CRÍTICA
por
José Arce
El sueño de
Stan Lee sigue
cobrando vida en forma de puro espectáculo cinematográfico.
Desde las páginas de los cómics, el goteo de superhéroes que
pasan del papel al celuloide parece interminable, de suerte que
todo el universo Marvel parece destinado a materializarse en
actores de carne y hueso o, cuando menos, en creaciones
digitales. Y dada la longevidad de las principales sagas de la
Casa de las Ideas, sus colecciones son campo abonado para la
producción ingente de secuelas que inunden las salas de todo el
planeta durante largos años.
En
2005, de la mano de Tim Story,
se plantó la semilla de la franquicia de
"Los 4 Fantásticos",
en una superproducción que dejaba una sensación agridulce en
el espectador, por lo soso de las tramas y situaciones que
presentaba. Con todo, la rentabilidad del proyecto se aseguró
sobradamente con la recaudación mundial, así que,
inevitablemente, esta peculiar familia tenía las puertas
abiertas a una continuación. Si bien el reto no era difícil de
superar, los responsables sí debían tener en cuenta que ya no
era necesario presentar a los personajes, la relación entre
ellos y las causas de sus poderes, todo ello plasmado en el
film original; así, ahora se requería más acción y
espectáculo, máxime al conocerse la participación estelar
–nunca mejor dicho– de Silver Surfer, uno de los seres más
poderosos y magnéticos nacidos en la mítica editorial. El
resultado nos deja con un sabor de boca un tanto amargo, por
lo inocuo y fugaz de todo lo que acontece ante nuestros ojos,
a pesar de que no se puede negar que “Los 4 Fantásticos y
Silver Surfer” –no se han devanado los sesos con el título–
hace pasar un buen rato a quienes escapen del calor veraniego
al amparo de la oscuridad de una sala de cine.
Reed
Richards (Ioan Gruffudd)
y Sue Storm (Jessica Alba)
van a contraer matrimonio. Es uno de los eventos sociales más
importantes del año, de manera que la pareja acapara toda la
atención de la prensa del corazón y la ciudadanía en general.
Pero algo extraño está pasando: una estela recorre el cielo de
nuestro planeta a gran velocidad, congelando todo lo que deja
tras de sí. Los enamorados tendrán que posponer su enlace y
unirse a Ben Grimm (Michael Chiklis)
y Johnny Storm (Chris Evans)
para hacer frente a tan peculiar situación. Y por si fuera poco,
Victor Von Doom (Julian McMahon)
ha escapado de su prisión de metal. Si contabilizamos el total,
estamos ante un montante de seis personajes entre héroes y
villanos, lo que supone una suma considerable de poderes,
agilidades y habilidades diversas que deberían sobrecoger al
espectador en una muestra apabullante de maravillas. Sin
embargo, no es así, y no lo es porque Tim Story no acaba de
dominar el material de que dispone, con una dirección nada
arriesgada y en ocasiones incluso conservadora, desperdiciando
recursos que debería utilizar para crear un torbellino de
escenas espectaculares. El rastro helado que el surfista deja a
su paso regala postales impactantes visualmente, al igual que
las secuencias que comparte con la Antorcha Humana, de gran
belleza por el contraste entre ambos contendientes. Pero en
general la diversión, salvo momentos contados, se queda corta,
de principio a fin.
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Buena parte de la culpa de la sosería
general que desprende la película se debe a que esta
familia es, valga la redundancia, demasiado “familiar”,
rayando en ocasiones la mojigatería.
Divertidas son las situaciones en las que tratan de
comportarse con naturalidad, como ciudadanos corrientes,
despertando las más diversas reacciones entre sus vecinos
neoyorquinos, un recuerdo al colorido serial de Batman de
los años 60 en el que, acompañado de Robin, el Hombre
Murciélago era capaz de resistir estoicamente la cola de
un museo para pagar la entrada, a sabiendas de que iba a
producirse un robo, sólo para demostrar un civismo propio
de su condición de héroe del pueblo. Lejos de ser tan
entrañable, el cuarteto prodigioso cabalga entre la
actitud discreta y el súper ego desbocado, en función de a
qué integrante nos refiramos. El exasperante comercialismo
desquiciado de Johnny, la rectitud del doctor Richards, la
puritana discreción de Sue o la –imposible– pretensión de
normalidad de Ben chocan continuamente con los
metropolitanos de a pie, que les acogen como iconos
urbanitas sin ningún problema en la mayoría de los casos.
Pero esta “humanidad”, esta sumisión a las normas cívicas,
esta contención y sometimiento a las ataduras de los
convencionalismos sociales impiden dar rienda suelta a
unas personalidades que, funcionando con libertad y en
conjunto, podrían resultar inigualables en el cosmos de
superhéroes que campan a sus anchas en el celuloide.
Muestra culminante de todo esto es el infantil
enfrentamiento verbal entre Richards y un alto mando
militar, capaz de “poner calientes”, por diversos motivos,
a los hermanos Storm. Incluso Silver Surfer sucumbe a la
candidez reinante, abandonando su intrínseca frialdad
inicial –apoyada en el tono espartano de la cada vez más
requerida voz de Laurence Fishburne–
para tratar de revelarse contra su señor. Una lástima,
aunque por otra parte tampoco se aleja demasiado del
espíritu del cómic original creado a principios de la
década de los 60.
En
cuanto al reparto, poco se puede añadir. Los
actores principales están cómodos en unos papeles que no les
exigen demasiado y que les están reportando fama y popularidad
internacional –en
especial a Jessica Alba, que levanta pasiones y tumultos
mediáticos allí donde acude–, a la espera de que les lluevan
oportunidades artísticas más relevantes. Julian McMahon, cuyo
Doctor Muerte es ya oficialmente el sparring del equipo,
pasea su impavidez durante su corta aparición, que no sirve para
nada más que para desperdiciar un villano histórico en el mundo
de la viñeta y para ser vapuleado de forma inmisericorde, una
vez más. Doug Jones,
el fauno de Guillermo del Toro, presta su fibroso físico al
surfista, mientras que en el apartado puramente anecdótico Stan
Lee demuestra que puede hablar y disfruta del que quizá sea el
mejor cameo que ha realizado hasta la fecha –junto con el de
"Spider-Man
3" (Sam Raimi,
2007)–, directamente sacado de la boda de papel de Reed y Sue.
El obligado final abierto
invita a pensar en la continuación de las aventuras de la
familia del edificio Baxter, así como en la llegada de una nueva
saga que recoja las peripecias del enigmático Silver Surfer –que
será un hecho en 2009, con Alex Proyas tras las cámaras–.
Tampoco es una sorpresa.
Calificación:
    
Imágenes
de "Los 4 Fantásticos y Silver Surfer" - Copyright ©
2007 20th Century Fox, Constantin Film y Marvel Enterprises.
Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos
reservados.
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