CRÍTICA
por
Leandro Marques
Duro como
siempre, previsible también
Si
debiera mencionarse un héroe de otro tiempo, de otra época, de
otra generación, John McClane sería sin dudas un nombre a tener
en cuenta. Él representa al último, tal vez, héroe de la era
pre-tecnológica. Su fuerza se concentra en sus puños, su
principal arma es su cuerpo, su voluntad derriba montañas, y en
el look con el que se presenta al mundo no pueden faltar
sus ya clásicos ropajes teñidos por su propia sangre. McClane,
además, caracteriza el prototipo de hombre viril, recio,
testarudo, solitario, que durante una época no muy lejana –con
los Stallone, Schwarzenegger, Gibson, entre otros– eligió
construir el cine de acción proveniente de las grandes
producciones norteamericanas de las décadas del 80 y 90. En esta
cuarta edición de "Jungla de cristal" sucede algo que se había
vislumbrado en su antecesora. Porque más allá de la
perseverancia de siempre para revertir una situación límite en
la que se ve involucrado de casualidad y que le encuentra
peleando solo frente al resto del mundo, más allá de su carisma
y de su simpático desencuentro con el universo de las
computadoras y tecnologías de última generación, este John
McClane luce monótono, cansado, aburrido y, fundamentalmente,
sin nada nuevo que decir.
En un
voluntarioso esfuerzo del guión por enhebrar situaciones cuya
alta complejidad no logra compensar su falta de ingenio, “La
jungla 4.0” se presenta como otra previsible propuesta de
acción de la saga. Su previsibilidad reside en el tono general
–no en cada desafío específico que debe sortear el personaje
central– y en la organización de la narración, que apela a la
misma estructura que definió las anteriores películas, con
exactamente los mismos guiños, los mismos giros, el mismo
manejo de los tiempos del relato. Esto produce que el
recorrido de la aventura de McClane no alcance picos demasiado
elevados de emoción, y que cada uno de sus pasos estén
atravesados por todos los momentos que ya podían esperarse de
antemano. En resumen, no faltan ni la frase graciosa del héroe
en un momento de adrenalina, ni los vidrios que se rompen, ni
un sinfín de explosiones y disparos, ni destrezas
extraordinarias e inverosímiles, ni matones cayendo uno tras
otro frente al poder de sus golpes, ni un ser amado por el
protagonista en peligro por su culpa.
Más allá
de todo, no puede asegurarse que lo previsible anula lo
entretenido. Es que el film dirigido por Len
Wiseman no frena la
marcha ni un segundo. Y cada uno de los 130 minutos del metraje
están dominados por una acción incesante, que no excluye coches
volando y chocando por doquier, helicópteros, golpes, disparos,
hombres cayendo desde las alturas y cualquier otra ocurrencia
extravagante que pueda imaginarse. Entonces, si "entretenido” se
entendiera como la infinita construcción de hechos sucediéndose
uno tras otro, sin dudas "La jungla 4.0” excede con holgura esa
definición. Pero el significado de esa palabra no es fijo e
inflexible, sino que varía de acuerdo al parecer de cada
espectador. Otra lectura que puede ofrecerse de esta exagerada
concatenación de sucesos que caracteriza a la cinta, podría
también comprenderse como un mecanismo utilizado para suplir la
notoria imposibilidad del film de salirse de sus propios códigos
y estereotipos narrativos.
Bruce Willis,
el eterno, no exhibe la apariencia decadente que muchos colegas
suyos han evidenciado en terceras, cuartas o quintas partes de
una saga. Si bien no cuenta con la agilidad y destreza de otras
ocasiones, sus golpes siguen percibiéndose duros, y sus toques
de humor tradicionales acompañan la caracterización de este
personaje al que, por menos que guste, no puede dejar de
reconocérsele cierta inobjetable simpatía. El actor
Justin Long le
acompaña bien en el rol de su ocasional coequiper, un
hacker que le ayudará a salvar al vulnerable sistema
informático estadounidense del colapso absoluto. En general, el
trabajo del resto de los intérpretes es mediocre, aunque tampoco
es que el guión se interese demasiado por otorgarles un margen
de expresividad que les aleje de un rol meramente funcional a
los efectos de la trama.
El
film avanza sin detenerse. Pulveriza cada uno de sus minutos.
Pero la acumulación de efectos visuales y sonoros, la ascendente
progresión de los conflictos que presenta la trama, y el
permanente recurso de la acción para cada secuencia, no
confluyen para construir una atmósfera de tensión, suspense y
adrenalina que sí logró alcanzar "Jungla de cristal" en su
primera parte (especialmente) y en la segunda (en menor medida).
En definitiva, este nuevo capítulo cuenta con casi todos los
condimentos necesarios para convertirse en una gran película de
acción. Sin embargo, se termina convirtiendo en apenas una buena
cinta del género porque carece de un elemento fundamental, que
tiene que ver con la construcción de climas, de una trama que
apele algo más al ingenio y a la sugestión para no mostrar todo,
para no ser tan llana y lineal. En este sentido,
propone un entretenimiento mecánico, carente de
sorpresa, demasiado apegado a una fórmula, a una receta.
Prefiere mantenerse fiel a los rasgos que hicieron de la saga
una de las más taquilleras e importantes de las décadas pasadas,
y que convirtieron a John McClane en un gran ídolo, por
atributos que hoy ya lucen anticuados, de otra época. Esta
última parte de la saga, en la que tal vez sea su mayor
debilidad, no contempla el hecho de que la imprevisibilidad, tan
necesaria en el cine, es consecuencia del cambio, de la
renovación, de un movimiento que obligadamente conlleva abandono
y búsqueda de nuevos horizontes.
Calificación:
    
Imágenes de "La jungla 4.0" - Copyright © 2007 20th
Century Fox, Dune Entertainment e Ingenious Film Partners.
Fotos por Frank Masi. Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos
reservados.
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