CRÍTICA
por
Julio Rodríguez
Chico
Olvidos de
memoria y de afectos
El director de
"Planta 4ª"
vuelve al hospital para acercarse al drama del Alzheimer y
concienciar al espectador sobre una enfermedad cada vez más
presente en las familias. Es una mirada amable y llena de buenas
intenciones que busca retratar una realidad dura y dolorosa, que
pretende abordarla desde una óptica muy humana, a medio camino
entre lo realista y lo emotivo, entre la gravedad de la
situación y el toque cómico-simpático que impregna algunas de
las secuencias. Sentimientos loables para recoger los momentos
de desconexión con la realidad, de naufragio emocional, de
pérdida de identidad... que acechan a tantos ancianos y que
determinan drásticamente la vida de su entorno próximo.
En una historia como ésta,
todo gira alrededor del anciano enfermo y del actor que le da
vida. Es Manuel Alexandre el encargado de sostener ese
último aliento vital, y también la película, porque sin él... no
habría película. Pocos profesionales de la interpretación son
tan queridos en España como Alexandre, y pocos son tan capaces
de trasmitir la ternura y bondad necesarios para encandilar al
espectador. Sin embargo, su personaje, don Ricardo, no parece
conseguir el arropamiento de unos hijos egoístas, que prefieren
“colocarle” en una residencia y así poderse ir de veraneo a San
Sebastián. Quien sí está dispuesta a cuidarle es su nieta Ana,
una joven opositora con un corazón de oro, que progresivamente
irá implicándose en su atención a la vez que descubre el sentido
de su vida.
Después de una concienzuda
documentación, Antonio Mercero traba una historia que es
absolutamente previsible, tanto en su núcleo central como en las
tramas secundarias: desde el título hasta el último plano todo
se radiografía sin dejar lugar a la sorpresa, sin salirse del
tópico, sin superar la acumulación de estados que bien
podrían estar descritos en un vademécum médico-afectivo: unas
veces pretenden ser situaciones graciosas sin conseguirlo, otras
son más bien duras con una solemnidad de cartón-piedra, y muchas
se decantan por lo emocionalmente dulce y azucarado. Impacta la
realidad de una mujer anciana paseando un carrito sin bebé, o el
hombre que sufre porque no recuerda el nombre de unos nietos que
son lo que más quiere en la vida. Pero la fuerza de esas
“estampas” está más bien en el imaginario del espectador que
sobre la escena representada: la película se aprovecha del
subconsciente de quien quizá revive momentos reales o los intuye
como posibles, pero que aquí son presentados sin fuerza ni
convicción, con la sensiblería de los buenos deseos.
La puesta en escena carece
de dramatismo y nunca se alcanza el clímax deseado, la
planificación y montaje televisivos restan poder a una imagen
que narra pero no suscita emoción, y la dirección de actores
conduce a algunos de ellos a situaciones exageradamente
patéticas y a unas reacciones poco matizadas. Manuel Alexandre y
José Luis López Vázquez realizan unas interpretaciones
imponentes, y cuando se les deja solos en escena, ésta cobra
vida, autenticidad y humanidad. Sin embargo, no es suficiente
para componer un retrato simplista, con una familia
excesivamente mezquina que obliga a Álvaro de Luna y
Ángeles Macua a forzadas e increíbles respuestas desde el
lejano San Sebastián. Escenas vacacionales y secundarios
prescindibles que sólo sirven de contraste facilón y maniqueo
con el que criticar la ingratitud de los hijos y esa pérdida del
afecto necesario que sufre el enfermo, más dolorosa incluso que
la de la memoria. Secundarios que son muy secundarios, que
diluyen el vitalismo y la cercanía que despliegan los
protagonistas, hombres solitarios en su senilidad de ficción y
también en su trabajo por construir una historia equilibrada. La
joven Cristina Brondo se esfuerza y tiene momentos
sinceros de humanidad, junto a otros en que fuerza y precipita
sus derroteros emocionales y profesionales de manera poco
convincente, entre gestos afectados y carreras dramáticas en
busca del abuelo perdido.
Así pues, crítica
clarividente de nuestra sociedad pero mostrada con trazos
simples y poco sutiles, como ese empeño por pasear a Ana en un
lujoso descapotable para decir al espectador que la enfermedad
toca también a los ricos, o esa sensiblería ramplona con que se
traza una historia romántica que avanza a trompicones
inverosímiles. Retrato de personajes defectuoso para una
realidad que merecía un acercamiento más hondo y de mayor fuerza
visual. Al final, parece que hemos asistido a una serie
televisiva de sobremesa con algún apunte interesante, tópicos y
concesiones a una audiencia poco exigente, y una voluntad de
olvidarse –aquí no hay Alzheimer que valga para el director– de
que una película es algo más que dos grandes actores y una
historia interesante.
Calificación:
    
Imágenes
de "¿Y tú quién eres?" - Copyright © 2007
Mono Films, Irusoin y Buena Vista International. Distribuida en
España por Buena Vista International. Todos los derechos
reservados.
Página
principal de "¿Y tú quién eres?"
Añade "¿Y tú quién eres?" a tus películas favoritas
Opina
sobre "¿Y tú quién eres?" en nuestra Lista de Cine
Suscríbete
a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda
"¿Y tú quién eres?" a un amigo
|