CRÍTICA
por
José Arce
Paul
W.S. Anderson inició
su trayecto tras las cámaras con “Shopping” (1994), interesante
película en la que un jovencísimo Jude Law empezaba a dar sus
primeros pasos firmes en la industria. Tras esta experiencia
iniciática, el director decidió lanzarse de cabeza a la piscina
de la ciencia ficción, para no abandonarla hasta hoy. Si bien su
dedicación al género es de agradecer, su carrera, tras seis
títulos en su haber, sigue siendo de lo más errática. Títulos
infumables –“Mortal Kombat” (1995)–, notables –“Horizonte final”
(1997)–, o simplemente entretenidos –“Soldier” (1998)–,
componían su filmografía hasta que una de las franquicias más
famosas de la historia de los videojuegos se cruzó en su camino:
"Resident
evil" (2002)
supuso la confirmación de Anderson como realizador comercial, de
suerte que aún sigue explotando, desde su silla de guionista, el
éxito de la traslación del título de Capcom a la gran pantalla.
La tercera entrega
de la serie incorpora un buen montón de cambios respecto de
sus predecesoras. Básicamente, la diferencia fundamental
reside en que se aleja definitivamente de los parámetros
marcados por los dos primeros capítulos, mucho más ceñidos a
su fuente inspiradora, aunque esto supusiera una traba para el
producto final –el forzado personaje de Némesis, un
enfrentamiento metido con calzador en "Resident evil 2 - Apocalipsis"
(Alexander Witt, 2002)–. Ahora, Alice (Milla
Jovovich) y sus
compañeros de aventura trasladan su epopeya al exterior, más
allá de Raccoon City, en una historia que se desarrolla casi
totalmente a plena luz del día, en el desierto
post-apocalíptico; así, aparece ante nosotros una producción
cercana a las pesadillas antropófagas de George A. Romero, con
ingentes hordas de muertos vivientes recorriendo la tierra
yerma en la que se ha convertido nuestro planeta tras el
avance incontenible del Virus-T. Este nuevo planteamiento
favorece el espectáculo de los espacios abiertos, de las
planicies inacabables y desoladoras, en las que el horizonte
recorta las patosas figuras de los que buscan sustento en la
carne de los vivos. Anderson, apegado a su trabajo en los dos
primeros capítulos, es fiel al no-muerto tradicional, alejado
de las nuevas características del género, en las que prima la
velocidad impuesta por "28 días después"
(Danny Boyle, 2002) y "Amanecer de los muertos"
(Zack Snyder, 2004). Pero aporta, por otra parte, un elemento
diferenciador: los zombis ahora comen por placer, no por
necesidad, lo que impide que mueran de inanición, redundando
en las pocas esperanzas de supervivencia de una humanidad
reducida a un pequeño grupo que subsiste como puede bajo
tierra, oculto a los ojos inertes que dominan la superficie.
Además, la toxina ha secado los lagos y acabado con la flora y
la vegetación, con lo que la arena y la roca son los elementos
dominantes en esta desesperanzadora visión de nuestro futuro.
En
cuanto al argumento, alejarse del germen original incluye el
riesgo de tener que crear la historia por sí mismo, y el
guionista no se ha esforzado demasiado: la caravana encabezada
por Alice, Claire (Ali Larter)
y Carlos (Oded Fehr)
se dirige a las lejanas y apartadas tierras de Alaska, donde es
posible que la infección no haya llegado todavía. Temática
recurrente en el catálogo fílmico dedicado a los muertos
vivientes, la falta de ideas hace que todo sea previsible y
quede en manos del director, el temible –por lo impredecible–
Russell Mulcahy,
que orquesta un correcto espectáculo palomitero y falto de
pretensiones que se deja ver con agrado y fugacidad. Los fans de
la saga encontrarán más de los mismo, sí, tanto en lo bueno como
en lo malo. Escenas de acción espectaculares, personajes tópicos
hasta decir basta –la niña, el infectado que lo oculta hasta el
último momento, el héroe que se sacrifica por el grupo– y un
desarrollo tan rápido como lleno de incongruencias y fallos de
raccord, entre los que destaca, por lo llamativo, la
capacidad de la Jovovich para estar maquillada y estupenda o
sucia y sudorosa en cuestión de segundos. La mano de L'Oreal y
su contrato blindado parece que todo lo alcanza.
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En
lo tocante al reparto, la modelo ucraniana es la estrella
indiscutible, siendo imposible apartar la mirada de su
sobrehumana belleza cada vez que aparece en pantalla. Dura y
divertida, la actriz se lo pasa en grande repartiendo a diestro
y siniestro, en un festival preparado para su lucimiento que no
requiere de grandes esfuerzos interpretativos. Junto a ella –más
bien, a su alrededor– pulula Ali Larter, habitual del fantástico
reciente y en estado de gracia al haberse llevado uno de los
papeles centrales de la serie televisiva “Heroes”, metida en el
papel de la ruda Claire Redfield, que junto a Alice representa
el triunfo de la mujer en un mundo devastado; el simpático Oded
Fehr repite como Carlos, el machote sensible de turno, mientras
que Iain Glen
despliega con cómoda solvencia
toda la maldad de su rol, el doctor Isaacs que conocimos
vagamente en los últimos minutos de le entrega anterior.
En
el recuerdo quedan, como es evidente, las escenas de puro
despliegue adrenalítico, como el ataque de los pájaros o la
trepidante pelea en una sepultada Las Vegas. Los tintineos de
las melodías creadas por Marilyn Manson
para el primer episodio de la franquicia resuenan, ya
habituales, cada vez que descendemos a las instalaciones
subterráneas en las que un Comité decide por los pocos humanos
que quedan vivos –el presidente Wesker (Jason
O'Mara) pone una nota
ochentera realmente casposa y trash cada vez que
interviene–, en una producción que, nuevamente, se estrella en
un clímax atropellado y resuelto como si a Anderson, otra vez –y
van…– se le acabaran las ideas a medida que llega a las últimas
páginas de su libreto. El ambiguo y extravagante final, más
abierto de lo que se pudiera esperar, invita a nutrir la máquina
de rumores, ya puesta en marcha, que dispara los avisos de la
llegada de una cuarta entrega. Ya se verá.
En
definitiva, un título que cierra, al menos por ahora, una
trilogía digna y perfectamente disfrutable, cuyos errores, que
tampoco importan demasiado, se diluyen rápidamente si pensamos
que las adaptaciones de este videojuego habían podido caer en
manos de ese terrorista cinematográfico que es Uwe Boll.
Menos mal.
Calificación:
    
Imágenes de "Resident evil: Extinción" - Copyright ©
2007 Screen Gems, Davis Films, Constantin Film e Impact Pictures.
Fotos por Rolf Konow. Distribuida
en España por Sony Pictures Releasing de España. Todos los derechos
reservados.
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