndolos como rehenes al amenazar
la seguridad de la hija de ambos, resulta escalofriante” —sigue
St. Clair—. “La idea de tener a esos tres actores de gran
solidez, Pierce, Maria y Gerard, atrapados dentro de un vehículo
es un material imponente. Sus interpretaciones crean un
equilibrio de tensiones donde un movimiento en falso tendría
unas repercusiones catastróficas. No funcionaría en modo alguno
si Ryan estuviera aterrorizando a dos personas frágiles. En un
thriller, el público quiere verse emocionalmente entre la espada
y la pared; están mirando bajo la superficie y tratando de
avanzarse a los acontecimientos. La emoción que surge a lo largo
del trayecto proviene de la fuerza que emana cada personaje al
quedar en una situación insostenible cuya resolución se presenta
del todo impredecible”.
“Quería ofrecer al público
algo que no estuvieran esperando” —explica el guionista William
Morrissey. Y en verdad que ha logrado una narración cargada con
el tipo de tensión propio del caminar por la cuerda floja,
calibrado con sutileza pero sin premeditación. El personaje que
hace que la acción no cese es Ryan, un antagonista que parece
que siempre gana el ‘juego del gallina’ porque da la sensación
de que disfrutaría con un choque frontal. “Quería crear algo que
a primera impresión ya tuviera todos los elementos de un
thriller sólido, realmente bueno” —explica Morrissey—, “pero que
al llegar al final se evidenciara que se ha ido mucho más allá.
De tal modo que a medida que la historia alcanza el clímax,
salta a otro nivel más poderoso”.
Para Morrissey, la clave está
en crear una situación en la que el público esté preguntándose
permanentemente qué es lo que ellos harían si se hallaran en una
circunstancia tan horrible. “Neil y Abby pasan 24 horas con un
secuestrador que tiene en sus manos la vida de su hija. Tienen
que hacer todo cuanto aquél les dice. Es muy fácil decir que uno
haría lo que fuera por un hijo, pues probablemente nunca nos
veremos en tamaña situación. Sin embargo, ¿qué pasaría si nos
halláramos ante el dilema? ¿Hasta dónde seríamos capaces de
llegar realmente?”
El director Mike Barker ha
trabajado en este proyecto con Morrissey abundantemente y esta
labor en común ha sido exitosa porque, de acuerdo con el pensar
de Barker, aunque el argumento provenga del guionista, las
interpretaciones y el ritmo dependen del director. El suspense
resulta de un equilibrio de ambos extremos: el diálogo y lo
visual, lo que deviene un saludo a Hitchcock; combinándolo así,
logramos que el público se pregunte ‘Y ahora, ¿qué va a pasar?’
“Tuvimos que disponer una serie de desvíos argumentales con el
objetivo de mantener al público absorbido por el rompecabezas
resultante, pero Bill, el guionista, es un tipo de gran
inteligencia y ha logrado que todo converja, pues de otro modo
sería un fraude. Y el público no toleraría eso”.
En los thrillers, todo gira
en torno al timing preciso; Barker, al iniciarse CHANTAJE, opta
por un tono doméstico y calmo para establecer cómo tendría que
ser la vida, pero luego, “cuando la película toma envergadura,
los planos se hacen más cerrados, nerviosos y oscuros, con
predominio de la cámara al hombro, más desesperados. El reto
estribaba en asegurarse de que todas las líneas de interrelación
quedaran ligadas y todos los dobles sentidos permanecieran
genuinos.” Para lograr eso, Barker trabajó estrechamente con el
director de fotografía, Ashley Rowe. “La cámara está estática al
principio de la película, y los actores evolucionan dentro del
encuadre” —informa Rowe—. “A medida que el argumento avanza, la
cámara cobra velocidad, primero sobre la dolly, y finalmente al
hombro. El ritmo se hace más frenético, y se incrementa el
número de cortes; de este modo aumenta la sensación de
confusión. Hacia el desenlace de la historia, regresamos a los
planos estáticos captados con granangular”.
