CRÍTICA
por
Julio Rodríguez
Chico
Vivir,
morir, amar
Hay películas cuyos primeros
planos no tienen desperdicio y muestran ya todo lo que está por
venir, tanto temática como formalmente. Es lo que sucede en este
drama romántico, de tono nostálgico y profundamente intimista,
de elegante factura y espíritu contemplativo, que introduce al
espectador a una sentida ensoñación sobre la vida y la muerte,
sobre el amor y el compromiso, hasta arrebatarle con el
preciosismo de una hermosa puesta de sol para hablar
metafóricamente del declinar de una existencia sobre la que se
hace balance y donde el cociente es... haber amado.
Una primera escena de una
joven vestida de blanco, recostada plácidamente en un velero
impulsado por el viento, contemplada por otra mujer anciana y de
negro desde el embarcadero, que la mira con gesto señorial,
sonriente, melancólico... porque es ella misma cincuenta años
atrás. Bellas y poéticas imágenes, nada pretenciosas, para una
emotiva historia en la que Ann recuerda, en el lecho de muerte y
ante sus hijas Constance y Nina, su primer amor de juventud,
Harris, y las trágicas circunstancias que lo rodearon en la boda
de su amiga Lila y la muerte del incomprendido Buddy.
Paralelamente y en un tono dramático pero sereno y contenido, el
espectador descubre las encrucijadas vitales de Constance,
felizmente casada y con dos hijos, y de Nina, insegura y
temerosa ante el futuro de un embarazo y un novio que la quiere.
El director de fotografía
húngaro Lajos Koltai
asume la realización de un film
de enorme belleza visual, con localizaciones preciosas en los
acantilados de Nueva Inglaterra, y una estética que sabe recoger
los ambientes de los años 50 y también la modernidad. Con esta
cinta responde a las expectativas más exigentes al elaborar una
narración que combina con precisión las distintas épocas e
historias personales, con suaves transiciones, algunos elementos
mágico-surrealistas y sugerentes momentos de emoción. Es la
crónica de una vida intensa, desde que Ann cantó en la boda de
Lila hasta que sus hijos pasaron a ser el público de sus
canciones. Es una llamada a vivir sin miedo al compromiso y a
equivocarse, porque “no importa cometer errores” sino entender
que hay que arriesgarse con decisiones que suponen elegir uno de
los muchos caminos posibles, y que ahí se encuentra la
posibilidad de amar. Es la historia de un sentimiento de culpa y
de redención largamente ocultado, de la incertidumbre de no ser
capaz de estar a la altura de las circunstancias, y también de
la recuperación de una paz al conocer los secretos de una madre
que vienen a dar luz sobre la propia vida. Es el balance de una
vida a las puertas de la muerte, con las oportunidades
desaprovechadas y los aciertos de unos días gastados por los
hijos. Es un elogio a la maternidad y al sentido abnegado de
tantas mujeres que han sabido amar y entregarse.
Porque, ante todo, estamos
ante una película de personajes, y especialmente de mujeres y
actrices. Un espléndido reparto magníficamente dirigido por
Koltai, donde madres e hijas en la vida real interpretan con
sentimiento y contención papeles de profundo calado humano.
Todas logran primeros planos de matizada expresividad con sus
dudas, inquietudes y temores, con escenas conmovedoras que van
de lo melodramático a lo trágico: Vanessa
Redgrave,
Natasha Richardson,
Meryl Streep,
Mamie Gummer,
Claire Danes,
Toni Collette...
cuesta mucho decir quién está mejor, porque todas rayan la
perfección en un retrato coral de mujeres que buscan la
felicidad y que consiguen trasmitir al espectador esos mismos
anhelos con paz y hondura.
Una cinta que se acerca a la
obra maestra, con un guión muy bien construido por
Susan Minot y
Michael Cunningham,
con tramas perfectamente entrelazadas que van y vienen en el
tiempo, que se sirve sin abusar de la fatalidad como recurso
dramático, y que dibuja personajes de sentimientos complejos y a
veces contradictorios. Se completa con una música sinfónica
envolvente que respira un delicado y sugerente lirismo con las
notas de un piano que llegan sin cansar. Una propuesta muy
recomendable, entre el sentimiento pasional y la obligación
familiar, con hondura antropológica y sensaciones
reconfortantes, adecuada para quienes deseen contemplar y sentir
con unos personajes que navegan por la vida, guiados por el
deber e impulsados por la suave brisa del amor, y que al
atardecer podrán contemplar el rastro dejado en los hijos y en
un mundo que entonces abandonan.
Calificación:
    
Imágenes de "El atardecer" - Copyright © 2007 Hart-Sharp Entertainment.
Fotos por Gene Page. Distribuida en España por
Universal Pictures International Spain. Todos los derechos
reservados.
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