CRÍTICA
por
Julio Rodríguez
Chico
Pasiones
desbocadas
Cuando aún
está reciente el fiasco pseudohistórico "Elizabeth: La Edad de Oro", la cartelera recibe lo que alguno
calificaría de precuela. Justin Chadwick se adelanta unos
años en la Historia para llevar a la pantalla el momento en que
Enrique VIII buscaba afanosamente un heredero, y al no
encontrarlo en su esposa Catalina de Aragón, lo buscó en alguna
de las damas de honor de las que se rodeaba en la corte. Una de
ellas, Ana Bolena, sería quien le sedujese y diera una niña que
el tiempo convirtió en reina, con el nombre de Isabel. Pero
antes de eso, muchas cosas sucedieron en un tiempo en que el
matrimonio respondía a las aspiraciones de prosperidad de una
familia y no al amor, en que la obediencia a la autoridad real o
familiar prevalecía sobre la libertad personal, en que el mundo
“civilizado” estaba en manos de la ambición de unos y del
orgullo y lujuria de otros.
Aquí Chadwick
adapta la novela “La otra Bolena” de Philippa Gregory y
se fija con ello en María, la hija menor de una familia que, en
su ambición —se ve que no es exclusiva de los americanos ni de
Paul Thomas Anderson— no dudó en “vender” a sus tres hijos con
tal de subir en el escalafón de la corte y ganar poder. Ana y
María encarnan dos tipos de mujer y dos modos de seducción: la
primera es inteligente, retorcida y astuta, inconformista y
camaleónica, independiente y moderna para su época; la segunda
es afable e inocente, noble y sincera, cariñosa y hogareña.
Además, Ana se siente herida en su orgullo y traicionada, y su
paso por la corte francesa hará de ella una víbora tan seductora
y cizañera como peligrosa y vengativa. María, en cambio, es un
cacho de pan que su padre y su propio marido dan como comida a
un caprichoso monarca, pero también es una mujer que siempre
amará y perdonará, aunque nunca acabe de desprenderse del lirio
de la inocencia. Entre el resto de personajes, la frivolidad de
Enrique VIII coge fuerza y dramatismo cuando la conciencia
comienza a recriminarle su comportamiento, y su mirada trasluce
un odio a todos y a sí mismo; el duque de Norfolk —tío de las
hermanas Bolena— representa al auténtico Maquiavelo en sus
mezquinas artes de intriga y alcoba; en el otro polo, lady
Isabel Bolena y Catalina de Aragón se erigen como las dos
mujeres de fuertes convicciones y de un aplomo, sensatez y
personalidad del que carecen el resto.
Tal variedad
de matices en el dibujo de personajes —y muchos más— quedan muy
bien recogidos en un gran guión de Peter Morgan que,
narrativamente, cuenta la historia con agilidad y buen ritmo.
En ocasiones se sirve de transiciones cambiando de espacios
escénicos por medio de travellings laterales, en otras
acompaña a los personajes en su deambular por la corte o sus
aledaños, y también recurre a algunos planos cenitales que
pueden referirse a una mirada exterior que presencia los
tejemanejes de los cortesanos. Idéntica impresión se tiene
cuando la cámara se sitúa en un discreto segundo plano dentro en
las estancias y observa, a veces desde detrás de una reja o
ventanal, las pasiones, ambiciones y traiciones de unos
individuos colocados ante dilemas que acarrean dolor,
humillación y remordimiento. Dramatismo y algunos momentos de
cierta emotividad —aunque más conseguida por una banda sonora
eficaz— para una historia de despropósitos que no podrán parar
sus históricos protagonistas, y donde cada uno se verá enredado
en la tela de araña que él mismo ha creado.
Ese clima de
disyuntiva moral queda muy bien reflejado por una fotografía que
busca los claroscuros en los rostros y el tenebrismo en los
ambientes, mientras que todo el trabajo artístico de
ambientación de época está magníficamente logrado gracias a un
cuidado vestuario y atrezo, y a unas localizaciones regias que
dan empaque a la cinta. En cuanto a las interpretaciones, está
claro que el enorme esfuerzo de producción encuentra en las
estrellas del reparto un gancho que atrae al público. No
defraudan y están todas a gran altura, especialmente Natalie
Portman en un papel de Ana Bolena lleno de pliegues
psicológicos y que se ve obligada a evolucionar con la historia;
su mirada pícara y expresiva, sus rápidos reflejos y
movimientos, marcan la vivacidad e inteligencia de su personaje,
con alguna escena genial como el momento en que su hermana está
dando a luz y ella haciéndose de rogar por el rey adúltero.
También Scarlett Johansson trasmite toda la dulzura y
sencillez de María, aunque ésta no le exige la misma variedad de
registros que a Portman; Eric Bana comienza de manera
átona y sin fuerza para cargarse de mayor dramatismo cuando los
remordimientos hacen mella y reflejan a quien se ha traicionado
a sí mismo y a todos. Especial mención merece también Kristin
Scott Thomas como madre de las Bolena, pues con unos pocos
gestos expresa toda la firmeza y determinación de un personaje
muy sólido.
Película de
recreación histórica, excelente en el retrato de personajes y su
interpretación, y también en el aspecto artístico. Quizá le
falte algo de calidez y sentimiento, y le sobre un poco de
academicismo y corrección. Gustará a los amantes del género, y a
los admiradores de estas jóvenes y talentosas actrices, que
pasan por hermanas que se abrazan y se pelean, que se pliegan y
rebelan ante las exigencias de una época, que sucumben ante
algunas pasiones desbocadas.
Calificación:
    
Imágenes de "Las hermanas Bolena" - Copyright © 2007 Universal Pictures
International, Columbia Pictures, BBC Films, Relativity Media, Ruby Films
y Scott Rudin Productions. Fotos por Alex Bailey. Distribuida en España por
Universal Pictures Internatioanl Spain. Todos los derechos
reservados.
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