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WHITE NOISE 2: LA LUZ
(White noise 2: The light)


Dirección: Patrick Lussier.
Países:
USA y Canadá.
Año: 2007.
Duración: 99 min.
Género: Thriller sobrenatural, terror.
Interpretación: Nathan Fillion (Abe Dale), Katee Sackhoff (Sherry Clarke), Craig Fairbrass (Henry Caine), Adrian Holmes (Marty Bloom), Kendall Cross (Rebecca Dale), Teryl Rothery (Julia Caine), William MacDonald (Dr. Karras), David Milchar (Kurt),  Josh Ballard (Danny Dale), David Milchard (Kurt).
Guión: Matt Venne.
Producción: Shawn Williamson.
Música: Normand Corbeil.
Fotografía: Brian Pearson.
Montaje: Tom Elkins y Patrick Lussier.
Diseño de producción: Andrew Neskoromny.
Vestuario: Maya Mani.
Estreno en España: 14 Agosto 2007.

CRÍTICA por José Arce

  ¿Qué hay después de la muerte? Es una de las sempiternas preguntas de la humanidad. Quien más, quien menos, a todos nos preocupa en mayor o menor grado lo que pueda esperarnos al otro lado. La cuestión es campo abonado para especulaciones, discusiones, debates, libros y, por supuesto, películas, encontrando en el género fantástico un semillero ideal para especular acerca de la sorpresa que nos tiene preparada La Parca tras despojarnos de nuestro gelatinoso envoltorio carnal. Así, en 2005, los fanáticos del tema se congratularon al recibir una de las pequeñas sorpresas del año, "White noise (Más allá)", dirigida por Geoffrey Sax y protagonizada por el chispeante y eternamente desaprovechado Michael Keaton, un inesperado éxito de taquilla –más de 24 millones de recaudación en su primer fin de semana en Estados Unidos– que jugaba con el concepto de los fenómenos electrónicos de voz –FEV–, método utilizado para captar y registrar las voces de los muertos a través de aparatos electrónicos. Ni buena ni mala, contaba con el handicap de centrarse en un tema tan trillado como son las psicofonías, lo que acababa pasándole factura por lo poco sorprendente de la trama y su tratamiento. Sin embargo, el buen hacer del director le merecía un simpático visionado. Y ya se sabe: buena recaudación es igual a secuela.

 

  Lo primero que hay que decir de “White noise 2: La luz” es que los responsables de la producción al menos han tenido la originalidad de sustituir los FEV por las ECM –experiencias cercanas a la muerte–. De este modo, sufrimos la tragedia de nuestro protagonista, Abe Dale (Nathan Fillion), que presencia impotente cómo un chiflado asesina a su mujer y a su hijo pequeño en un restaurante. Confuso, hundido e incapaz de superar el incidente, decide suicidarse mediante la ingesta masiva de pastillas. Pero un equipo de urgencias le resucita en el último momento, cuando está cruzando ese túnel brillante que muchos de los que han estado al borde de la muerte han jurado ver. De tan radical experiencia derivará un don: puede ver las auras de aquellos que están próximos al fallecimiento; desde ese momento, tratará de evitar trágicos accidentes y salvará a un puñado de personas, aunque las consecuencias serán funestas para todos.

  La idea de partida no es muy original, como tampoco lo es el resto de la trama, que parece el resultado de la unión de un montón de películas de idéntica temática premonitoria y fantasmagórica. Desmotivado por la torpe presentación de la tragedia en el prólogo, el espectador no tarda demasiado en perder el interés por lo que acontece, narrado con bastante desatino por el habitual de las estanterías de los videoclubs Patrick Lussier, que firma aquí uno de sus trabajos más irregulares como director –lo que tampoco es decir mucho–. De hecho, el film podría haber sido lanzado directo a DVD sin ningún problema. El argumento busca enganchar mediante la pretensión científica de todo lo que sucede ante nuestros ojos, pero la puesta en escena es tan improbable como tosca, comenzando por las acciones en plan juego-a-ser-un-dios-salvador del protagonista, un romo Nathan Fillion que parece sacado a la fuerza de un episodio de “Entre fantasmas”. La inverosimilitud del planteamiento y las actuaciones es total; quizá consciente del previsible resultado final, el guión del debutante en el campo del largometraje Matt Venne decide finalmente girar con más pena que gloria para sumergirse directamente en el terror de serie B que tantas veces hemos visto repetirse a sí mismo. Espíritus de tebeo recorren la pantalla a su antojo, sin explicación alguna de lo que está pasando; por su parte, los secundarios pululan alrededor del protagonista con un aspecto innegablemente retro y televisivo, con especial mención para el florido doctor Karras (??) y la pavisosa Sherry, tan desfasada en el tiempo que incluso luce unos ochenteros mechones de colores, como si de una muñeca Bratz se tratara –«tienes un pelo precioso», le confesará Abe en un arrebato amoroso…–. Tanto las interpretaciones como los diálogos resultan bastante desacertados aunque inocentes, pero lo realmente peligroso de esta historia, hilarante y aburrida a partes iguales, es el mensaje subyacente, que esperamos sea inconsciente y fruto de la necesidad de trabajar para vivir del guionista: no hay que intentar salvar a alguien que está a punto de morir, porque no le estás haciendo un favor; ni a él, ni a ti mismo. Uf.

  De vez en cuando hay algún sobresalto, algún vuelco argumental mínimamente interesante o algún plano acertado, por lo inquietante del espectro que muestra o por el tramposo y efectista uso de la banda sonora, repleta de chirridos y susurros propios de la invasión de terror nipón que nos inunda desde hace unos años. Pero a cada minuto que pasa, tanto la narración como la paciencia del espectador se vienen abajo, provocando en algunos momentos sonoras y no pretendidas carcajadas, en especial durante el ridículo clímax, que parece tan inspirado por los métodos asesinos de Horace Pinker (“Shocker. 100.000 voltios de terror”, Wes Craven, 1989) como por la saga “Destino final” (2000-2006). Con todo, si el tema resulta interesante a los entusiastas de lo paranormal, merece un vistazo entre cabezada y cabezada de una sobremesa dominical, cuando la proyecte alguna cadena televisiva dentro de unos años. Hasta entonces, lo mejor es seguir esperando a que la industria se aburra y deje de repetirnos lo mismo una, y otra, y otra, y otra, y otra vez.

Calificación:


Imágenes de "White noise 2: La luz" - Copyright © 2007 Gold Circle Films y Brightlight Pictures. Distribuida en España por DeAPlaneta. Todos los derechos reservados.

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