CRÍTICA
por
Joaquín R. Fernández
Robin Williams
tiene que comenzar a replantearse su carrera. Al igual que le ha
ocurrido a algunas estrellas del cine de acción, parece que
ciertos nombres relacionados con la comedia ya no son capaces de
atraer a las masas como acontecía hace escasos lustros. Teniendo
en cuenta los discretos resultados económicos de "¡Vaya vacaciones!"
o de la película que es objeto de este comentario, el mencionado
actor debería dedicarse a escoger con una mayor pericia los
distintos proyectos en los que se involucra, especialmente
cuando él es su principal estrella. De hecho, no le ha ido nada
mal cuando ha participado en títulos de reducido presupuesto
pero cierta solvencia artística ("Insomnio",
"Retratos de una obsesión"), algo
que también le ha sucedido al dejarse ver como secundario en
superproducciones del estilo de "Noche en el museo"
o al prestar su voz en propuestas de animación como "Robots"
o "Happy feet: Rompiendo el hielo".
"Hasta que el cura nos
separe" nos narra la historia de Ben y Sadie, una pareja que,
tras conocerse y salir juntos (tranquilidad, por suerte todo
esto se nos explica en apenas unos cuantos minutos), deciden
casarse. Sin embargo, ella pone como condición que el matrimonio
se celebre en la misma iglesia en la que lo hicieron sus padres,
si bien el sacerdote del templo les exige que antes se preparen
para ello, obligándoles a que superen una serie de pruebas que,
según él, resultan infalibles para saber si una determinada
unión prosperará o, por el contrario, está predestinada al
fracaso.
La película busca con
impaciencia llamar nuestra atención con una comicidad
excesivamente forzada y simplona, empleando burdas triquiñuelas
que, desafortunadamente, ya hemos tenido que padecer en un buen
puñado de producciones pertenecientes a un género
cinematográfico que en pocas ocasiones nos reporta alegrías. El
realizador Ken Kwapis,
quien ha conseguido hacerse un hueco en la pequeña pantalla
gracias a su labor en diversas series de televisión, nada puede
hacer con el insulso y nada ingenioso guión de los prácticamente
desconocidos Kim Barker,
Tim Rasmussen
y Vince Di Meglio.
"Hasta que el cura nos
separe" se sustenta en una trama muy básica y en una serie de
desaboridos gags que precisamente conforman el cursillo
prematrimonial que el reverendo Frank les impone a Sadie y Ben.
Lo peor de todo es que los (en teoría) mejores chistes del
largometraje se pueden ver en su tráiler, de ahí que la cinta
sólo satisfará a los espectadores menos exigentes, aquéllos que
son capaces de divertirse con previsibles trompicones y fáciles
exageraciones actorales. Desde luego, el resto de los mortales
será mejor que rebusquen en su videoteca si lo que quieren es
pasar el rato con una comedia decente, a no ser que quieran
aburrirse durante los escasos minutos que dura el filme.
En cuanto al reparto, Robin
Williams interpreta un papel que ya ha repetido en anteriores
ocasiones, percibiéndose que se lo ha pasado en grande en el
rodaje y que no se ha esforzado demasiado en su actuación (un
buen aviso para todos aquellos a los que sus ademanes les
resultan irritantes). El trabajo de Mandy Moore
y John Krasinski
pasa bastante desapercibido,
algo de lo que deberían congratularse, puesto que en una
producción de estas características el público incluso podría
echarles la culpa de la vaciedad con la que están descritos sus
personajes.
Calificación
película:
    
Calificación
banda sonora original:
    
Imágenes
de "Hasta que el cura nos separe" - Copyright © 2007
Warner Bros. Pictures, Village Roadshow Pictures, Robert Simonds
Productions y Phoenix Pictures. Distribuida en España por Warner
Bros. Pictures International España. Todos los derechos
reservados.
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