CRÍTICA
por
Javier Quevedo
Puchal
Parece inevitable: Alfred
Hitchcock sigue siendo esa presencia ineludible, ese alimento
básico del que se sigue nutriendo el thriller de hoy y,
posiblemente, de mañana. Nos queda claro desde los títulos de
crédito con que se abre "Habitación sin salida", el último
producto hollywoodiense a la manera del imperecedero maestro del
suspense. Unos títulos que, sin llegar a ser de forma demasiado
obvia un plagio de los de "Psicosis", sí remiten a aquellos de
forma más bien poco dada a confusiones: las violentas líneas
ideadas por Saul Bass son aquí reformuladas en los nombres del
equipo de la película, moviéndose de forma igualmente violenta
al ritmo de la música compuesta por Paul
Haslinger
(quien, dicho sea de paso, tampoco parece tomar el nombre de
Bernard Herrmann en vano).
Por supuesto, los puntos de
contacto con la obra maestra a la que parece cortejar desde el
primer fotograma no se limitan al aspecto arriba mencionado, el
cual casi podemos hacer encajar más en un mero guiño, si se
quiere. Ahí tenemos, en cambio, a esa pareja americana de clase
media que, si bien ya está nadando en sus propios problemas,
ignora por completo que se va a topar con unos mucho mayores
tras su llegada casual a un aparentemente abandonado motel de
carretera. Una base argumental que, así expuesta, en líneas
generales no difiere mucho de la pequeña aventura de Marion
Crane en el célebre motel Bates.
Por otro lado, tampoco pasará por alto a nadie de dónde saca la
carne dramática el guionista Mark L. Smith...
y es que ese matrimonio dolido y separado por la desaparición de
su hijo, que de pronto se ve unido de nuevo a raíz del
traumático encuentro con un psicópata (en este caso, un grupo de
ellos), parece un calco conceptual de la situación ya vista con
anterioridad en "Calma total" (otro film que bebía del manantial
Hitchcock).
¿Significa todo esto que
"Habitación sin salida" no es otra cosa que un refrito sin mayor
interés? No por completo. O bien, si es un refrito, al menos se
trata de uno cocinado con buena mano. Ha quedado bastante claro
que, quien vaya buscando en el film de Nimród
Antal el aliciente de
la originalidad, saldrá decepcionado. Por suerte, la fortaleza
de la película no está tanto en el concepto, que ya vemos que es
poco menos que una fórmula matemática, como en otros valores no
tan obvios y, por tanto, quizás no tan fáciles de apreciar a
simple vista.
Y es que el largometraje de
Antal sólo se puede disfrutar plenamente desde su aceptación
como artefacto genérico, como producto comercial bien armado y,
en ese sentido, poco dado al fraude. Su apuesta por el
clasicismo y la sugestión frente a la casquería pura y dura la
convierte en un producto quizás insospechadamente elegante.
Buena cuenta de ello da la primera media hora de metraje, quizás
la mejor, en la que se expone con notable tacto e ingenio,
primero, el conflicto entre la pareja protagonista (excelentes
algunos de los planos que los aíslan de forma individual dentro
del coche) y, después, la semilla del conflicto posterior,
desarrollada sobre un sentido del suspense que, si bien en
última instancia acaba volviéndose bastante convencional y
previsible, nunca deja de ser eficaz (y, aun con todo, tiene
momentos con gran poder de sugestión, como el primer encuentro
con el encargado del motel).
En definitiva, una propuesta
tan poco original, tan carente de alma, como difícilmente
decepcionante con las expectativas suscitadas; y que, en
cualquier caso, proporciona a su público nada más y nada menos
que lo que espera de ella: hora y media de suspense sostenido
sin grandes riesgos ni grandes hallazgos.
Calificación:
    
Imágenes
de "Habitación sin salida" - Copyright ©
2007 Hal Lieberman Company y Screen Gems. Fotos por Suzanne
Tenner. Distribuida en España por Sony
Pictures Releasing de España. Todos los derechos
reservados.
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