CRÍTICA
por
Julio Rodríguez
Chico
Robando
corazones
El nuevo
siglo nos está trayendo un buen puñado de cineastas españoles
con una mirada personal y que no renuncian al compromiso con una
sociedad que les decepciona. A Jaime Rosales ("La
soledad"), Félix Viscarret ("Bajo
las estrellas") o Javier Rebollo ("Lo
que sé de Lola"), se les une ahora –entre otros–
Jaime Marques Olarreaga con una
ópera prima que respira sensibilidad y emoción, hondura y
dramatismo. Es la historia de dos jóvenes ladrones de poca
monta, inmersos en un entorno de supervivencia o de
superficialidad pero también en un mundo que reclama afecto y
que lucha por huir de la soledad.
Así es la
vida de Alex, un chico que sale del orfanato con la firme
disposición de buscar a su madre y recuperar la infancia
perdida, que se pone a trabajar en una peluquería hasta que la
decepción se adueña de su alma, y que al conocer y enamorarse de
Sara –una universitaria cleptómana– vuelve a la vida de
“carterista” aprendida de niño junto a su madre. Por debajo de
la historia de mafias y robos callejeros, de búsquedas y
enamoramientos adolescentes, corren sin embargo aguas
subterráneas de afectos perdidos en la niñez y de vacíos
existenciales que encogen el espíritu, de una madre ladrona que
al ser detenida y abandonar a su hijo cometió el mayor de los
hurtos de su vida, de una soledad compartida con un pícaro
conflictivo pero honrado y una chica, “pija” y algo frívola, que
también siente la necesidad de robar... también corazones.
Y todo esto
porque la película va más de robo de afectos que de carteras.
Lo que Alex y Sara no tienen es alguien que les quiera y que
satisfaga su necesidad de cariño. Ciertamente, Sara tiene de
todo..., pero parece que algo le falta, que su madre “cumple” y
que su novio es un superficial sin garbo ni personalidad. En
cambio, Alex no tiene nada y sólo quiere encontrar a su madre
perdida, rehacer su vida suspendida en el tiempo. Por eso,
cuando estas dos almas en pena se conocen en el supermercado
surge entre ellos una conexión que va más allá de la atracción o
de la ayuda en el hurto y el reparto de beneficios. Y por eso la
escena del primer hurto en el autobús supone toda una declaración
de amor, tan delicada y sutil como hermosa y profunda: sin
palabras, sólo con un roce a través de la cartera que se
traspasan, Alex lanza una llamada de auxilio que obtiene
respuesta favorable a pesar de la inicial resistencia. Amor
naciente que quedará sellado con otro hurto de cartera en el
hotel para evidenciar que su relación no se reduce ni depende
del coyuntural “éxito laboral”.
Marques
desarrolla una narrativa de estructura circular centrada en la
construcción de los dos personajes principales. No le interesan
ni familias ni amigos ni bandas, sólo la pareja de ladrones
perdidos en un entorno gélido y ajeno –como ese maniquí con el
que ensaya Alex–, que queda magistralmente recogido con una
fotografía de luces blancas o azules pero siempre fría, que
prescinde con frecuencia de la profundidad de campo para
aislarles en su mundo de acercamiento mutuo. La relación entre
ellos está muy conseguida, con una excelente planificación donde
la imagen cobra una enorme fuerza visual y que busca los
primeros planos que expresen emoción interior, y con un montaje
ajustado que permite a la cámara penetrar en su alma a través de
unas intensas miradas que no esconden su afecto y sintonía,
entre la ensoñación del enamorado y la crudeza de la soledad,
con una foto fija muy cuidada que recoge lo mejor de estos dos
jóvenes y prometedores actores. Tanto la frescura y
espontaneidad de Juan José Ballesta
como el gesto pícaro y seductor de
María Valverde quedan plasmados en planos de alta
calidad estética y formal. Su interpretación gestual y de
movimientos está por encima de su dicción, y sólo cabe esperar
que demuestren ese nivel en papeles con registros distintos al
de chaval de barrio o al de chica ingenua que se deja mirar.
Una historia
con prólogo y epílogo tratados con una luz extremadamente fría y
fotografía de grano grueso para retrotraerse a la infancia de
Alex y a su desencuentro maternal, y así dar sentido a toda la
cinta. Ciertamente esos “añadidos” chocan con el núcleo de la
cinta por su aire abstracto y futurista, pero también encajan
perfectamente con una estética muy cuidada, donde la puesta
en escena y el montaje sirven para la contemplación de unos
personajes tratados con respeto y delicadeza, víctimas de
una sociedad abandonada al individualismo y al consumismo, y
expuestos a un fatalismo doloroso que recuerda al imposible
idilio recogido por Godard en “Al final de la escapada”. También
son evidentes las referencias a Robert Bresson y “Pickpocket”,
con algunos planos de robos de carteras o un montaje al ir
mostrando los objetos sustraídos con un ágil sentido narrativo.
Entre los muchos recursos empleados, la música también acierta a
trasmitir tanto la modernidad de esos jóvenes inadaptados, como
la lírica y sentimiento que surge entre ellos, gracias a una
banda sonora instrumental, melódica o coral, según el momento.
Más dudosos, por fáciles y excesivos en su intento de generar
complacencia en el espectador –aunque de indudable eficacia–,
son los ralentíes con que la cámara se regodea al recoger las
miradas que Alex y Sara se dirigen una y otra vez, mientras se
siguen o esquivan de manera tan romántica como algo empalagosa.
Cine
elegante que sabe evitar lo zafio y lo sórdido a la vez que
llega a lo romántico e intimista. Cine formalista en su
construcción y con hondura poética e inteligencia en su
desarrollo, donde las miradas y los silencios valen más que los
diálogos, y donde todo queda al servicio de una pareja de
enamorados que hurtar carteras, corazones y hasta la propia vida.
Estamos seguros de que, con películas como ésta, que aciertan a
unir emoción, inteligencia y a comunicarse con el espectador, no
harían falta cuotas de pantalla ni ladrones al estilo de "Ocean's
13" porque se trata de trabajos que se
sostienen por sí mismos, que hablan de lo que a todos nos
interesa sin aburrir y con una necesaria dosis de cultura y
sensibilidad. Bienvenidos sean cineastas como Rosales,
Viscarret, Rebollo o Marques, porque siempre se agradecerá que
haya quien nos “robe” tiempo y dinero con largometrajes que
tengan algo que decir.
Calificación:
    
Imágenes
de "Ladrones" - Copyright © 2007 Pentagrama
Films, Telecinco Cinema y Maestranza Films. Distribuida en
España por Warner Bros. Pictures International España. Todos los derechos
reservados.
Página
principal de "Ladrones"
Añade "Ladrones" a tus películas favoritas
Opina
sobre "Ladrones" en nuestra Lista de Cine
Suscríbete
a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda
"Ladrones" a un amigo
|