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DEATH PROOF  |  PLANET TERROR
(Grindhouse)


Dirección y guión: Quentin Tarantino.
País:
USA.
Año: 2007.
Duración: 113 min.
Género: Acción, thriller.
Interpretación: Kurt Russell (Stuntman Mike), Sydney Tamiia Poitier (Jungle Julia), Rosario Dawson (Abernathy), Vanessa Ferlito (Arlene), Jordan Ladd (Shanna), Rose McGowan (Pam), Tracie Thoms (Kim), Mary Elizabeth Winstead (Lee), Zoë Bell (Zoë), Omar Doom (Nate), Michael Bacall (Omar), Eli Roth (Dov), Quentin Tarantino (Warren), Monica Staggs (Lanna), Michael Parks (Earl).
Producción: Elizabeth Avellan, Robert Rodriguez, Erica Steinberg y Quentin Tarantino.
Fotografía: Quentin Tarantino.
Montaje: Sally Menke.
Diseño de producción: Steve Joyner y Caylah Eddleblute.
Vestuario: Nina Proctor.
Estreno en USA: 6 Abril 2007.
Estreno en España: 31 Agosto 2007.

CRÍTICA por Almudena Muñoz Pérez

  A “Death proof” la acompaña la polémica de todo proyecto deslavazado: esa casa unifamiliar que nos han vendido como chalets adosados a causa de la especulación distributiva en Europa. De ahí el doble conflicto de una película que es segmento y director’s cut al mismo tiempo, a lo que habría que sumar una tercera complicación: el vínculo con su hermana, "Planet terror", parientes de parto que, como sucede en las mejores familias, terminan distanciándose. Con tantas presiones intra e interrelacionales, no es de extrañar que el film haya caído en brazos de un debate intenso y llamado a la prolongación, algo que, por otra parte, parece ser compañero indispensable de los estrenos tarantinianos.

 

  Dada la naturaleza siamesa de “Death proof” y "Planet terror", a pesar de la pátina autoral de su estreno fuera de Estados Unidos –nexos imborrables por las apariciones duales de actores, también seña de identidad de una serie B y Z falta de recursos, como el propio Quentin Tarantino, Rose McGowan o Marley Shelton, en el hospital que actúa como crossroad entre ambos productos–, antes de cualquier juicio particular resulta forzoso sopesar el equilibrio de un programa doble que debería perseguir objetivos parejos. Sin embargo, y aunque ambas cintas traicionan el espíritu del original que se homenajea –la materia en sí, cine barato hecho con los mejores recursos y aparentando una despreocupación y una ruptura formal que son apreciativas, pero no reales. El rollo no se quema y los metros perdidos nunca se rodaron. Una falsedad esnob, pero totalmente coherente con la naturaleza de los tráilers, anuncios y cabeceras fakes de la sesión completa, que hacen de “Grindhouse” el revival del cine por el cine, la mascarada cinéfila y la condición de engaño que a veces olvida con demasiada frecuencia el séptimo arte–; podría concluirse que "Planet terror" cumple a rajatabla con las condiciones de partida: premisa absurda, personajes pintorescos y un sentido del humor parejo a la indolencia por las hechuras finales. Asumiendo la paradoja entre la inspiración exploitation y el respaldo de gran estudio, la obra de Robert Rodriguez sería más rigurosa, pero cae con mayor facilidad en las acusaciones frívolas que “Death proof”, la gamberrada que no deja de ser un juguete de artesano, dispuesto a pulirlo sin importar los brillos perfeccionistas que terminen eclipsando al polvo y al barro de su gemela.

