CRÍTICA
por
Manuel Márquez
"American beauty", la celebradísima ópera prima de Sam
Mendes –un film que suele suscitar, como todo film interesante,
reacciones muy viscerales: desde quienes lo ensalzan como una
obra maestra (entre los que me cuento) hasta quienes lo
denuestan como un bluff insufrible (que también son
legión), abanico que deja muy poco espacio para el punto medio–,
aunque no abrió ninguna línea temática que no hubiera sido
explorada previamente por el cine estadounidense (la de
historias personales que ponen de relieve las fisuras por las
que se escurre, falaz e inconsistente, el American dream),
sí que puso la misma en el disparadero, de manera que, a partir
de ese momento, y siguiendo la exitosa senda de la “matriz”,
toda una batería de propuestas (provenientes, en su gran
mayoría, de las filas indies con estación de parada y
fonda en Sundance y aledaños) se dedicó a incidir, cual martillo
inmisericorde sobre un yunque cada vez más baqueteado, en esa
misma corriente argumental.
En ese
sentido, la propuesta que llega ahora a las pantallas españolas,
"El fin de la inocencia", no deja de ser un hito más de esa
interminable sucesión, aunque hay que decir, en su alabanza, que
constituye una producción destinada, con el paso del tiempo, a
engrosar la capilla a la que, regularmente, acuden los cofrades
de esa procesión formada por los films de culto, gracias a
algunos puntos que, aun cuando no sean particularmente
novedosos, sí que denotan un talento y una audacia bastante
por encima de lo que la cartelera nos suele ofrecer
cotidianamente en ambos aspectos.
Una historia
de niños, preadolescentes, que, desde un arranque argumental
muy, muy potente (aunque quizá algo manido) y peligrosamente
proclive a desembocar en una historia de corte melodramático
demasiado intenso, le sirve a su autor,
Michael Cuesta, para elaborar,
sin estridencias –auténtico puño de hierro en guante de seda,
con el que golpea a diestra, siniestra, arriba y abajo...– y
haciendo de sus tres protagonistas, desde unos perfiles
tremendamente personales, arquetipos encontrables en cada rincón
de la santa nación “usamericana”, un repaso integral –y
demoledor– de todos los fantasmas que, bajo sábanas y alfombras,
ensombrecen la bucólica visión de unos USA plácida y
profundamente asentados sobre valores morales firmes e
inconmovibles.
Ahí están
perfectamente reflejados, sin necesidad de golpes de efecto en
plan Michael Moore o Morgan Spurlock, e integrados de manera
natural y equilibrada en una trama que jamás se desliza por el
tremendismo (aunque no le falten momentos de clímax bastante
intensos) los problemas del uso y abuso de las armas de fuego;
los desórdenes alimentarios severos de una buena parte de la
población; los arrebatos taliónicos en los que se sustenta un
sistema judicial y penitenciario bastante poco humano; las
fallas y desgarros afectivos en que deviene la desestructuración
familiar, con sus secuelas de desarreglos sentimentales y
sexuales importantes; los prejuicios raciales. Puede sonar
excesivo, pero les puedo asegurar que, visto su despliegue sobre
la pantalla, tal acumulación no termina deviniendo en ningún
fresco abigarrado ni confuso, gracias a la fluidez con que la
trama va dando cabida a todos y cada uno de los elementos
apuntados.
¿Que no hay
nada nuevo bajo el sol, y todo ello ya fue contado?
Probablemente, a qué engañarnos... Pero comoquiera que hay
formas y formas (de narrar), sí que les puedo asegurar que si
se cuentan ustedes entre aquellos que gustan de esas historias
que, bajo una cándida y ruborosa apariencia, dejan el estómago
“p’al arrastre” –a puñetazo limpio– durante alguna que otra
hora, ésta es, sin ningún género de dudas, una apuesta ganadora.
Y no se fíen ni de la presencia de tres críos integrando su
elenco protagonista (aunque éstos, como la inmensa mayoría de
ellos, tienen todas las papeletas para engrosar la nómina del
panteón de ilustres criaturas caídas en el camino, ojalá
tuvieran la suerte de zafarse de tan poco glorioso destino...),
ni de lo infamante de ese título que remite directamente al
culebrón de sobremesa (por cierto, ¿para cuándo habrá alguien
con autoridad sobre el particular que pueda poner coto a estos
desmanes...? Y después hablamos de leyes del cine...). Les puedo
asegurar que no se arrepentirán.
Calificación:
    
Imágenes
de "El fin de la inocencia" - Copyright ©
2005 Serenade Films, Canary Films y Echo Lake Productions.
Distribuida en España por Vértigo Films. Todos los derechos
reservados.
Página
principal de "El fin de la inocencia"
Añade "El fin de la inocencia" a tus películas favoritas
Opina
sobre "El fin de la inocencia" en nuestra Lista de Cine
Suscríbete
a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda
"El fin de la inocencia" a un amigo
|