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LA JUNGLA 4.0
(Live free or die hard)


Dirección: Len Wiseman.
País:
USA.
Año: 2007.
Duración: 130 min.
Género: Acción, thriller.
Interpretación: Bruce Willis (John McClane), Timothy Olyphant (Thomas Gabriel), Justin Long (Matt Farrell), Maggie Q (Mai), Cliff Curtis (Bowman), Mary Elizabeth Winstead (Lucy McClane), Cyril Raffaelli (Rand), Kevin Smith (Frederick Kaludis).
Guión: Mark Bomback; basado en un argumento de Mark Bomback y David Marconi; sobre el artículo "A farewell to arms" de John Carlin.
Producción: Michael Fottrell.
Música: Marco Beltrami.
Fotografía:
Simon Duggan.
Montaje: Nicolas de Toth.
Diseño de producción: Patrick Tatopoulos.
Vestuario: Denise Wingate.
Estreno en USA: 27 Junio 2007.
Estreno en España: 7 Septiembre 2007.

CRÍTICA por Albert Meroño Peñuela

  Al echar la vista atrás hacia las anteriores entregas de John McTiernan y Renny Harlin, uno piensa si el cinematográfico era el mejor formato para el personaje de John McClane. Es cierto que difícilmente podía preverse una redefinición del género de acción con “Jungla de cristal” (1988), pero el caso es que lo hubo. Sin embargo, y como ocurre reiteradamente con el "si funciona, para qué cambiarlo", McClane pasó de ser el nombre falso de Joe Leland –protagonista de la novela base “Nothing lasts forever” de Roderick Thorp– a una especie de antihéroe que siempre se halla "en el lugar equivocado y en el momento equivocado". Dotado con el sarcasmo, un arma de corto alcance y su frase relampagueante que sólo espeta antes de acabar con el malo final, se antoja de forma casi natural pensar en un esbozo que Marvel desestimara en última instancia.

 

  Pero en contra del comic-book, perfecto para una novela gráfica de “Nothing lasts forever” y todo lo que pudiera haber venido después, se erigen un par de factores relacionados con el cine. Aparte del impacto visual, sólo acotado por el presupuesto y el nivel tecnológico, nos encontramos con la escalada criminal, con el tamaño de la acción del villano, con la obra de "ingeniería del rehén" que se oculta tras la figura del guionista. En este punto se halla lo que diferencia cada nueva película con la coletilla "Die hard" de un simple remake. La novela de Thorp proponía el rascacielos Nakatomi como el clímax del acto terrorista; en las dos siguientes entregas se demostró, con cierta puntería, que la magnitud del terror puede extenderse a un aeropuerto –estamos pasando del orden de cientos al orden de decenas de miles– y a una gran urbe, Nueva York –en este caso, de decenas de miles a millones–. “La jungla 4.0” encuentra su primer y prácticamente único acierto obedeciendo este patrón de la envergadura del caos, amenazando a todo Estados Unidos –cientos de millones–.

  Pocas opciones tenía el mal para tales propósitos y, descartando la amenaza nuclear, a Mark Bomback sólo le quedaba el control digital. Agarrándonos a la estadística de lo imposible, y tomando por muestra la (im)probabilidad de que un mismo policía se convierta en el héroe de las cuatro mayores amenazas terroristas registradas hasta la fecha, es posible relajar las exigencias realistas –un punto más para el formato cómic– para acatar la hipótesis de que tal control es posible, aun conociendo que el mundo sigue negándose a la unicidad del registro informático, precisamente por inseguro. De este modo, John McClane completa su transformación en cuanto a su habilidad con la herramienta, que ha ido deteriorándose a través de los años –recuerden cómo podía apañarse un gadget en casi cualquier planta del Nakatomi– y que finalmente sucumbe ante la era de la información.

  Sabotear lo moderno exige a un buen ejército de crackers, unos enemigos hasta el momento desconocidos para el representado por Bruce Willis. Y digo crackers porque, durante la proyección, es posible que oigan términos cuya etimología batalla desde hace más de veinte años sin mucho sentido; tomo el Jargon File como fuente no sólo más añeja sino más democrática, para reiterar –consciente de lo fútil del acto– el mal uso de palabras como hacker o pirata; hasta donde uno sabe, este último nunca ha dejado de ser un hombre, presumiblemente con un parche en el ojo, que aborda barcos para robar en ellos. Con estos personajes no sólo se justifica el "punto cero" del título, que ya casi pertenece a la cultura popular, sino el amplio despliegue de pantallas, teclados e interfaces falsamente bellas que separan al software de decodificación de claves de la pandilla de gamberretes que van a conquistar el mundo desde el ordenador, inconscientes de que a John McClane hoy le toca la ronda nocturna.

  La carencia de presuntuosidad nunca fue una característica de los films de McTiernan y Harlin, así que la mayoría de sus defectos pueden facturarse a nombre de Len Wiseman ("Underworld", 2003) para empequeñecerlo todavía más; halla en su mediocridad más que suficiente para evitar el remake por los pelos. La fórmula ya la conocen: tiroteos –ya nunca más se harán esperar–, chistes malos, helicópteros derribados por obra y gracia del don de McClane, y el espectacular combate de un F-35 contra un tráiler en plena autopista con esencia a “Mentiras arriesgadas” (1994), que no deja de ser sucedáneo diehardiano. Algunas otras referencias se dan cita para cumplir con lo de "renovarse o morir", como ocurre con los cuerpo a cuerpo de "Matrix" (1999) o el salvamento del vehículo despeñado a lo “El mundo perdido: Jurassic Park” (1997), lo que deriva en entretenimiento tech-demo o de demostración visual: sólo puede disfrutarse en la sala de cine. No iba a faltar acción en una secuela de una imprescindible de la acción; a quien va a faltarle dentro de poco es al mismo McClane, que aunque con bastón y dolor de huesos se vea con ganas de faenar las calles, su imparable esquema evolutivo sólo le depara dos posibles destinos más: la Tierra en su totalidad, y el espacio infinito.

Calificación:


Imágenes de "La jungla 4.0" - Copyright © 2007 20th Century Fox, Dune Entertainment e Ingenious Film Partners. Fotos por Frank Masi. Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados.

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