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LADRONES


Dirección: Jaime Marques Olarreaga.
País:
España.
Año: 2007.
Duración: 105 min.
Género: Drama.
Interpretación: Juan José Ballesta (Alex), María Valverde (Sara), Patrick Bauchau (anticuario), María Ballesteros (madre), Carlos Kaniowsky (peluquero), Christian Sampedro (aprendiz).
Guión: Jaime Marques Olarreaga y Juan Ibáñez; basado en un argumento de Jaime Marques Olarreaga y Enrique López Lavigne.
Producción: José Ibáñez y Antonio P. Pérez.
Música: Federico Jusid.
Fotografía:
David Azcano.
Montaje: Iván Aledo.
Dirección artística: Juan Botella.
Vestuario: Fernando García.
Estreno en España: 22 Junio 2007.

CRÍTICA por Almudena Muñoz Pérez

  Los determinantes calman a los arribistas de género, incomodan a quienes el tacto adelantado de lo que va a ocurrir les impide disfrutar de cada escena como un ente abierto a múltiples posibilidades. No es nada fácil abordar el submundo de los carteristas sin determinar las pistas, los perfiles, las réplicas y las soluciones, haciéndolo reconocible y, a la vez, presuntuosamente disfrazado de modernez artística. “Ladrones” se encierra en sí misma para borrar las fronteras espacio-temporales, aunque el ambiente continúe siendo inequívocamente español, moderno y urbano. Se cierra e impide la entrada de ideas, propias y del espectador, desde una primera secuencia llamada a ofrecer en bandeja los motivos y el desenlace del argumento.

 

  En su debut, Jaime Marques Olarreaga se comporta como la protagonista, una prepotente niña bien (María Valverde) que se concede el capricho exótico de un amor arrabalero y peligroso. Decidida a aprender el robo de guante blanco en metros y autobuses, con un toque de exhibicionismo público, no duda en aprovecharse de su mentor (Juan José Ballesta) para después lamentarse de haber sido utilizada. El director demuestra la misma simbiosis con el medio cine: un esteta enamorado de las formas anticonvencionales, de los filtros azulados, los desenfoques, los bordes rugosos, la borrosidad de los fondos y el desequilibrio de una luz cortante en cada plano. Un empaque rebuscado que añade sordidez y soledad a una trama previsible y carente de los aires innovadores de su apariencia visual. Pero el realizador no puede quejarse de que le pase esto si decide trazar un formato circular, con dos flashbacks de apertura y cierre conectados, primer síntoma de la ebriedad sentimental que pretende huir de los topicazos delictivos –cayendo, por contra, en más revisitaciones–.

  Ballesta y Valverde salvan la mayoría de las secuencias por una compenetración no exenta de chirridos correspondientes a su distinta procedencia, y que enriquecen la impostada relación de niña rica-niño pobre. Más favorecidos por la comunicación silenciosa que en plenos diálogos artificiosos y graves, pronunciados con escaso convencimiento, los dos jóvenes desconocidos emprenden un anonimato para borrarse del resto y darse cuenta de la imposibilidad de conocerse mutuamente –un aislamiento extensible al público, que nunca sabe cuáles son sus nombres–. Sin embargo, Marques no consigue ampliar esta sensación a la forma de rodar, basada en contraplanos y carteras en primer término que no suman opresión ni amenaza a los hurtos, desprovistos de toda emoción identificativa y que bien podrían haber escogido cualquier otro escenario. La reclusión anímica de la pareja tampoco se refleja en los silencios palpitantes de momentos clave y en una banda sonora ecléctica, tan proclive a la afectación de una pieza clásica como a innecesarias canciones pop que por momentos arriman el film hacia el drama estadounidense de ebullición hormonal.

  No sólo norteamericanas son sus referencias, especialmente estilísticas y éticas, sino que “Ladrones” debe su existencia a múltiples referentes franceses, de “Rififí” (1955) a “Pickpocket” (1959), añadiendo el toque de Samuel Fuller del maniquí heredado de “Manos peligrosas” (1953). Como un Antoine Doinel crecidito y todavía defensor de la rebeldía social, Ballesta interpreta a un saco de boxeo aparentemente inmune a los golpes hasta que un día caiga al suelo. Su objetivo –encontrar a su madre– es tan obvio como inútil, pues dado lo bien que conoce la ciudad le habría sido más sencillo buscarla por sí mismo que enredarse en las misiones de un recóndito vendedor de antigüedades (Patrick Bauchau). El espectador asiste inerme a la lenta colocación de los obstáculos preparados para interrumpir la carrera, la persecución de los sueños que ya pertenecen al pasado y sólo admiten miradas –son múltiples los planos de Ballesta girando la cabeza hacia el público, como una lenta despedida–, y que concluirán con una tragedia ineludible... aunque el tono habría sido más sorteable –no se ha visto un clímax tan risible desde "Cadena de favores" (2000) o "Relaciones confidenciales" (2002)–.

  Ese deseo de disimular las coordenadas de la acción no libra a la película de la inverosimilitud de muchas de sus señas policíacas: los coches patrulla que llegan en segundos, los garitos secretos o los interrogatorios amenazadores, lo cual no sería un problema si la relación amorosa ahondase más allá de la excusa que permita al protagonista descubrir su destino. El pesimismo que rodea a este planteamiento, reflejado en las atmósferas decadentes de todo el metraje, se corresponde con las sucesivas renuncias que desembocan en la redención definitiva, no por temáticamente necesaria menos plomiza. Lo que rodea a la pareja central, los adultos, los paseantes, las víctimas, los lugares, los objetos y billetes robados, son tan efímeros como el olvido de una cara que quiere pasar desapercibida. Necesitan moverse para ser distintos al maniquí de prácticas, agitando a destiempo sus cascabeles de aviso con la correspondiente trampa y caída. Pero caen con ganas, y eso es algo poco usual en el cine protagonizado por jóvenes. La pena está en que todo lo demás se mantenga tan rígido, encasquetado en los recipientes genéricos, como un muñeco móvil que Marques articula según la cascada de emociones que le conviene, sólo los ojos relucientes de unos actores que podrían haber expresado más tras otra óptica que no fuera tan egoístamente preciosista. Y eso es un robo bien visible, un golpe de principiante.

Calificación:


Imágenes de "Ladrones" - Copyright © 2007 Pentagrama Films, Telecinco Cinema y Maestranza Films. Distribuida en España por Warner Bros. Pictures International España. Todos los derechos reservados.

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