CRÍTICA
por
Leandro Marques
Revolucionarios por un minuto
Es necesario encontrarse con una pequeña
joya cinematográfica para tomar conciencia de que en cine las
buenas ideas casi siempre están más asociadas a la simpleza que
a la extravagancia. No obstante, la transición que debe recorrer
esa idea para acercarse a la genialidad sólo puede surgir en el
territorio del “cómo”, es decir, de los recursos que el director
utiliza para expresarse. No existen muchas cintas que sean
consideradas como grandes películas únicamente por la idea que
les dio origen. En lo que podría definirse como un cóctel
audiovisual que combina inteligencia con sutileza y altas dosis
de sarcasmo, el director rumano
Corneliu Porumboiu ofrece una clase magistral de cine
y manejo del lenguaje. Y su film “12:08 al Este de Bucarest”,
que viene obteniendo premios internacionales y elogios en
distintos festivales del mundo desde su presentación en Cannes
2006 –donde obtuvo la Cámara de Oro y el Label Europa Cinemas–,
incluido el Buenos Aires 9º Festival Internacional de Cine
Independiente (BAFICI) desde donde escribimos estas palabras,
puede servir de modelo para entender cómo una gran idea puede
coincidir y hasta igualarse en grandeza con la manera en que es
comunicada.
Comprometerse con una idea
no tiene precisamente que ver con tomarse las cosas en serio, ni
mucho menos a la dramática. De este concepto parte el director
para embanderarse con el recurso de la ironía y el tono
decididamente burlesco que adopta la película. El eje del
relato es el absurdo, a partir de ahí Porumboiu construye el
verosímil de su film, y una vez que logra que el espectador
forme parte del universo que se le presenta, la cinta va ganando
en fluidez y, al mismo tiempo, produce un sinfín de guiños
que establecen una línea de complicidad con el público. En
definitiva, el argumento de la obra es el siguiente: Rumania
vivió una revolución que implicó la caída del dictador Nicolae
Ceauşescu 16 años antes del momento en que se desarrolla la
acción del largometraje. En este contexto temático, que
claramente determina un compromiso político, Porumboiu despliega
un corrimiento muy interesante, por lo ocurrente y por lo
ingenioso, ya que en vez de situar su cámara en el lugar donde
se dieron los acontecimientos, en Bucarest, deposita su mirada
en un pequeño pueblo al Este de la capital rumana.
La organización del relato
está dividida en dos etapas. La primera sirve como introducción
a la segunda, que es sin dudas el punto en que el film alcanza
su climax. En esa primera parte, el realizador presenta a los
personajes centrales, que son tres, todos de alguna manera
unidos por una esencia delirante. Uno es el dueño de un canal de
televisión del pueblo, conductor de un programa que se propone
definir si en la plaza central hubo verdaderos revolucionarios o
sólo ocasionales concurrentes que se reunieron para celebrar la
revolución como hecho ya consumado. Los otros dos personajes son
los entrevistados, autoproclamados héroes pero probables grandes
mentirosos de la revolución. Uno es profesor de Historia, eterno
borracho y lleno de deudas. El otro, un pícaro anciano, asiduo
Papá Noel en las fiestas navideñas. Conocer sus personalidades
conduce a un lógico encuentro con los resultados finales del
debate en el programa de televisión, pero, en definitiva, y en
lo que es otra virtud del film, la previsibilidad del desenlace
no atenúa en ninguna instancia la efectividad y los matices que
vehiculizan el trayecto.
Visualmente, el film se
destaca por su austeridad. Texturas crudas, imperfectas, cámara
distante y observadora. Las imágenes se desentienden de la idea
de belleza, y es lógico, también la actitud de los
personajes, llevadas casi siempre al grotesco, poco hubieran
tenido que ver con la construcción de una visión alejada de lo
tosco, inquieto, ruidoso y casi nada plácido. En este sentido
estético, la cinta coincide con los criterios característicos
del cine proveniente de Europa del Este: menos cuidadoso, más
precario seguramente, pero pasional como pocos. De todas formas,
el uso de estos parámetros de ninguna forma obstaculiza la
fluidez de la narración; por lo contrario, a medida que la trama
evoluciona, las imágenes y la narración se encuentran en un tono
armónico y envolvente. En ese momento, público y protagonistas
ya están preparados para la segunda etapa de la película, que es
el programa de televisión casi en tiempo real.
Filmado con una cámara
fija aunque tambaleante y torpe –que es la del camarógrafo
amateur del programa televisivo–, el espectador de la
película se funde en uno con el espectador del programa de
televisión. Ambos son testigos de los sucesos: de la entrevista
que el conductor realiza a los dos supuestos héroes, de las
llamadas de televidentes, de gestos, expresiones, salidas,
peleas con manos que de improvisto aparecen en plano. El eje del
debate gira en torno a un minuto decisivo, que constituye la
diferencia entre un posible héroe revolucionario y un vil
farsante. Si los entrevistados se encontraban en la plaza antes
de las 12:08, momento en que se desataba la revolución en
Bucarest, ellos podían ser considerados partícipes de la
gestación del nacimiento de una nueva Rumania. Si, en cambio,
llegaron a la plaza a partir de esa hora, sólo serían cómplices
pasivos de una revolución por la que no hicieron nada.
El tramo final del film se
desvanece como en segundos. Es brillante y desopilante al mismo
tiempo. Se compone un escenario tan complejo que se vuelve
inabarcable, sobrecargado livianamente de sentido, en donde no
basta observar cada punto del cuadro, porque lo que prima es
aquello que no se ve, para poder absorber con plenitud la
complejidad de la situación. Al mismo tiempo, el gran talento
del realizador es ponerse del lado de la simpleza que obtiene de
la invisibilidad. Es decir, su capacidad para hacer olvidar del
cine, de la película: en este último tramo, los espectadores
quedan hipnotizados por los sucesos de un programa de
televisión. En ese gesto inclusivo –el de usar el recurso de la
simpleza para contar una situación compleja–, podría reconocerse
el punto de vista que Porumboiu intenta comunicar. También su
genialidad.
Calificación:
    
Imágenes
de "12:08 al Este de Bucarest" - Copyright ©
2006 42 KM Film. Distribuida en España por Gaia Films
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