Los granangulares permiten
que el personaje destaque en primer término sin que se pierda el
contexto del entorno. “De este modo” —explica Rowe—, ”el
espectador se siente muy presente, casi como si estuviera en la
cabeza del personaje, viajando con esa persona.” La iluminación,
un sutil componente de la realización, se mantiene al mínimo,
apoyándose ampliamente en el vidrio, las superficies
reflectantes, el agua, los espejos y el cromo. “La poesía que
esto alberga está en que si Neil mirara su reflejo
decididamente, quizá alcanzara a verse tal y como realmente es”.
Además de encarnar el papel
protagonista, Pierce Brosnan también ejerce como uno de los
productores de CHANTAJE. Refiriéndose a la dinámica de la
historia, comenta: “Aquí hay tres personas desesperadas, tres
personas apasionadas, tres personas que la vida ha herido. Al
principio, todo cuanto sabemos de Ryan es que se trata de un
loco, probablemente un terrorista, sin dudarlo alguien
peligroso, pero definitivamente portador de un dolor inmenso. En
esta historia, el juego de poder es amplio; pronto, ‘quién es
Ryan’ se hace secundario ante ‘qué quiere Ryan.’ Esto es así
hasta que inesperadamente su hijo hace acto de aparición. Ello
humaniza el raptor siquiera por un momento, pero no explica la
razón por la que está destruyendo la vida de los Randall”.
Aunque Brosnan ha cubierto
hábilmente el género de acción y aventuras, éste es su primer
thriller genuino. “Me hallo en un punto de mi carrera en que
ciertamente ya no existen límites ni normas. He abandonado la
seguridad de encarnar a uno de los más legendarios iconos del
cine, Bond, y a partir de ahora resulta de lo más estimulante
estar preguntándome hacia dónde voy. CHANTAJE me va como anillo
al dedo porque siempre estoy buscando papeles que sean el
equivalente de un giro brusco a la izquierda. Hay que hacer el
esfuerzo de recordar cómo comenzó uno en el negocio y la esencia
de la que está constituido un buen actor.” ´Mencionando su
primer aprendizaje como intérprete teatral, Brosnan hace
hincapié en que el guión evoluciona como una pieza teatral de un
único acto con largas páginas de diálogos repartidos en muchas
escenas, una sensación que muchos de los otros actores
protagonistas refrendan. Pero el contenido emocional de la
historia es traicionero. “Esta pieza no ha sido precisamente lo
más cómodo que haya hecho. Exigía adentrarse en un terreno muy
áspero. Me las tenía con un personaje marcado por problemas
profundamente graves que pone en escena su propia fantasía de
venganza. Pero me he metido en esto junto a Maria, quien en
estos últimos años ha alcanzado la madurez como actriz
profesional. Esta historia la ha apasionado desde un buen
principio. Y Gerry es una excelente garantía para mi personaje.
Ello es bueno; hay un irlandés y un escocés en el reparto. Eso
me gusta. Afronta su papel con gran fuerza. Tan pronto como
ambos actores se incorporaron, el plan de acción estaba trazado;
teníamos una película sólida”.
Desde todo punto de vista,
Maria Bello era la elección más lógica para el papel de Abby
Randall. Según Dave Valleau y William Vince, su trabajo para Una
historia de violencia (History of Violence, 2005) y para The
Cooler (The Cooler, 2003) fue lo que fijó su capacidad.
“Se halla en la cumbre del
oficio” —asegura Vince. Brosnan y St. Clair afirman que la
actriz está en plena forma. Para Mike Barker, Bello es una
intérprete en el sentido más auténtico, toda una obrera del arte
dramático. Para la propia Bello, Abby es un personaje que le
habla desde distintos niveles. “Me es imposible saber la razón
por la que asumo un papel; leí este guión hace año y medio, y
resultaba electrizante. Llamé inmediatamente a mi agente y le
comuniqué que estaba interesada. A mi personaje, Abby, le
resulta imposible encajar en la caja que su marido, Neil, ha
hecho hacer para ella. Ha abandonado su carrera como fotógrafo
para dedicarse a criar a la niña de cinco años, pero algo no va
bien. No es más que un instrumento con un corazón que late, lo
que genera cierta rabia en ella”.
