CRÍTICA
por
José Arce
«La película
trata de aunar la fuerza narrativa del terror americano con el
poder visual del terror oriental». Son palabras de Paddy
Breathnach, director de “Cabeza de muerte (Fungus
Mortalitas)”, película que llega con un año de retraso a nuestro
país y que definen a la perfección lo que el realizador ha
tratado de plasmar –sin éxito, desgraciadamente–, aunque es de
agradecer que reconozca, involuntariamente, que ha preferido
renunciar a cualquier viso de originalidad en aras de una pesada
y tonta sucesión de clichés y situaciones por todos conocidas.
La historia
se centra en las desgracias de cinco universitarios
norteamericanos que viajan a Irlanda para encontrarse con un
amigo, Jake (Jack Huston, nieto del legendario John
Huston), y disfrutar con él de las que, como afirma con
vehemencia, «son las mejores setas del mundo». Durante la
recolección previa a la ingesta, el experto informa a sus
compañeros que eviten por todos los medios el hongo que da
nombre al film, caracterizado por tener un desagradable punto
negro en su corona. Se trata de un ejemplar letal, que tiene
propiedades tan dispares e improbables como la fuerza
sobrehumana, la capacidad de comunicarse con los muertos, la
habilidad de cambiar de forma y la posibilidad de realizar
premoniciones. Dicho y hecho: Tara (Lindsey Haun), por
motivos incomprensibles, se zampa el primero que ve. Esa noche,
Jake narra al amparo de la hoguera una leyenda local sobre un
niño deforme maltratado en un orfanato cercano, del que se dice
que aún sigue vivo y asesina a los desprevenidos turistas que
deambulan por el bosque… la matanza está servida.
Como puede
comprobarse, no estamos ante una producción excesivamente
original, más allá del hecho de que los acontecimientos se
desaten por un motivo tan trivial como un viaje alucinógeno
provocado por una droga natural. El prólogo presenta a unos
personajes tan tópicos como planos, a pesar de lo cual no dejan
de resultar simpáticos por lo sincero de sus actitudes, tanto en
sus interacciones como en sus propósitos –drogarse y disfrutar
del sexo, básicamente–. Los diálogos y situaciones en esta
presentación resultan amenos, ligeros y entretenidos, una
distensión apoyada en un tratamiento visual que se ayuda de lo
hermoso del paisaje, un imponente soto irlándes rematado por un
lago de reflejos acerados; sin embargo, y curiosamente, en el
mismo momento en el que la trama abandona la calma plácida de la
acampada para sumergirse en los terrenos del terror nocturno,
todo se desploma. La herramienta principal de la que dispone
Breathnach es la borrosa barrera que separa la realidad de la
alucinación provocada por los hongos. En teoría, la incapacidad
de distinguir lo real de lo que no lo es debería dar poder a la
narración, dejando al espectador en manos del juego del
realizador. No es así, y el guión comienza a flojear
progresivamente hasta que se pierde todo el interés por lo que
sucede.
La mano
del director carece totalmente de firmeza, convirtiendo lo que
acontece en un esbozo desdibujado de lo que pretende ser. La
representación de la historia en el orfanato, mostrada a base de
flash backs granulosos, es de lo más pueril, como si
tuvieran prohibido mostrar algo explícito, más allá del típico
niño con un saco en la cabeza para ocultar su deformidad, al más
puro estilo del pequeño Jason Vorhees. Y esta es, precisamente,
la característica principal a partir de este momento: lo
ligeramente intuitivo muy, pero que muy por encima de lo
gráfico. Una película de psicópata oculto y misterioso toma
buena parte de su fuerza en la brutalidad del ente misterioso a
la hora de liquidar a un elenco que, en la inmensa mayoría de
los casos, es totalmente prescindible para la platea; pero en
“Cabeza de muerte (Fungus Mortalitas)” no se nos muestra nada,
los asesinatos son presentados de forma burda a través de las
premoniciones de la sosaina heroína, decorados con una
pretenciosa vistosidad vanguardista que no ayuda en nada al
avance de la historia, por lo fuera de contexto de su
tratamiento estético.
Incapaz de
mantener el pulso narrativo –uno de los dos pilares que han
inspirado este trabajo–, el realizador decide centrarse
definitivamente en su otro influjo fundamental: el pavor visual
nipón. De esta manera, desaparece la coherencia de lo que
acontece para centrar todo el metraje en una sucesión de
imágenes y planos más o menos inquietantes en plan J-horror
inconexo, con figuras intuidas que se mueven fotograma a
fotograma acompañados de crujidos y chirridos, en un uso y abuso
que acaba por desenmarañar el último ápice de interés que queda,
esto es, la sorpresa final, un giro sorpresivo que no es tal
porque hace mucho que todos sabemos cómo acaba esta historia.
Para el recuerdo quedan momentos lisérgicos como el encuentro en
la cabaña con los dos rednecks babeantes y algún que otro
apunte estético, pero poco más. Todo aquél que haya visto más de
cinco películas de género de los últimos veinte años puede
recrearse en sus propios poderes premonitorios adivinando lo que
va a pasar sin necesidad de engullir fungus mortalitas.
Un tostón.
Calificación:
    
Imágenes
de "Cabeza de muerte (Fungus Mortalitas)" - Copyright © 2006 Capitol Films,
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Board, Nordisk Film A/S Film Production, Northern Ireland Film
and Television Commission. Distribuida en España por
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