CRÍTICA
por
José Arce
El glamour
que rodea a la profesión de agente secreto siempre ha sido uno
de los elementos ineludibles a la hora de vender las películas
de espías, entre las que la saga de James Bond supone el ejemplo
más famoso. Sin embargo, el nuevo 007 encarnado por Daniel Craig
en "Casino Royale" (Martin Campbell, 2006) ha dejado claro
que tener buena percha y coquetear con mujeres hermosas es tan
sólo la parte superficial del personaje. Si rascamos un poco,
encontramos la verdad: Bond, por muy al servicio de Su Majestad
que se encuentre, no es otra cosa sino un asesino disfrazado de
gentleman. Y el público lo ha reconocido, y le ha
gustado, respondiendo en taquilla, que al fin y al cabo es lo
que importa en el cine comercial. Pero, ¿cuál es la ventaja con
la que cuenta Jason Bourne? Su sinceridad. No necesita coches
espectaculares ni mujeres despampanantes. Él es una máquina de
matar, y lo sabe, por lo que su arrepentimiento y su rebelión
contra los que le crearon le convierten en una figura más
sincera, más cercana, por extraño que pueda resultar. Quizá de
ahí deriva la aceptación que la trilogía que ahora se cierra ha
tenido entre los espectadores de todo el mundo, una creciente
legión de seguidores que a lo largo de los últimos cinco años le
ha acompañado en su aventura para descubrir su verdadera
identidad. Y el momento ha llegado.
No se puede encarar “El ultimátum de
Bourne” como una película alejada de sus dos predecesoras.
Tras la primera entrega, se comprobó que la fórmula había
funcionado, por lo que la franquicia ha evolucionado siguiendo
los parámetros de la obra inicial, firmada por Doug Liman en
2002. Si bien ya sabemos que el frío asesino interpretado por
Matt Damon ha renegado de sus orígenes y trata de
descubrir quién es realmente y quién eliminó a su novia, los
responsables del filme son conscientes de que no pueden
decepcionar a los incondicionales de las andanzas del amnésico
verdugo del Gobierno. Y la mejor manera de lograrlo ha sido
orquestando un espectáculo de relevancia internacional, que
nos lleva de Londres a París, Madrid, Tánger, Moscú o Nueva
York, un torbellino de ritmo endiablado que no renuncia a una
meticulosa atención a los detalles.
Damon está comodísimo en un papel hecho a
su medida, que le encaja como un guante, y que logra sin
esfuerzo las simpatías de la platea por su aspecto corriente, de
persona normal, ese vecino que cualquiera podríamos tener pero
que se encuentra atrapado en una situación que escapa a la
comprensión del común de los mortales. Porque Jason Bourne no es
el malo, el sistema que le ha creado lo es, y ante eso todos
estamos de acuerdo. No tiene amigos ni apoyo, más allá del
evolucionado personaje de Pamela Landy (Joan Allen), otro
títere del implacable aparato burocrático estadounidense, que se
encuentra igualmente apabullada por la situación. Su dilema,
menos agresivo físicamente pero más comprometido a otros
niveles, es igualmente descomunal, porque desde el interior de
la máquina se da cuenta de que los que hacen funcionar el mundo
no son sino una pandilla de déspotas con ansias de dominar el
planeta. Albert Finney, de hecho, se convierte en un
auténtico mad doctor desde su papel de Albert Hirsch,
creador de monstruos en un lúgubre laboratorio; y a su servicio,
un genialmente dictatorial David Strathairn mimetiza el
rol de Noah Vosen, lacayo sin escrúpulos que supone el penúltimo
paso para descubrir la verdad. Papeles intensos, duros,
asignados a actores de solvencia más que probada, que
contribuyen a que el final de esta trepidante aventura quede
grabado a fuego en la retina del aficionado.
El apartado técnico es superior. La
limpieza de la producción es de nota, logrando que la acción, el
drama y el suspense se compensen durante casi dos horas de
metraje que transcurren en un abrir y cerrar de ojos. A lo
largo y ancho del planeta, Bourne destroza, vapulea, machaca y
humilla con contundencia y frialdad a cualquiera que se cruce en
su camino. Exprime al máximo las posibilidades de vehículos y
aparatos que otros que creen jugar en su nivel ni siquiera se
atreverían a tocar, y no le importan las consecuencias. Al ritmo
de una banda sonora tan estruendosa como minimalista, vivimos
explosiones, persecuciones dignas de saltimbanquis circenses y
peleas imposibles que se desarrollan en apenas un metro cuadrado
–el enfrentamiento de Tánger es inolvidable–, todo ello más
disfrutable si nos acomodamos en asientos de la parte posterior
de la sala, allí donde podamos deleitarnos del apabullante
espectáculo sin perder detalle. Greengrass, curtido en el campo
del documental, consigue algo tan complicado como que un armazón
pirotécnico como éste no pierda realismo, gracias a una puesta
en escena que no renuncia a la sobriedad en ningún momento,
otorgando humanidad a quienes aparecen en pantalla, estén en un
bando u otro. El más que competente guión permite al realizador
recrearse en escenas en las que puede regodearse tanto de largos
planos como de nerviosas secuencias rodadas cámara en mano, pero
en ningún momento la trama sucumbe a la acción, sabiendo hacer
de ésta una herramienta al servicio de lo que nos están
contando.
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La venganza
es sucia, y por definición implacable; pero a medida que se
acerca el final, ésta se diluye en pos del comportamiento
heroico de nuestro protagonista. El que fuera brazo ejecutor ha
de batallar contra esa moralidad que le hizo abandonar su
profesión, por mucho que a nosotros, meros observadores, nos
gustara que su poder letal se explayara en toda su magnitud. La
decisión no es nuestra, sino suya, y no podemos reprochárselo,
pero la mitificación del personaje, elevado a una categoría
cuasi súper heroica en el clímax de la película, empaña un tanto
el resultado. Con todo, un film fabuloso, cine de muchísimos
quilates dentro de su género, que ha modernizado con acierto las
aventuras del Bourne creado por el novelista Robert Ludlum,
trasladando sus andanzas en la Guerra Fría hasta los días que
vivimos, en los que el terror se refleja en los insensibles ojos
mecánicos del Gran Hermano que nos vigila sin descanso.
Calificación:
    
Imágenes
de "El ultimátum de Bourne" - Copyright ©
2007 Universal Pictures, MP Beta Productions, Kennedy/Marshall Company y Ludlum
Entertainment. Fotos por Jasin Boland. Distribuida en España por Universal Pictures
International Spain. Todos los derechos
reservados.
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