  Pero “Death proof” es “Grindhouse” y, sin perder su esencia, también ella misma –congruente al recuperar una vieja gloria como Kurt Russell y seleccionar primerizas y efímeras starlettes de primera fila–. Antes de achacar al film un exceso de duración –en realidad nunca está claro si las quejas proceden por un añadido banal de metraje concreto o por aguantar veinticinco minutos extras de Tarantino–, debería asumirse un contraste entre las dos versiones oficiales, extrapolando a su entidad duplicada la perspectiva genérica y metalingüística con que muchos monopolizan el análisis de la película. Y la principal diferencia entre ambas versiones supone, en el caso del estreno europeo, una justificación más fehaciente de la psicosis de Stuntman Mike en lugar de asumir el vacui de “Grindhouse”. Las que deberían ser víctimas azarosas que no responden a un plan determinado se consolidan como cebos escogidos, perdiéndose así un claro paralelismo entre las dos mitades de la historia sin que la bisagra chirríe. El segundo grupo de amigas, sosias del primero como un añadido moderno al destino clásico de las chicas previas, no busca venganza por la atrocidad cometida, sino que actúan espontáneamente, en reflejo de la misma vena homicida impremeditada de Stuntman. El racionalismo del mal –psicológico, en todo caso– diluye esa fantástica contaminación de la estructura hacia la causalidad de la acción, por lo que los nuevos añadidos no mejoran lo que ya eran breves y justos apuntes de un personaje que no requiere de coartadas convencionales –homenajeando así el sustrato oculto y antecesor de la ola de psychokillers freudianos celebérrimos en los setenta y consolidados en los primeros noventa–.

  Tras la política del menos es más, Tarantino traza una historia repetida, un déjà vu que desprende la sensación onírica de penetrar en la cabina de un loco proyeccionista o en los deseos insatisfechos del personaje central –la treta de mostrar desde cuatro perspectivas el impacto contra el coche de Jungla Julia y compañía no posee causas narrativas, sino sensoriales: la identificación público-Stuntman implica sentir al máximo su ansia de posesión individual, como explicita el accidente previo con Rose McGowan–. A ese efecto reiterativo contribuyen los temas parejos en las conversaciones de las chicas, los planos internos de los coches, los bares y la fragilidad palpable de su presencia en un ambiente hostil, las carreteras secundarias, que no necesitan carta de presentación. Pero, y como demostrará la segunda parte de la película, “Death proof” es un mecanismo de director que sólo cobra vida propia por su capacidad para conducir al público, incluso, hacia su propia destrucción. No hace falta mencionar las famosas, denostadas, cuestionadas referencias cinéfilas y musicales presentes en toda su filmografía para afirmar la omnipresencia del autor, y que aquí enlazan guiños y ataques repartidos entre vallas publicitarias, camisetas y líneas de diálogo, el auténtico fetichismo tarantiniano, también él mismo como centro del homenaje. Esta vez la mención del cine va más allá de las gracias culturetas y alimenta el manifiesto –¡en tan corta carrera!– del estilo de su artífice, obviando expectativas de fans y quejas críticas, sectores que desprecia con no poco disimulo.

  Si en la primera mitad asistimos a los preliminares de una violación brutal –sustituida en términos físicos por el choque automovilístico y anticipada mediante sarcásticos planos del capó del coche, que arremete por delante y detrás a sus objetivos, o del logotipo entre las piernas del conductor–, en la segunda Stuntman recibe, como tanto se ha insistido, una venganza indirecta que, de manera más plausible, es un arrepentimiento catártico para el espectador que secuencias antes no pudo evitar sentir pena por este conductor avejentado del que se mofan esculturales jovencitas. Mujeres que Tarantino rellena con frases masculinas hasta devolverlas a su sitio, el de víctimas que, en su temeraria carrera, se lo habían buscado. Las siguientes chicas, todas vinculadas profesionalmente al mundo del cine, componen una ironía hacia el primer segmento: será una especialista –dentro y fuera de pantalla, lo que redobla el valor de la broma– la que derroque el ego machista de Stuntman, otro especialista caído en desgracia. “Death proof” diserta así sobre el convencionalismo cinematográfico y los desórdenes que, gracias a recursos visuales –el deterioro del principio, el brillo colorista del final–, pretende introducir el director, con más o menos acierto. En todo caso, consigue reformular también el papel de quien mira, el público que asume los riesgos morales de su implicación en la trama y cómo, en plena vorágine de puro entretenimiento, se inmola en la piel del villano con placer sadomasoquista, pues el único capaz de ser verdugo y víctima a un tiempo, Stuntman y Zoë Bell, es Tarantino, siempre a prueba de muerte súbita por encima de todas sus creaciones, pretencioso y divertido.

Calificación:


Imágenes de "Death proof" - Copyright © 2007 Dimension Films. Distribuida en España por Aurum. Todos los derechos reservados.

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