CRÍTICA
por
José Arce
A sus recién cumplidas setenta primaveras, si algo ha
demostrado
Ridley Scott
es su soberana capacidad para manejarse con soltura en todo tipo
de géneros y producciones. Desde que debutara tras las cámaras
en 1977 con la maravillosa “Los duelistas”, ha paseado con éxito
por el terror ("Alien, el octavo pasajero",
1979), la ciencia ficción (“Blade runner”, 1982), el peplum
("Gladiator",
2000), el género histórico (“1492. La conquista del paraíso” en
1992, o "El reino de los cielos"
en 2005), el thriller (“La sombra del testigo” en 1987, o
“Black rain” en 1989), o el cine bélico ("Black Hawk derribado",
2001). Ahora regresa con el retrato de un capítulo bastante gris
de la historia de Estados Unidos.
“American gangster” se centra
en el nada típica historia real de Frank Lucas (Denzel
Washington), mano
derecha de uno de los señores de Harlem de finales de la década
de los 60 tras cuya muerte hereda su imperio de droga y poder.
Asciende rápido, aplicando la lógica empresarial: buena calidad,
precios bajos, eliminación de la competencia. No despierta
sospechas, hasta que el tozudo y honesto agente de policía
Richie Roberts (Russell Crowe)
comienza a desenredar la madeja que conduce hasta él. La verdad
es que cuando acaba la proyección, el espectador se queda con la
sensación de que ha visto ni más ni menos que lo que esperaba,
una gran película americana, firmada por un gran director, con
dos grandes actores en los papeles principales y una gran
presentación de los acontecimientos, personajes y situaciones.
No hay sitio para la decepción. Con el polémico telón de fondo
de la guerra de Vietnam, en plena crisis de una ciudadanía que
clamaba por el final del conflicto, Scott articula un sobrio
armazón visual perfectamente ambientado en el que, si bien todo
gira en torno al duelo a ambos lados de la Ley que mantienen
Lucas y Roberts, cada elemento está perfectamente dispuesto al
servicio de una narración vigorosa, potente, sólida y de
impecable aspecto formal.
Estamos ante una historia de
morales enfrentadas: la del policía honesto hasta el extremo —en
un momento en el que no era, ni mucho menos, lo habitual—, pero
que no consigue ser un buen padre ni marido; por otro lado, la
consabida doble ética del mafioso, defensor de una dudosa
convicción que le lleva al convencimiento de que hace bien su
trabajo y vela por lo suyos, sin detenerse a pensar en la muerte
que vende en cada pequeña bolsa de veneno. Además, agentes más
corruptos que aquellos a los que arrestan, y el fantasma
terrible de los soldados americanos que servían en Vietnam
mientras se enriquecían ayudando a los señores de la droga a
hacer llegar la heroína a los Estados Unidos, incluso, en los
féretros que transportaban a sus compañeros caídos en el campo
de batalla. Familia, falsos paraísos y sucios juegos de poder,
una visión nada romántica de los momentos postreros del
movimiento hippie y los primeros coletazos de la era
disco. Como siempre, el montaje y la edición, especialidades
de Scott, son herramientas que le sirven para llevarnos de un
lado a otro con pasmosa facilidad, alternando secuencias y
escenas con gélidos planos que retratan las consecuencias de la
actividad de cada participante de la trama. Es innegable que el
director disfruta con su trabajo, y orquesta la producción con
gran pasión e interés por lo que nos cuenta, en un labor más que
destacable.
En el apartado actoral,
Denzel Washington vuelve a hacer gala de su sorprendente
capacidad para realizar un trabajo fabuloso sin aparentar hacer
el más mínimo esfuerzo, componiendo un Frank Lucas elegante, sí,
pero sin glamour; encantador por momentos, también, pero
brutal y sistemático; hombre de familia y rodeado de los suyos,
por supuesto, pero abandonado y vacío en su interior. Crowe, que
últimamente no disfrutaba en exceso del favor de la taquilla,
consigue aquí una nueva oportunidad para demostrar su talento,
con un Richie Roberts sólido y sin fisuras en su interpretación,
inevitablemente simpático para la platea por su aspecto,
cercanía y honestidad. Alrededor de ambos, un cada vez más
resucitado Josh Brolin
como Trupo, personificación de la corrupción más brutal;
Chiwetel Ejiofor,
el hermano fiel pero progresivamente descarriado;
Lymari Nadal,
quizá el mayor arquetipo del reparto, preciosa modelo
encandilada por el poder del mafioso del que se enamora sin
pensar en las consecuencias. Además, Ted Levine,
Jon Polito,
Joe Morton,
Carla Gugino,
Cuba Gooding Jr.
o Armand Assante
—ciertamente sobreactuado— contribuyen a que nunca perdamos el
interés por esta historia terrible y magnética, que nos recuerda
que no todos los pilares sobre los que asientan las grandes
naciones están libres de pecado. De hecho, casi ninguno lo está.
Calificación:
    
Imágenes
de "American gangster" - Copyright © 2007
Universal Pictures, Imagine Entertainment, Relativity Media y Scott Free
Productions. Fotos por David Lee. Distribuida en España por Universal Pictures
International Spain. Todos los derechos
reservados.
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