CRÍTICA
por
Miguel A. Delgado
Sinceramente, el reparto de
esta película es de los que quitan el hipo: empezar con una
lista en la que figuran, por el lado veterano,
Vanessa Redgrave,
Meryl Streep
o
Glenn Close, y acaba
por el más joven con
Natasha Richardson,
Toni Collette
o
Claire Danes, hace que
las expectativas sean altas. Máxime cuando comprobamos que (unas
más que otras, eso sí) todas tienen su oportunidad para brillar
y que su participación va más allá del “estilo Harry Potter”, en
el que el elenco es kilométrico pero algunas intervenciones
apenas sobrepasan los escasos segundos en pantalla y el par de
frases, normalmente irrelevantes, en los diálogos.
Por
eso, no deja de ser frustrante que la película termine
resbalando sin dejar una verdadera huella en el espectador,
por más que haya tenido oportunidad de asistir a un puñado de
escenas en las que las intérpretes se lucen. Entonces, ¿dónde
se encuentra el problema? En primer lugar, en un claro defecto
de estructura: la cinta va y viene entre dos tiempos
diferentes, esto es, un fin de semana de hace décadas y el
momento actual en que la protagonista, una enferma mental
(Vanessa Redgrave, Claire Danes en el segmento ambientado en
el pasado), y mientras es atendida por sus hijas y una
enfermera de noche (genial Eileen Atkins),
recuerda lo que sucedió en torno a la boda de su mejor amiga (Meryl
Streep en la
actualidad, Mamie Gummer
cuando el personaje es
joven). Hay algo entre los dos tiempos que no termina de
cuajar, como si estuviéramos viendo dos películas diferentes,
como si los conflictos y puntos de enlace entre una época y
otra no terminaran de funcionar.
Esto
quizá sea porque, a pesar del abrumador reparto que
Lajos Koltai ha
logrado reunir para su debut norteamericano, hay una seria
descompensación en la manera en cómo se reparten: cuando en el
presente tenemos a la Redgrave, a la Richardson, a la Collette
y, en el tramo final, a la Streep, parece un tanto
desequilibrado que en el pasado el peso de la interpretación
recaiga en Claire Danes, una actriz que se esfuerza pero que no
logra transmitir lo que el personaje exige. Y no ayudan tampoco
los refuerzos de un Patrick Wilson
desacertado en un papel
crucial, porque en realidad es el motor de las dos historias, y
de un Hugh Dancy
que apenas consigue salir del estereotipo de chico joven rico e
incomprendido, una especie de versión descafeinada y
trasplantada a América del Sebastian Flyte de “Retorno a
Brideshead”. Ante ello, poco puede hacer el poderío
interpretativo de Glenn Close, única veterana en este segmento,
pero que permanece relegada en un papel secundario.
El otro problema es que la
película se toma a sí misma muy en serio, con un afán de
trascendencia que recorre todo el metraje y que llega a todos
los extremos, desde la fotografía (excepcional, no en vano
Koltai ha trabajado muchos años en estos menesteres para
directores como István Szabó, Stephen Frears o Giuseppe
Tornatore, entre otros) a la banda sonora, el diseño artístico y
los movimientos de cámara. Un ropaje excesivo (como el metraje)
para una historia que quizá hubiese agradecido poder respirar
mejor, sin un andamiaje tan claramente destinado a buscar la
emoción del espectador. Pese a todo, nunca es perder el tiempo
ver a unas actrices como las que pueblan los rincones de “El
atardecer”; y, aunque sólo sea por los momentos en los que la
gran Vanessa comparte pantalla con Toni Collette o Meryl Streep,
merece la pena. Pero podía haber sido mucho, mucho mejor; desde
luego, cuesta creer que Lajos Koltai pueda llegar a tener más
oportunidades a su favor.
Calificación:
    
Imágenes de "El atardecer" - Copyright © 2007 Hart-Sharp Entertainment.
Fotos por Gene Page. Distribuida en España por
Universal Pictures International Spain. Todos los derechos
reservados.
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