“Puedo identificarme con esa
rabia, y hasta resulta divertido liberar el animal que llevamos
dentro” —comenta Bello—. ”En ciertos aspectos, esta película es
un thriller sencillo y, en otros, posee una profunda dimensión
sicológica. En todos nosotros hay un gran vacío; a lo largo de
toda nuestra vida no hacemos sino procurar llenarlo con lo que
sea que se nos dijo que tenía que lograrlo; y cuando no puede
llenarse, todavía lo intentamos con todas nuestras fuerzas, pero
ese vacío siempre está.” La motivación de Abby es subyacente.
“Lo que yo encarno es lo que hay en su yo más profundo”
—continua la actriz—, “pero afortunadamente trabajo con dos
actores brillantes que lo ponen todo en la sartén. Ambos se dan
por completo al modo de ser de sus personajes, y desde ese lugar
reaccionan con tal intensidad que me es posible encontrar
profundidad y sentido a todo cuanto estamos haciendo”.
Bello estaba encantada ante
la oportunidad de trabajar con Brosnan. “Tiene una personalidad
muy intensa. Me inspira como actor y como ser humano. Está
absolutamente abierto a todo: crece, cambia, se transforma,
experimenta… Cuando todo esto acabe, le añoraré mucho”.
Si bien el guión ha unido a
Butler y Bello en calidad de marido y esposa, ambos actores se
hicieron amigos muy rápidamente. “Adoro a Gerry. Hemos sido
auténticos compañeros en todo esto. Realmente, tuvimos que
ponernos a prueba mutuamente de un modo tremendo. Jamás había
trabajado con alguien que se de tanto como él. Se entrega por
completo y en todo instante”.
Encontrar el Neil Randall
idóneo para la película era tan determinante como imprevisible y
arriesgado. Y resultó ser el actor escocés Gerard Butler, cuyo
trabajo en Mi querido Frankie (Dear Frankie, 2004) inclinó la
balanza hacia él. El productor ejecutivo Dave Valleau considera
que Butler aporta una química intrigante a su papel porque su
buen aspecto hace que la arrogancia de su papel parezca la
apropiada. Al mismo tiempo, Butler posee un encanto arrollador
que hace que sintamos simpatía por Neil Randall, y justo aquí
está la precaria contradicción de su personaje.
“Me encanta Gerry” —comenta
Barker—. “Es un 110%, un tipo increíblemente apuesto, y sacamos
provecho yendo decididamente en contra de eso”.
Butler, feliz de sacarse la
cota de malla [300 (300, 2006)] y regresar al siglo XXI, llevaba
tiempo rabiando por interpretar a un “tipo americano normal.
Últimamente, he estado dando vida a personajes con poder y
autoridad; así que esto ha sido un cambio total. Aquí no sólo es
Ryan quien tiene a Neil bajo control, sino que realmente le
fractura. Y ello me dejó hecho trizas, emocional y físicamente;
todo el proceso del secuestro hace que Neil experimente un
vuelco completo, con un punto de partida en el tipo encantador,
confiado en sí mismo y triunfador del principio, y un punto
final en el naufragio físico y mental que sufre en el espacio de
tan sólo 24 horas. Jamás había visto nada parecido en un guión.
Ese miedo absoluto, esa frustración y demencia que impregna toda
la historia fue suficiente para que me apuntara”.
Lo que asimismo hizo que
Butler acceptara fue sus coprotagonistas. “Pierce es mi chico”
—proclama con orgullo—. “Ha sido un auténtico honor trabajar con
él. Desde el mismo instante en que nos cruzamos percibí que
poseía esa increíble energía. Se trata de alguien bueno, amable,
una persona con valores morales, pero también es un hombre
rebelde, y eso me encanta. Allá donde quiera que hiciésemos
escenas juntos, siendo los dos unos chicos celtas, era la
locura. Parecíamos dos chicos grandes, unos colegas. Y Maria
hizo que mi trabajo subiera de nivel: es una actriz increíble de
verdad y un ser humano maravilloso, y creo que tenemos el mismo
espíritu. Compartimos la misma pasión, amor, locura, y miedo… lo
invertimos en nuestro trabajo y comprendemos de verdad lo que
hay de bello en ello”.
La admiración mutua entre
Brosnan, Bello y Butler es mucho más profunda de lo que pueden
sugerir los respectivos apodos para cada uno: PB, MB y GB. Dos
meses de estrecha reclusión y un guión empaquetado con intensa
lucha emocional dejaron a los tres actores agotados aunque
llegaron a confiar entre si profundamente para mantenerse
creativos. “El desafío residía en sobrevivir a la constante
ansiedad de esta historia; pero al final de la jornada, la
satisfacción siempre era plena” —comenta Bello, quien nutrió a
sus coprotagonistas y equipo técnico con sopas y cassoulets
caseras que traía a los platós.
“Nos hemos estado pegando
durante ocho semanas, y depositábamos tanta confianza mutua que
permitíamos que la rabia fluyera libre de nuestro interior.
Debido a ello, todos tenemos nuestros golpes y cardenales,
incluso costillas rotas. He alcanzado profundidades emocionales
que nunca antes había logrado en cualquiera de mis películas. Y
no hubiera podido hacer esto sin Pierce y Gerry”.
El diseño de producción en un
thriller es una labor subliminal que debe reseguir, palmo a
palmo, el ritmo emocional de la película. “Hubo una
preproducción fantástica respecto a esto” —informa el diseñador
de producción Rob Gray—. “Mike Barker, el director de fotografía
Ashley Rowe, y yo mismo mantuvimos un excelente grado de
entendimiento acerca de adónde queríamos dirigirnos con todo
esto; qué aspecto queríamos que tuviera; y cómo queríamos que se
moviera.” En el primer encuentro entre Gray y Barker,
contrastaron notas, y particularmente estuvieron proyectando
unas diapositivas que Gray había preparado y que
substancialmente coincidían con el libro de estilo que Barker
había estado montando. Eran imágenes realizadas en particular
por el director de fotografía Philip-Lorca di Corcia, quien se
ha hecho un nombre rodando con gran meticulosidad escenas
coreografiadas procedentes de la vida cotidiana.
Significativamente, su labor proyectaba una sensación de soledad
e introspección inmersas dentro del bullicio de la ciudad, lo
cual iba como anillo al dedo para el film.
“Dado que hay tantas escenas
en las que los tres actores se hallan atrapados en el interior
de un coche, gran parte del diseño está en ese mundo exterior en
torno a ellos, un mundo inadvertido de la pesadilla que esa
gente está sufriendo” —explica Gray. Ese contraste es un extremo
generador de una ansiedad elevada. Estar tan dolorosamente cerca
de la liberación y sin embargo estar separado de todo
simplemente por el vidrio de un automóvil crea una diabólica
sensación de desamparo. “Es como estar en una pecera, y todos
los diseños enfatizan el tipo de ventanas que permiten tanto
mirar afuera como adentro. Creo que esto es también una metáfora
para Neil, quien ciertamente no entiende que es transparente”.
Elaborando en una escala de
mayor matiz, el motivo de la pecera se recrea repetidamente con
una acentuación de las superficies reflectantes que se han
construido en cada escenario, incluso con las calles humedecidas
de arriba abajo para las tomas nocturnas. Una porción de la
historia se narra con un espejo, luego sacamos el espejo y
captamos el encuadre inverso. En otra ocasión, la cámara mira a
través de cuatro capas de vidrio. La historia tiene lugar en
Chicago, una ciudad célebre por su arquitectura y escultura
sublimes. Los edificios destacados de la ciudad se incorporan al
film para contribuir al mundo embriagador y absorbente que
configura la realidad de Neil Randall antes de la aparición de
Ryan. “Se trata de una ciudad muy fuerte y masculina” —afirma
Gray—. Los impresionantes edificios Corn Cob, el Millennium
Park, el edificio Wrigley, y los clásicos edificios de Mies van
der Rohe, incluso el set construido para la oficina de Neil…
todo es representativo del éxito dinámico.
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